Faltan 28 días para las próximas elecciones generales, las que —como todo augura— conllevará varios cambios de ciclo (finales) y no sólo será una más del proceso que comenzó en 1982 y que, como en mi anterior columna afirmé, al menos nos tiene en campaña desde 2001. Pero sobre los ciclos que acaban volveré después.
Primero que todo, veamos los resultados ponderados de las últimas encuestas autorizadas difundidas. (Se descarta NGP tras la inhabilitación de Jaime Dunn)
Si nos abocamos exclusivamente a las encuestas del mes de Julio y nos damos la licencia de promediar las últimas de UNITEL y El Deber, encontramos dos empates técnicos, considerando que ambas encuestas (CIES Mori para UNITEL y SPIE Consulting para El Deber) tienen similar margen de error del ± 2,2 %: Doria Medina (26,5 %) y Quiroga (25,4 %) quedan empatados en un primer percentil y Rodríguez (13,1 %) y Reyes Villa (11,9 %) en un segundo.
Sólo a modo de que quede anotado, mencionaré quienes lideran intenciones según los departamentos: De los cuatro mejor posicionados, Doria Medina lidera en La Paz, Tarija, Beni y Pando; Quiroga en Santa Cruz, Chuquisaca, Oruro y Potosí, y Reyes Villa en Cochabamba; Rodríguez en ninguno.
Una pregunta constante tras las últimas encuestas —sobre todo para Doria Medina y Quiroga— es ¿por qué no crecen más? Para mi percepción (y aunque pueda parecer paradójico) inciden que ambos son muy conocidos: han gobernado o participado en gobiernos de la democracia desde 1989 (lo que también, en diferente medida, le incumbe al resto: Rodríguez, Reyes Villa, Paz, Fernández, Del Castillo y Copa); ambos han sido opositores reconocidos cuando no han estado en gobiernos y, en resumen, sus programas, con matices de tendencia, tienen muchas afinidades —quizás el perfil negociador empresarial de Doria Medina y el más fuerte de Quiroga tengan un doble efecto de atraer y repeler indecisiones. Los candidatos del arco de “izquierda” (Rodríguez, Del Castillo y Copa) cargan el descrédito de los graves problemas y desaciertos del dicenio Morales + Arce y, en consecuencia, de su falta de credibilidad, además de que por su angurria de poder perdido, Morales no le traslada a alguno sus adhesiones (las que no podemos cuantificar hoy); súmele que la inopia de liderazgo de Rodríguez lo hace descender de propios y rehuir de indecisos.
Hay varios factores que, al margen de lo anterior, influyen en esos últimos datos: sin confirmarse habilitación ni hacer aún verdadera campaña, NGP alcanzó en las dos últimas mediciones el promedio ponderado en crecimiento del 6,2 % (causante de prostatitis para algunos), lo que convierte a Jaime Dunn en el outsider exitoso y disruptivo —factores que pedían las primeras encuestas, sobre todo de PANTERRA— para estos comicios con su propuesta liberal muy definida y diferenciadora; que las campañas en medios abiertos aún no han iniciado… oficialmente, y que los apoyos extracampaña, como el de Claure, recién funcionarán.
Queda muchísimo camino para tan poco tiempo. A hoy, las opciones de segunda vuelta se quedan para Doria Medina y Quiroga porque no es posibilidad para Rodríguez ni con el supuesto voto duro evista (el gran cucu que ha permeado la política este último quinquenio y que cada vez parece más el lobo que viene de Esopo porque, en fin de cuentas, Rodríguez y los androniquistas eran parte de ese voto duro evista y ya no son) ni con el voto joven —que Dunn estaba ganando).
Si superamos los comicios con éxito y sin violencia será porque aprendimos, mínimamente incluso, a entendernos y porque quien (mejor: quienes) gobierne (gobiernen) desde noviembre próximo aprendió (aprendieron) que las recetas gastadas en anteriores ensayos no funcionan, que el endogenismo es cuento chino, que el Estado mayúsculo es una hipertrofia metastásica y que se gobierna con todos porque es la única forma de gobernar para todos.
Qué ganen los mejores. Para que gane Bolivia.

(*) José Rafael Vilar es analista político, académico y escritor















































































