Hay pocas cosas frente a las que uno debe ser intransigente en la vida; cada persona escoge, por ejemplo, el racismo, la violencia, los derechos y la vida de las personas; algunos otros muy distintos escogerán la fidelidad, la paz, la libertad, etc.
Uno no puede comprometerse a todo, por falta de espacio y tiempo, aunque sea el más millonario, ya que en algunos casos se puede caer en contradicciones severas, como comprometerse con la lucha contra el racismo y comprometerse con el fascismo al mismo tiempo. Estos compromisos y actitudes son lo que nos construye como una sociedad de valores, nos une, nos ata en el compromiso de su defensa, sin mirar al vecino.
Sin embargo, la intransigencia usada como bandera, como cobijo frente a todo, como salida de cada situación, se ha vuelto una moneda demasiado común en nuestra sociedad. Acentuada por pasiones políticas, la intransigencia en la sociedad boliviana nos ha llevado al ridículo…
Me explico en un ejemplo, me remonto a octubre de 2019 cuando una ola viral de redes sociales solicitaba el bloqueo total a cualquier masista, mensajes como “si eres masista, puedes borrarme de tus amigos” o “acabo de hacer una buena limpieza de mis contactos y he sacado a todos los masistas” eran distribuidos de forma masiva en todas las redes sociales. Una actitud explicada en la rabia por el intento de Evo Morales de volver a postular pese a la negativa de un referéndum del soberano, lo que concluyó en su renuncia y huida en 2019.
Ese mismo bloqueo “mental” y la victoria de 2019 contra Morales, impidió por completo ver la victoria de Luis Arce el 2020, ya que en sus contactos no existía nadie que apoye eso. Es como ponerse una venda y luego preguntarse porque no ves nada. Ya que una parte importante de la democracia es poder ponerse de acuerdo con el vecino, con el prójimo o incluso con el contrario. La misma ceguera que les impedirá ver quiénes y cuantos son los que pueden votar por Andrónico o Eva.
Pero la intransigencia se ha vuelto una bandera, el escudo de la lucha por venir. Cuando los diputados de Creemos, CC y el MAS evista se opusieron a todo tratamiento de ley, nos dieron una buena muestra de lo que viene. Como los candidatos de la “unidad” contra el MAS que mostraron que la grieta es profunda y aún peor, que la intransigencia es el único encuentro posible.
Según las encuestas, en la Asamblea Legislativa habrá un voto bastante fragmentado; posiciones muy dispersas y diversas van a encontrarse y tendrán que convivir unos con otros en esos pasillos y oficinas, sin darse cuenta cuanto ambos necesitan el uno del otro, por aquella ceguera de la intransigencia.
La única opción que viene por delante es el diálogo y el encuentro; por eso los bolivianos no necesitamos un economista, un tecnócrata, sino a alguien que sea capaz de encontrar puntos de acuerdo, lugar de encuentro y diálogo, que nos permita a todos los bolivianos y bolivianas deshacernos de la intransigencia nacional.
Juan Pablo Muñoz Arce es comunicador y fotógrafo desde hace 25 años.

















































































