El 21 de abril de 2022, el sacerdote René Leigue Cesari fue nombrado Arzobispo metropolitano de la Arquidiócesis de Santa Cruz de la Sierra, en sustitución de Sergio Gualberti Calandrina que había llegado al límite de la edad para seguir en el cargo. De 76 años, Gualberti dijo en una conferencia de prensa que el Papa Francisco había aceptado su renuncia y su decisión de ser sustituido por Leigue, de quien dijo ser amigo y hermano. “Sabemos de tus capacidades humanas, espirituales y de tu carácter sencillo y humilde”, le dijo al pasarle la estafeta. Pero Leigue no fue ni sencillo ni humilde, al contrario, desde que asumió se convirtió en un crítico táctico del gobierno y en un militante activo antimasista. Usa su cargo para hacer proselitismo político en favor del denominado bloque opositor.
En noviembre de ese año, por ejemplo, acusó al gobierno y a la policía nacional de estar en contra de los habitantes de Santa Cruz en su paro cívico por el censo. Hay bolivianos de primera y de segunda y el gobierno protege a los primeros y abandona a su suerte a los otros; no gobierna para todos, dijo, azuzando la división. En sus homilías dominicales, Leigue no desaprovecha la ocasión para hablar mal del gobierno. Desde diciembre de 2023 intriga respecto de la falta de combustible; insinúa con insidia que el presidente Luis Arce miente al decir que hay gasolina y diésel suficiente y desde esa fecha atiza el descontento.
Revise: Los gestores de Musk
En junio de 2024, a dos días del asalto militar en la Plaza Murillo y sin tener pruebas, Leigue acusó a Luis Arce de usar el hecho para aumentar su popularidad y, cizañoso, insistió en reclamarle la falta de dólares y combustibles. “No juegue con los sentimientos del pueblo”, le exigió.
En enero de 2025, cuando en su homilía hablaba sobre la eucaristía, el evangelio y Jesús, sin venir a cuento, se fue otra vez contra el gobierno: “Hay personas que tal vez están en un puesto, no por su capacidad, sino sólo por el salario y cuando de eso se trata pues no van a hacer bien las cosas, no van a administrar bien las cosas, y eso parece que está pasando hoy día en nuestro país ¿será por eso que hay tanta corrupción? porque no están por servicio, sino para aprovecharse…”
Leigue también es racista. El 9 de marzo de este año, dijo que en Bolivia hay “tentaciones que alejan a las personas de su fe; el desafío es luchar contra esas tentaciones, como el hecho de adorar a la Pachamama como si fuera una religión más, cuando en realidad es una creatura del Señor”.
Cuando el gobierno convocó al pacto social por el Bicentenario, a principios de este año, Leigue lo desdeñó calificándolo de tardío y poco claro. Habló de “la prevalencia de la mentira y la corrupción en la gestión de los asuntos nacionales”. “Quisiéramos que nos digan la verdad: ¿Cómo estamos? ¿Qué es lo que tenemos? ¿Cuál es la solución para nuestro país? Quisiéramos escuchar eso por lo menos”, dijo, y de una vez entró de lleno al proselitismo político: “la celebración del bicentenario debería ser una oportunidad para promover un cambio genuino en la forma en que se vive y se gobierna el país”.
Y de ahí en adelante todo fue promover al bloque opositor y evitar su división: 16 de febrero: “Tantos problemas que tenemos, pero a lo mejor van a elegir a los mismos, y las mismas personas van a estar ahí. ¿Qué cambio va a haber en esto? Seamos valientes en esto de ver por dónde ir, qué hacer, qué oportunidades tenemos. La esperanza está en el cambio y en mejores días”. 16 de marzo: “Llamamos a todos los precandidatos a que, si realmente piensan en nuestro país, traten de vivir eso que dicen. Queremos la unidad, buscamos la unidad. La oportunidad es ahora. ¿Por qué dispersar el voto al final? ¿Para después empantanarnos? ¿Para traer más problemas…?
Y el 23 de marzo, ya en plan golpista: “Algunos se creen tan seguros de estar donde están y continuar haciendo lo que les parece, sin ver la realidad ni buscar un cambio; pareciera que eso va a ser eterno… nadie es intocable y aquellos que se sienten firmes en su cargo o influencia deben estar atentos, pues podrían caer en cualquier momento. Hay quienes se sienten tan seguros, creyendo que nada los hará caer, sin darse cuenta de que todo puede cambiar; el que se cree muy seguro, cuídese de no caer, el que se cree muy seguro, cuídese de no caer”.
(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista















































































