Existe una serie de pre-comprensiones, por ejemplo, cuando era niño sabía, porque así me lo contaron, que uno de los episodios más importantes de la Ilíada de Homero era el caballo de Troya, un ardid mediante el cual los griegos ocultos en un enorme caballo de madera lograron penetrar la ciudad amurallada de Troya e incendiarla. La primera vez que tuve en mis manos un ejemplar de la Ilíada me pasé unos buenos minutos buscando el famoso episodio, sin embargo, el relato comienza con la guerra en curso y termina con los funerales de Héctor, domador de caballos. Ni mención al caballo de Troya.
Otra pre-comprensión que tenía de los poemas de Homero, esta vez de la Odisea, se encontraba en la ruta que debe atravesar el gran Ulises entre las regiones de Troya y Feacia, donde se encuentra la isla de las sirenas, de niño pensaba que las sirenas eran mitad mujeres y mitad peces, sin embargo, para la mitología griega eran mitad mujeres y mitad pájaros, una vasija ática del 490 a.C. las dibuja como grandes aves con cabeza de mujeres, así cobra sentido la idea del canto de las sirenas.
Las pre-comprensiones son parte de lo que llamamos sentido común, es decir, nuestra capacidad de juzgar y actuar en base a un conocimiento general sin necesidad de un conocimiento profundo o especializado. Así, si a un niño le piden que dibuje una sirena es muy difícil que retrate un pájaro con cara de mujer. Así, para elegir un buen gobernante pensamos que lo elegimos porque éste protegerá aquello que consideramos como sociedad valioso y fundamental, como la dignidad humana. El sentido común es, en realidad, el universo simbólico que habitamos y el cual hace posible que nos entendamos, pues no precisamos que a cada momento tengamos que explicar los alcances de lo que decimos. Es como mirar el cielo, el mismo que es común a todos. Sin embargo ¿qué podría suceder si el cielo que vemos todos los días, de un momento a otro, no es cielo ni es azul?
La novela clásica de Christa Wolf titulada “El cielo partido”, narra la historia de Manfred y Rita, ambos separados por la división de la Alemania de postguerra. Rita se queda en la Alemania oriental y Manfred en la Alemania occidental, pero ante la separación, Manfred le dice a Rita “Aunque nuestra tierra esté dividida, seguimos compartiendo el mismo cielo”, a lo que Rita le responde en un tono triste “No, ellos primero partieron el cielo”, y la separación de las dos Alemanias corroboran que también partieron el suelo.
Comprobar que la Ilíada no retrata el caballo de Troya o que las sirenas no son mitad mujer y mitad pez, no es tan complicado como pensar que el cielo que compartimos no es el mismo, es decir, que lo que consideramos precioso y fundamental como sociedad se va desvaneciendo.
(*) Farit Rojas es docente investigador de la UMSA














































































