807 días que el Concejo no fiscaliza. Así lo afirmó la concejala Yelka Maric en una entrevista el pasado 23 de enero y es evidente. El órgano legislativo municipal, a la fecha, ha guardado un silencio bastante parecido a una complicidad pactada; si bien las apariciones mediáticas, pronunciamientos y videos en redes sociales abundaron durante los últimos años, las acciones concretas y sobre todo los resultados no se materializaron.
11 son los concejales que tienen la atribución de fiscalizar, legislar y deliberar. Es verdad, durante la presente gestión se aprobaron 85 leyes municipales autonómicas y 305 ordenanzas municipales y seguramente innumerables instrumentos de fiscalización. Sin embargo, es difícil afirmar que alguno de estos solucionó total o parcialmente alguno de los problemas públicos que atingen a la ciudad y, peor aún, puedo decir con total seguridad, que ninguno de ellos pone freno a la desastrosa gestión encabezada por Iván Arias. Si bien hoy el alcalde cuenta con procesos, condena social y cambios forzados en su gabinete, es el resultado de su propio accionar; las consecuencias de su improvisación, donde los concejales no tienen un rol protagónico o mérito alguno.
Consulte: Locura palaciega
1.380 días pasaron desde su posesión, durante ese tiempo aconteció el biocidio en el Bioparque Vesty Pakos con más de 50 decesos, el hurto de 93 barriles de cemento asfáltico de EMAVIAS, la construcción y denuncia de 17 edificios por parte de Las Loritas vinculados a una estafa colectiva con más de 140 afectados, la tragedia de Bajo Llojeta que costó la vida de una niña y muchas familias hoy sin vivienda y, recientemente, el incremento de la tarifa de transporte público abusivo y discrecional. Estos son solo algunos de los sucesos lamentables que azotaron a la ciudad en materia no solo de acción sino también omisión. Hacerse al loco, también está catalogado como delito en la gestión pública.
29 millones de bolivianos es el presupuesto anual con el que cuenta el órgano legislativo, un monto excesivo si analizamos los beneficios reales que este órgano ofrece a la ciudad.
2.125.444,29 bolivianos fueron los que dispuso la alcaldía para emplazar un letrero gigante al estilo Hollywood en Cotahuma, proyecto que fue publicado por primera vez para su licitación en abril de 2024.
11 meses trascurrieron de dicha convocatoria, hoy, concluido el trabajo y hasta ch’allado por el alcalde, los concejales emiten diferentes manifiestos tardíos, pretendiendo vender un discurso al mero estilo de la vieja política de que se está trabajando en beneficio de la población; sin embargo, el derroche está hecho y el mensaje que transmite ese monumento a la inoperancia es claro: tenemos un alcalde sesgado de poder y un concejo que no pretende hacer nada al respecto. El silencio también es una forma de complicidad y la omisión es la forma más sutil y descarada de dar la espalda a la población.
(*) Rodrigo Mamani es arquitecto municipalista













































































