Corría junio de 1994 y en Cuba se vivía el llamado “periodo especial” cuando, junto a 5.000 isleños ávidos de cultura y por conocer más de la música y la poesía del cantautor español Joaquín Sabina, acudí al emblemático teatro Karl Marx para decirle: hola. Sabina había llegado a La Habana de la mano del trovador Pablo Milanés a través de la Fundación que llevaba su nombre para ofrecer un memorable concierto en momentos en que la Revolución Cubana atravesaba por duros momentos. Treinta y uno años después, el pasado 18 de abril estuve en la “ciudad de la furia” con la finalidad de decirle: adiós al juglar de Úbeda en el marco de su gira de despedida al que denominó Hola y Adiós.
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Con Hola y Adiós, Sabina cierra un círculo que abarca medio siglo desde sus primeras apariciones públicas, cuando hacía la calle en el metro londinense, durante su autoexilio en las postrimerías del franquismo. Un incierto punto de partida para alguien que, tras cabalgar a lomos de los vertiginosos años ochenta con un bello lirismo urbano que excedía el ámbito de la canción de autor, traspasó durante los años noventa la frontera de profeta en su tierra para entrar definitivamente en el nuevo milenio bajo la categoría de mito internacional: desde el Río Bravo hasta la Patagonia, precedido por una leyenda disoluta y un sólido e impresionante torrente de canciones indelebles alojadas en una discografía totémica que, que, como ya viene sucediendo, se seguirá estudiando en los libros de la Historia del acervo popular.
Maestro del cuento cantado, incorregible vividor, roquero de corazón, cantautor de guardia, Sabina finalizó su gira Hola y Adiós en Buenos Aires, tras ofrecer diez conciertos en el Movistar Arena, en la que reunió alrededor de 150.000 personas en total, con todas las entradas agotadas desde el pasado 24 de marzo. Cada noche, el público coreó sus canciones con entusiasmo, convirtiendo cada cita en un homenaje a una relación artística y personal que se ha forjado durante casi cuatro décadas. La última presentación en suelo americano Sabina volvió a expresar su amor a la capital argentina: “Buenos Aires me abrió las puertas de América”, “Ustedes son el público más maravillo”, frase que no pudo terminar porque un nudo en la garganta se lo impidió.
La noche de Viernes de Pascua, durante las dos horas que duró el concierto, Sabina ofreció una playlist de grandes éxitos que el público no dejó de corear cantando temas icónicos como “Lágrimas de mármol”, “Lo niego todo”, “Mentiras piadosas”, “Calle Melancolía”, “19 días y 500 noches”, “Donde habita el olvido», “Peces de ciudad”, “Una canción para la Magdalena”, “Por el bulevar de los sueños rotos” (dedicado especialmente para su gran amiga Chavela Vargas), “Y sin embargo”, “Noches de boda”, “Y nos dieron las diez”, “Contigo”, “Con la frente marchita”, “Princesa”, entre otros, acompañado magistralmente por su banda conformada por músicos de primer nivel (tal es el caso de su corista Mara Barros).
Tras esta memorable gira, Sabina quiso decirnos que “ya no habrá más periplos interminables por recintos multitudinarios”, aunque el cantautor de 76 años se guarda en la manga el as de reaparecer a placer, sea porque las musas le susurren poemas o canciones que merezcan la pena de compartir, o porque le piquen las ganas de subirse a cualquier escenario para darse, darnos, un homenaje.
Decir Hola y Adiós al poeta del bombín que es sinónimo de golfería dandi y pícara caballerosidad; de una icónica silueta perfilada con humo de cigarrillo y whisky sin soda fue gratificante, pero los sabineros de cepa sabemos que jamás dejará de escribir las historias y canciones que siempre le rondarán la mente, porque el oficio del poeta no se jubila, tampoco el del creador nocturno.
Qué lejos estamos en Bolivia de poder disfrutar de esta clase de eventos musicales. Lamentablemente, las autoridades nacionales y privadas carecen de tino cultural y nos ofrecen espectáculos solo con la finalidad de lucrar, poniendo en escena a artistas que en vez de fomentar el espectro cultural lo degradan con géneros musicales actuales.
(*) Alfredo Jiménez Pereyra es periodista y analista internacional
















































































