El martes 17 de febrero falleció Ernesto Noe Tamo, líder indígena moxeño trinitario del departamento de Beni. Tuvo varios cargos como presidente de la Confederación Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB), de la Central Indígena del Beni (CPIB) y corregidor del Gran Cabildo de la Santísima Trinidad. Pero el que marcó su perfil de gran dirigente indígena fue ser uno de los cabezas de la marcha denominada Por el Territorio y la Dignidad, de 1990.
Esta marcha o caminata duró 34 días y recorrió 640 kilómetros. Inicialmente, fueron 300 personas y llegaron a ser miles de personas, entre hombres, mujeres y niños, que partieron, un 15 de agosto, desde la ciudad de Trinidad, capital del departamento de Beni, hasta la ciudad de La Paz, la sede de gobierno, y dejó una huella profunda en la sociedad boliviana. Antes de esta primera e histórica marcha, los pueblos indígenas de la Amazonía, el oriente y el Chaco estaban clandestinizados por el Estado y la sociedad boliviana. Aún se creía que los pueblos de las regiones citadas estaban casi extinguidos o por extinguirse, frase cuasi similar a lo que expresa la Ley de Reforma Agraria de 1953.
A la par de Ernesto Noe estuvieron Tomás Ticuasu y Marcial Fabricano. Recuerdo la frase de Ticuasu, del pueblo sirionó y fallecido en el año 2018. Le dijo al presidente Jaime Paz Zamora “queremos hablar de jefe a jefe”. Es decir, hablemos y negociemos de igual a igual, que el mandatario vaya al encuentro de la marcha y se negocie allí la reivindicación sobre el territorio indígena, que estaba acechado por los madereros y empresarios, como también el respeto a los pueblos indígenas. Don Ernesto fue el más sabio y supo llevar a su pueblo a lograr la reivindicación anhelada, además de hacer entender que la marcha era justa y que la sociedad boliviana sepa que hay pueblos ancestrales que están clandestinizados y maltratados por los grandes empresarios y sus seguidores.
La sabiduría de Noe se expresó en la profunda cautela en sus expresiones del mes de caminata, sin herir a nadie, pero mostrando la firmeza de ser representante de los pueblos indígenas de la Amazonía y que estaban en su legítimo derecho de reclamar por los avasallamientos y por los derechos más indispensables como seres humanos. Esta marcha dejó muchas lecciones a los gobernantes y la sociedad boliviana. Por ejemplo, el Estado, mediante sus gobiernos, tenía que respetar y negociar los derechos de los pueblos indígenas. La sociedad boliviana, por primera vez, escuchó en las ciudades, como La Paz, varios idiomas como el moxeño, sirionó, yuracaré, etc. En la gran demanda como pueblos, inauguraron el derecho al territorio, demanda más profunda de solo por las tierras.
Recuerdo el día del recibimiento a los marchistas en la Cumbre, lugar de la región andina sobre 4.000 m.s.n.m. y la entrada a los Yungas o ingreso a la Amazonía. Dirigentes de la CSUTCB fueron los anfitriones de recibir con rituales a los marchistas. La ciudadanía se volcó masivamente yendo a la Cumbre. Después de la ceremonia, se acompañó a los marchistas, quienes ingresaban con música y tamborita peculiar de los Moxos. La gente citadina acompañó hasta llegar al centro de la ciudad de La Paz. La solidaridad, mediante la donación de ropa para el frío y alimentación, fue lo más destacado.
Esta marcha nos enseñó que somos diversos, pero unidos y que existen pueblos ancestrales que son parte vital de este país. Después de 1990, en pocas ocasiones apareció don Ernesto, esa sabiduría mostrada en la marcha, como la discreción y el perfil bajo la mantuvo. Noe es uno de los grandes sabios ancestrales, que mediante el sacrificio y la guía acertada coadyuvan decididamente en la defensa de los derechos de los pueblos ancestrales. Jallalla, tata Ernesto Noe, juman sarnaqawimaxa wali askiwa. ¡Jallalla!
*Es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.














































































