Cada vez son más las mujeres jóvenes que pasan los 40 años sin tener hijos, eso pasa en todo el mundo para rezago de quienes ansiaban ser abuelos o desventura de pueblos donde las escuelas se cierran por falta del cupo mínimo de alumnos para abrir los cursos de primaria. Muchos expertos dicen que éste es un indicador de que las mujeres están cumpliendo con sus derechos reproductivos. Cuando escuché esa explicación, me quedé con el recelo de que ésa puede ser una razón muy de salón; con cierta desazón decidí indagar en los ámbitos que mejor responden a estas cotidianidades, es decir la calle, las reuniones informales donde la gente abre su corazón sin que medie el desabrido texto de data show, con conversaciones cara a cara sin el lenguaje digitalizado que suele confundir de emoticón y en lugar de sorpresa expresa terror.
“¿No ves cómo está el mundo? No podemos ser tan inconscientes”, dijo casi a coro una pareja en un café de Sopocachi en La Paz, a la que con cierta ingenuidad le pregunté si pensaban tener hijos. Me hablaron de los niños en Gaza, impactados por las imágenes de chiquitos aplastados contra las vallas, con ollas vacías, intentando que les llegue un cucharon o dos de la comida que no alcanza, que los deja llorando para terminar muriendo de hambre. “¿Qué mundo es éste?”, volvieron a cuestionarme.
Una cochabambina de casi 30 años me miró con los ojos bien abiertos y sorprendida por mi pregunta; como si no concibiese que alguien no entienda, me preguntó si sabía de la chica de 15 años que apuñaló a otra de 13 en Warnes. Le dije que sí. —“¿Sabes que no es el único caso no? ¿Cuántos niños han muerto a manos de sus padres este año? ¿Eso no te basta para ver que algo anda muy mal? Por eso no puedo pensar en traer hijos a este mundo”.
Verdad que algo anda muy mal cuando ves a madres palestinas acariciar cadáveres. Cuando a vista de todo el mundo se está cometiendo un genocidio y no hay poder o voluntad suficiente para pararlo. Seguro que no estamos haciendo bien la tarea cuando unos botan demasiada comida a la basura para que cientos la saquen de los mismos basureros y se la lleven para comer.
Detrás de estas respuestas hay demasiado desaliento y eso tampoco está bien. ¿Los jóvenes no tienen fuerza para cambiar las cosas que están mal? ¿Dónde está su ímpetu? Ustedes, chicas y chicos, tienen la energía y el tiempo para hacerlo, no escabullan la responsabilidad, no le den la espalda a la alegría; está en sus manos construir un mundo mejor para que lo gocen ustedes y sus hijos. ¡Háganlo!

















































































