Todavía evaluando los resultados de las elecciones y conociendo a los dos más votados que irán al balotaje es hora de felicitarlos por el esfuerzo, que fue más mediático que específico en el tema de propuestas para salir del embrollo que vivimos. Hemos soportado meses de propaganda y promesas que se centraron en promocionar el ego del candidato y en algunos casos en ataques poco convencionales al adversario. Todo se resumió a promesas de administrar mejor la pobreza del país con mayor endeudamiento y/o con medidas paliativas como son los bonos, subsidios y la regularización de ciertas actividades informales como son los autos chutos o el contrabando. No hubo posiciones claras para saber cómo se aumentará el nivel de la producción y la generación de riqueza en los sectores extractivos y no tradicionales. En el caso de la minería, que es hoy la principal fuente de ingresos de divisas, la ausencia de propuestas fue alarmante pese a que el país ha sido bendecido con la mayor acumulación geoquímica de plata del planeta, la mayor de sales de litio y potasio; con uno de los cinco mayores depósitos de estaño y uno de los cinco mayores de hierro a nivel global y con la mayor acumulación de oro aluvial del subcontinente. El desarrollo de la industria actualmente lo sitúa en la periferia de los negocios mineros globales ¿Por qué?
Pese a que en los primeros años de la República Bolivia había logrado notoriedad internacional al ser el segundo productor de estaño, primero de bismuto, segundo de antimonio y en la colonia y en los albores de la república el primer productor de plata a nivel global; nunca pudimos establecer una política de desarrollo de la industria con miras al mediano y el largo plazo. La coyuntura y el apetito voraz por acceder a la renta minera ha sido el pecado original para tan bajo desempeño. “Rentismo a ultranza” como anota el autor en uno de sus escritos, apropiación de la renta unas veces por el Estado, otras por la empresa privada y/o las corporaciones sindicales y de trabajadores; el eterno vaivén de posiciones liberales y nacionalistas; la coyuntura como fin y propósito. Nunca definimos que clase de minería es la más conveniente para el país, aún hoy seguimos con la letanía de discursos que prometen el paraíso en una realidad que se parece cada vez más al inframundo, donde la informalidad campea y la ilegalidad cada vez más ocupa los espacios que la iniciativa empresarial debería dominar. La muletilla del “extractivismo” se maneja para prometer su reemplazo por actividades como el turismo, la tecnología o la energía verde en un país donde la educación de los sectores laborales y la asimilación tecnológica está en pañales. En un tiempo donde los países más industrializados como Estados Unidos, Japón o China han entrado en competencia para dominar la explotación y beneficio de metales críticos como los platinoides, tierras raras, actínidos y lantánidos, sin los cuales la transición energética tan prometida por los ambientalistas no sería posible. Cabe pedir a los finalistas del balotaje pasar, por favor, del qué hacer al cómo hacerlo; de la coyuntura al futuro donde nuestros descendientes pagarán las deudas y juzgarán el accionar de nuestra generación.
(*) Dionisio J. Garzón es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia














































































