Desde octubre de 2023 en Gaza, 243 periodistas fueron asesinados por el ejército israelí. Estos crímenes son un intento de ocultar el exterminio del pueblo palestino que Israel está llevando a cabo. Matar periodistas en Gaza no es casual cuando se quiere ocultar al mundo los miles de seres humanos que están muriendo de hambre en una acción deliberada por hacerlos desaparecer de la faz de la tierra. Ya probaron de todo, primero les dispararon —lo siguen haciendo— atacaron hospitales, escuelas, refugios atestados de civiles, luego les negaron toda ayuda humanitaria —lo siguen haciendo— y pretenden quedar impunes. Después de un ataque con muertes de inocentes, sólo dicen que investigarán el hecho. Si no habría periodistas que arriesgan sus vidas todos los días, que terminan ofrendándola, la locura de estas masacres, la perversidad de una hambruna provocada por psicópatas, estos hechos podrían quedar ocultos o al menos minimizados por la infamia de los perpetradores.
Cuando los periodistas profesionales, éticos, consecuentes con su apego al bien común denuncian estos actos de barbarie al menos consiguen que crezca la condena social, el repudio al juego macabro con el que los poderosos mueven países, personas e instituciones, de acuerdo a sus intereses. Los periodistas son una piedra en el zapato para Israel porque exponen su brutalidad. Son muchos los ejemplos de hechos aberrantes que hubieran quedado ocultos si al menos un periodista no los hubiera presenciado y decidido sacar a luz.
El exterminio de al menos 25.000 personas en Canudos, nordeste del Brasil (1897), hubiera quedado sepultado junto a sus habitantes de no ser por el periodista Euclides da Cunha. De la misma manera no se tendrían tantos detalles, incluso fotografías del campo de exterminio nazi si el periodista turco Nerin E. Gun no hubiera decidido publicar sus memorias, aún a costa de perder su corresponsalía permanente en París, además de negarle la prórroga de su pasaporte por orden del gobierno turco. Tampoco se hubiera conocido la masacre de El Alto en 2003 en el gobierno de Gonzalo Sanchez de Lozada, si los periodistas de radio Pachamama no hubieran decidido salir a la calle y relatar cómo el ejército disparaba terminando con la vida de 67 personas.
Los periodistas son incómodos cuando el poder quiere ocultar la verdad. El gobierno de Israel está decidido a exterminar con Palestina y los palestinos, es lo que conviene a sus intereses expansionistas. El mundo observa. Los periodistas son asesinados para que no cuenten, para que el genocidio sea en silencio, pero es un silencio demasiado ruidoso. Los periodistas hicieron estruendo con sus muertes y seguirán los que aún están vivos reportando desde Gaza, aunque como denuncia Reporteros sin Fronteras: “Si el ejército israelí sigue asesinando periodistas a este ritmo, pronto no quedará ninguno en Gaza para informarte”.
(*) Lucía Sauma es periodista















































































