En los últimos días, las ciudades de Bolivia fueron escenario de diversas actividades urbanas, culturales y recreativas. Éstas pusieron de manifiesto, a través del baile, la importancia de la conservación de la memoria cultural y recreativa durante la época del Carnaval.
A lo largo de estos días, fuimos testigos de cómo los virtuosos creadores del arte del baile, en este caso el folklórico, se hicieron presentes en distintas exhibiciones a lo largo del país. Ejemplo claro de ello es el Carnaval de Oruro, un espectáculo que sigue sorprendiendo año tras año.
Sin embargo, no es solo Oruro el espacio de estas expresiones; otras ciudades también supieron exponer el valor de sus costumbres mediante el baile. Lo más significativo es que estas representaciones culturales no solo preservan la memoria, sino que enriquecen y enaltecen el valor de la cultura que las acompaña, integrándola plenamente a la sociedad.
De este modo, cada ciudad logró mostrar la singular riqueza de las cualidades culturales que definen a su pueblo. A través de los movimientos corporales de los bailarines, acompañados por la música, los centros urbanos se llenaron de un significado estético singular, que reflejó el alma de sus comunidades.
Bolivia cuenta con una memoria cultural por demás rica y diversa, como lo demuestran los bailes carnavaleros del país, que nacieron del imaginario colectivo de las distintas culturas con las que cuenta este país. Una memoria tan variada, que reafirma la visión de algunos pensadores que sostienen que la diversidad de la memoria nacional es una especie de relato de la creatividad que conlleva su gente.
Es importante destacar que toda creación artística está respaldada por una serie de eventos y elementos, en los cuales lo misterioso juega un papel fundamental.
La memoria creadora debe ir de la mano con la memoria inteligente, que investigue el significado de los bailes tradicionales y constate que la creatividad evolucionó a lo largo del tiempo. Un claro ejemplo para evidenciar esto son los bailes y vestimentas presentes en el Carnaval de Oruro, cuya riqueza en formas, materiales, telas y colores muestra la evolución de las expresiones corporales de los bailarines.
Una evolución en la que los nuevos aportes no han perdido la dirección legada en cuanto a la estética que conlleva la vestimenta, como se observa en la danza de la diablada, cuya tradición sigue viva en las nuevas manifestaciones.
En ese sentido, es necesario que se mantenga el equilibrio, para evitar que el exceso haga desaparecer la esencia de la estética original heredada. Las artes expresivas, como hijas de la memoria, son dinámicas y deben renovarse constantemente, pero nunca perder su identidad.
En los nuevos tiempos, la renovación creativa de ciertos elementos, como las máscaras de la diablada, ha permitido una evolución que, si bien es inevitable, debe encontrar un límite para no caer en la exageración. Esta realidad, lejos de negar la innovación, nos recuerda que todo exceso puede diluir, el talento y la imaginación de quienes concibieron estas creaciones.
Los antiguos griegos afirmaban que las musas inspiradoras de las artes eran hijas de Mnemosyne, la diosa de la memoria. Y esto quedó demostrado en el Carnaval con la presencia vibrante de diversas manifestaciones culturales en el país, cada una con sus propias expresiones singulares.
Sin duda, todas las actividades culturales y recreativas de estos días han demostrado la capacidad creativa que conlleva la sociedad boliviana, gracias a la misteriosa facultad de la imaginación.
*Es arquitecta.















































































