El MAS-IPSP ha sido el instrumento político más exitoso de la historia democrática de Bolivia. Entre 2005 y 2020 ganó cinco elecciones consecutivas con más del 50% de los votos, como ningún otro partido. Su hegemonía parlamentaria sepultó la partidocracia del cuoteo y las viejas coaliciones. Para comprender su éxito electoral, es necesario conocer la historia del movimiento indígena.
El voto universal de 1952 le otorgó derechos políticos a una mayoría de la población conformada por indígenas, mujeres y analfabetos que hasta entonces no votaban. Éste fue un hecho transcendental para la vida democrática del país, aunque todavía existan pensamientos retrógradas y discriminadores como los de Mario del Alcázar, quien lo calificó como un error histórico, y esto no es una mala interpretación de lo que dijo. Pero, lo realmente penoso no fue que puso al descubierto la ignorancia de quienes se sienten intelectualmente superiores al promedio de los bolivianos, sino sus fingidas disculpas. Más allá de su desliz, consciente o inconsciente, sus versos son portadores de un mensaje racial que aún está presente en algunos círculos políticos criollos que no ganan elecciones porque su espectro de votantes está limitado a sus parecidos.
De vuelta a la historia, a pesar de la aplicación del sufragio igualitario, el movimiento indígena fue utilizado por los gobiernos nacionalistas que se valieron del voto rural para continuar gobernando con base en prebendas y dádivas en alimentos, coca, alcohol y calaminas a las comunidades a cambio de votos o por la vía de la presión encarcelando a sus dirigentes hasta lograr su sumisión, lo que se llamó pongueaje político.
Las genuinas aspiraciones políticas indígenas tuvieron que esperar hasta la década del 70 con la formación del movimiento katarista. En 1978, el intelectual Faustino Reinaga fundó el Partido Indio de Bolivia (PIB). Ese mismo año surgió el Movimiento Indígena Túpac Katari (MITKA) y años más tarde, en 1985, el Movimiento Revolucionario Túpac Katari de Liberación (MRTKL). Las primeras incursiones indígenas en el parlamento datan de finales de los 80. Empero, las disputas internas entre indígenas allanaron el camino para que los gobiernos neoliberales se perpetúen por 20 años en el poder.
El triunfo electoral del MAS-IPSP a partir de 2005 se basó en su capacidad de unificar los mundos aymara y quechua en una misma sigla y de representar los intereses de las mayorías humildes, marginadas y desposeídas que los partidos de izquierdas urbanas no lograron dar respuesta. A este movimiento se sumaron organizaciones y colectivos sociales de clases medias populares con las cuales se consagró un pacto de unidad. El MAS-IPSP fue depositario de los votos de los partidos de Condepa y UCS que lo antecedieron y cuyos líderes murieron prematuramente sin poder continuar con sus proyectos políticos.
El MAS-IPSP es un movimiento de origen indígena antes que mestizo o criollo, rural antes que urbano, anticolonial antes que republicano, de economía plural antes que neoliberal. La autoidentificación étnica y cultural fue la base para la adhesión de su militancia que permitió construir una misma visión de país y dio lugar a lo que hoy conocemos como Estado Plurinacional. Hoy, este proyecto político, tal como lo conocíamos, ha terminado porque el movimiento indígena está despedazado en varios frentes políticos, cómo ocurría en el pasado. Se anunciaron renuncias masivas de militantes. El bloque social-popular también muestra su alejamiento, a excepción de las huestes dirigenciales.
Las elecciones primarias pudieron ser el espacio democrático para resolver las disputas internas a las candidaturas. Ello habría evitado el quiebre del movimiento indígena y haberle dado incluso certidumbre política al electorado de oposición, pero los cálculos políticos primaron. En 2023, escribí un artículo en el que me preguntaba ¿si el movimiento indígena estaba completamente fracturado? ¿Si la fractura era irreversible o no? y ¿cuáles serían las consecuencias políticas si así lo fuera? (La Razón, 26 de marzo de 2023). Ahora puedo ver con claridad que esta fractura se ha consumado. La posibilidad de una candidatura única para el frente indígena y popular está anquilosada. La historia revelará en su momento quiénes fueron sus responsables.
Quienes hoy intentan destruir la sigla del MAS-IPSP o resignificarla no se han percatado que, más allá de la sigla y de intentar arrebatarle al movimiento indígena su historia, aún queda toda una institucionalidad democrática y cultural capaz de reorganizarse las veces que sea necesario. Porque frente a las tradicionales candidaturas con rostros mestizos y criollos, la identidad étnica y cultural será siempre el factor integrador del movimiento indígena y la única posibilidad que tienen las izquierdas en Bolivia.
















































































