A río revuelto, ganancia de pescadores. A ganancia de pescadores, falta de certezas colectivas. Existe una amplia discusión respecto a los resultados que pueden emerger del vendaval de datos y supuestos que las encuestas más recientes, que sólo suman y siguen, han aportado al escenario electoral.
Gran parte de las lecturas y análisis apuestan por señalar que no existe ni una real ni una directa influencia de estos datos en las decisiones que toman las personas. En nuestro caso concreto, se estaría diciendo que las encuestas están compuestas por inocuos datos que se limitan a fotografiar un momento que la gente sólo se detiene a contemplar, mas no toma su decisión basada en él.
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Por otro lado, también es usual señalar que los estudios de opinión sirven para cualificar el conocimiento sobre un fenómeno. Esto es: nuevamente estamos hablando de inofensivas herramientas que se utilizan para entender de mejor manera lo que se mide. Es decir, hacerle un buen Zoom a la fotografía.
También se dice de ellas que se constituyen en un ejercicio no sólo naturalizado sino adecuadamente institucionalizado dentro de los procesos electorales. Flanqueado, además, por los principios de Derecho a la Información y Libertad de Expresión, un festín democrático.
Finalmente, se puede aseverar que una buena parte de la población ha aprendido, normativa y acumulación de experiencia mediante, a mirarlas ir y venir a través de nuestras pantallas y señalar convencida que éstas responden a estrategias e intereses de tipo electoral y que hay que tomarlas como datos, y nada más que eso.
Todo lo anterior, tiene una buena dosis de verdad. Pero leer lo que ha ocurrido en el campo político pre-electoral los últimos meses, solamente desde esa óptica implicaría no voltear a ver hacia los efectos colaterales que de su caótica y desmedida difusión emergen. Y pasar la página de este tiempo sin cuestionar los hechos que nos han traído a este escenario excepcional y prematuramente revuelto (falta de Primarias, entre ellos), sería perder la oportunidad de mejorar nuestro pequeño caos electoral en procesos futuros.
Bien sabemos que las dinámicas y tiempos de la comunicación política han cambiado mucho en las últimas décadas. Hipertecnologización de por medio, las dinámicas comunicacionales hoy hacen que todo hecho de opinión pública (como vienen a ser las encuestas) tienda a: posicionarse fugazmente, viralizarse rápidamente, entenderse superficialmente, emplearse utilitariamente y ser reemplazado prematuramente. Así las cosas, existen más condiciones para que todos los datos que se han puesto sobre el tablero pre-electoral, hayan sido parte más de un proceso de saturación de ruido que de uno de influencia real en el electorado.
Saturación de ruido, que sumará en la acumulación de: percepciones negativas sobre actores que intervienen deliberadamente en la (de)formación de opinión pública (incluidos debutantes millonarios), representaciones sociales no favorables sobre la política y hastío hacia pre candidatos.
Y como no sentirlo así cuando el verdadero resultado de este exceso de operaciones políticas termina solamente configurando las decisiones de una decena de señores con aspiraciones electorales que, con ellas, esclarecerán candidaturas, (in)definirán bloques y dejarán bien garabateada la cancha electoral, incluso antes de que se emita la señal de inicio del juego. No es poco para quiénes desde los intereses, nos ponen en juego, opinión pública mediante.
Ojalá ocurriera que, al usarlas en nuestro nombre, se lo hiciera con mayor transparencia, se las difundiera de manera completa, se reservaran para sí las narrativas con las que nos las entregan y se las usara para entender realmente cómo se construyen los imaginarios-país (sobre todo los opuestos). Y, más importante aún, ojalá fueran realmente útiles para abonar el camino hacia la votación, en vez de garabatearlo y revolverlo.
(*) Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Red social X: @verokamchatka















































































