Mandato de las urnas 2025. En materia de representación política, los resultados de las elecciones nos llevan de regreso no tanto al escenario de 2002 previo a los gobiernos monocolor del MAS-IPSP, sino más atrás: al período de 1985 y su estreno de la democracia pactada. Así, lo que fueron casi dos décadas de partido predominante, con mayoría especial, hoy es nuevamente sistema de pluralismo limitado/moderado, con minorías relativas. Es el retorno a la necesidad de pactos.
El juego es simple. Cuando el partido de gobierno no logra mayoría propia de representantes, tiene dos caminos. El primero es el difícil gobierno dividido: enfrentar una oposición mayoritaria en la Asamblea con riesgo de bloqueo institucional y parálisis decisoria (UDP entre 1982-1985, Mesa entre 2003-2005, régimen de Áñez entre 2019-2020, Arce de 2023 al presente). Para intentar gobernabilidad, se buscan atajos: decretazos, cooptación, consorcio con autoprorrogados.
El otro camino es el acuerdo: dos o más partidos forman mayoría parlamentaria oficialista (cinco coaliciones multipartidarias entre 1985-2003). La legitimidad, la estabilidad política y la eficacia decisoria se asientan en una mayoría aritmética en ambas cámaras. Es una condición de gobernabilidad: necesaria, pero no suficiente. Sin acuerdos con actores sociales, sin calle, puedes tener dos tercios en el Congreso y caerte para fugar en helicóptero, como Goni en 2003.
¿Estamos ante un nuevo ciclo de la democracia pactada? Es probable, en otras condiciones. El ejercicio de coaliciones políticas presupone la existencia de partidos. Hoy tenemos siglas residuales y alianzas precarias. En los 90 del siglo pasado, el pacto tenía buena fama. Desde 2005 es mala palabra, sinónimo de traición o prebenda. Además, el modelo naufragó por sobredosis de cuoteo y alianzas promiscuas y contra natura. Se convirtió en “partidocracia”. Se requiere mutación.
En el actual escenario, la fuerza política de gobierno (sea el PDC, sea Libre) tendrá que formar mayoría, quizás con Unidad. Caben tres opciones con diferente naturaleza: acuerdo, coalición o alianza. Acuerdos puntuales para la toma de decisiones, como aprobar una ley. Coalición a plazo fijo en el ámbito legislativo. Alianza de gobierno, con presencia en el Ejecutivo. ¿Qué será más viable? ¿Arreglos transitorios, compromiso con programa compartido, unión con proyecto común?
Nos toca vivir tempos interesantes. No es maldición, sino evidencia. Tiempos de transición confusa, sazonada con guerra sucia. Ojalá pasemos de las migajas/machete al tiempo de las cosas necesarias. Y que la segunda vuelta, como aconseja Sabina, nos pille… bailando.
FadoCracia vejete
- El joven capiLara le dijo viejo al opinador Valverde. Podía haberle dicho viejarrón. O viejo de mierda. El solo hecho de calificarlo con arreglo a su edad es discriminatorio. 2. Valverde se sintió agraviado. “Eso es delito de edadismo”, respondió con incontinencia atacando a Lara: resentido, ignorante, corrupto, facho, odiador, extorsionador, golpista. Viejo rencoroso mata joven deslenguado. 3. En su entrañable De senectute, el octogenario Bobbio lamenta que donde antes había “ancianos venerables”, los que enseñan, hoy son “esos vejestorios”, los que no saben. La marginación de los viejos es un hecho. 4. ¿Qué tiene de malo ser viejo? Nada, más allá del envejecimiento biológico. “El mundo de los viejos es el mundo de la memoria”. 5. El problema no es tanto llegar a la cuarta edad, sino cosas peores. La vejez prematura, por ejemplo: viejos coléricos en cuerpos adultos. 6. Son penosos y despreciables también los viejos arrepentidos de José Emilio: “ya somos todo aquello / contra lo que luchamos / a los veinte años”. 7. Valverde fue joven, Lara será viejo. Perdónalos, TikTok, porque saben lo que hacen. Y a otra cosa.

















































































