Si algo hay que reconocer de las redes sociales hoy en día, es que no nos dejan aburrirnos. Siempre hay algo que nos saca una sonrisa, una palmada en la frente o algo que vale la pena compartir. Pero el momento en que en las mismas se habla de cuestionarlas, vale la pena levantar la ceja y escuchar atentamente.
Durante la última semana, los candidatos al balotaje volvieron a hacer noticia justamente por su relación con las redes sociales. Por un lado, Juan Pablo Velasco, candidato a vicepresidente por Alianza Libre, tuvo que ocultar su cuenta de X (Twitter), debido a que las verificadoras Bolivia Verifica y Chequea Bolivia se hicieron eco de unos Tweets con contenido racista que el acompañante de Tuto había publicado entre 2010 y 2012.
Revise también: De Esta Boca es Mía a Jimmy Kimmel
Por el otro lado, Rodrigo Paz, candidato del PDC, tuvo una entrevista en Red Uno, en la cual dejó entrever su intención de fiscalizar el contenido de las redes sociales, que llamó la atención a más de uno, particularmente cuando utilizó la frase (dirigiéndose hacia los conductores de televisión), “ustedes son más controlables”.
Pero como dice Jack el Destripador, vayamos por partes.
Primera parte: el Internet no olvida. Hasta cierto punto, esto me parece injusto. Los nacidos entre 1965 y 1985, mejor conocidos como generación X (¡sorpresa! no somos boomers), hicimos muchas macanas en nuestra juventud, y ninguna de ellas está en internet. No existe registro de las tonterías que hicimos, porque no las publicábamos: no había dónde. Lastimosamente, no es el caso para los famosos milennials y para otros nativos digitales. Las redes sociales tuvieron su boom en la segunda parte de la década de los 2000, y desde entonces, hemos posteado memes, saludos de cumpleaños, fotos en farras, recuerdos de nuestras vacaciones y videos de aquel concierto inolvidable, que se han quedado justo como eso: inolvidables. Si no es el Facebook que desentierra nuestros recuerdos, por si queremos verlos, una búsqueda concienzuda revela lo que dijimos hace 15 años. Y ahí estaba JP, publicando tuits contra los collas, por lo que veo más en un entorno de rivalidad deportiva que de agitación política. El tema es que las publicaciones quedaron ahí y alguien las encontró. No, no fueron fraguadas con ninguna app: el hecho de que el responsable de la cuenta la haya ocultado dice mucho, o lo dice todo. ¿Por qué no se animó a poner el pecho a las balas? Hubiera sido una actitud más honesta y se hubiera podido comenzar a construir a partir del error. Somos humanos y todos hemos sido jóvenes en algún momento, y de sangre más caliente cuando se trata de nuestros colores en la cancha. ¿Por qué su equipo de campaña decidió inventar esa historia del “tamper monkey”? Parece que la guerra sucia ejecutada contra Samuel en primera vuelta no está resultando tan efectiva en esta segunda (Páguenle mejor a Durán Barba, ¿no?).
Segunda parte: Rodrigo Paz asistió a una entrevista en la cual se le “chispoteó” (una más y van…) que tiene la intención de ejercer mecanismos de control de las redes sociales si es que resulta elegido, lo cual no suena ni muy demócrata ni muy cristiano. Habría que recordarle al ganador de la primera vuelta que Evo Morales, en su momento de poder casi absoluto, no pudo ejecutar una política de control de las redes, primero por la imposibilidad logística que esto conlleva, y segundo, por la naturaleza misma de estos espacios, los cuales tienen mecanismos de control y de regulación muy distintos a los que nuestro formalismo nos permite ver. Tal es así que muchas veces, el famoso algoritmo es al único al que podemos reclamar por la visibilidad o por la penalización súbita de ciertos contenidos.
Si queremos hablar de control o de carencia de este, tomemos el penoso ejemplo de “X”. Cuando Elon Musk adquirió la plataforma, se dedicó a cortar los controles, tanto los automatizados como los humanos, supuestamente priorizando así una “libertad sin límites”. De repente, se podía publicar películas enteras en un tuit, material para adultos sin ningún control, mensajes de odio sin fiscalización alguna. Lo que logró es que Twitter pierda popularidad, llegada y poder comercial, siendo la única red entre las más grandes que cayó en popularidad, de ser la segunda a la catorceava a nivel mundial, mientras su retorno anual cae en picada desde 2021. 44 mil millones de dólares botados para transformar una red que era sinónimo de inmediatez, tendencias e intercambio de criterios y memes, en un entorno tóxico y sin control alguno donde el anonimato saca lo peor de quienes publican. Los viejos usuarios de esa red recordamos con nostalgia que le llegó a hacerle competencia a Facebook, una plataforma que cada día tiene menos usuarios nuevos, frente al fulgor de TikTok.
Pero en fin: en una acera, alguien cometió un error hace 15 años y el internet no lo olvidó. La política tiene como parte de su accionar oscuro el de rebuscar en el pasado de los candidatos para sacar todo lo criticable que pueda restarle votos y esta no fue la excepción. El candidato decidió enterrar un error con otro y prefirió inventar una de piratas para salir del paso; veremos si las encuestas (o las urnas) se lo cobran.
En la otra acera, alguien parece querer aplicar criterios del siglo antepasado a fenómenos de este siglo, y esas mismas redes que impulsaron su popularidad le pueden terminar diciendo “no mi cielo, a mí no me vas a controlar”.
De boca para afuera, nos gusta aceptar que las redes sociales son la comunicación de hoy en día. Sin embargo, quienes aspiran al poder parece que siguen viéndolas con los ojos de ayer.
(*) Martin Diaz Meave es publicista y comunicador estratégico














































































