Andrónico Rodríguez es la renovación impulsada por las bases, que, como siempre, leen mejor el espíritu del nuevo tiempo que las cúpulas enajenadas de o por el poder y gordas de elogios de sus allegados.
Cuando hablamos de Rodríguez no hablamos de la renovación impuesta en una sala de reunión en Buenos Aires en 2019: “Renovamos, pero no demasiado; tú vas ahora y me devuelves a la próxima”, se dijo entonces. Las cláusulas de este acuerdo de los jerarcas del MAS obviaron algo importante: la voluntad popular. En Buenos Aires se violó una determinación previa de las bases del partido, que habían proclamado la dupla David Choquehuanca-Andrónico. (Algunos dirán y con razón: “Más bien que Choquehuanca no llegó a la presidencia”, pues su performance como vicepresidente –vamos a decirlo con absoluta generosidad– ha sido muy pobre. Pero eso lo sabemos ahora).
Lo que está pasando en Bolivia es profundo. Evo está dándole la espalda a la historia por quererse quedar sin importar el costo que esto tiene para él mismo y para una militancia cada vez más adelgazada y también agotada de los sacrificios por los que debe atravesar para mostrar “lealtad”.
Para mayor inri, la conducta personal de Evo hoy está judicializada. En los tiempos del “me too”, el feminismo y las redes sociales, resulta muy difícil que el expresidente pueda defender su liderazgo dentro del partido más grande de la historia del país sin hacer ninguna aclaración sobre la acusación que pesa en su contra, más allá de señalar que “no existe denunciante” y “no se me puede juzgar dos veces por lo mismo” (aunque en realidad no se lo haya juzgado nunca). Resulta complejo que, en estas condiciones, la gente acepte, como si nada hubiera pasado, su retorno al poder.
Hoy la factura no solo la paga Morales, sino sobre todo las mujeres de su partido, acusadas de “complicidad” por la sociedad.
La renovación no solamente debe llegar porque hay síntomas claros de un fin de ciclo, sino también porque es necesaria para enmendar los errores del pasado. En otras circunstancias, sin el enorme accidente del 21F o sobre todo sin el fallo que revirtió a este, y con una conducta más generosa del líder histórico, la transición sería de naturaleza orgánica y habría Evo para rato, Evo para toda la vida.
No ha sido así, por desgracia.
Si lo que ahora queda es impulsar el movimiento de renovación, Andrónico Rodríguez es el llamado para esto. La historia lo ha puesto ahí y las bases ya lo saben, aunque no puedan imponerlo. Hay un obstáculo, claro, y es Evo Morales. Él y su entorno impedirán a toda costa la candidatura de Rodríguez sin importar el costo que esto tendrá para ellos mismos y para todo el bloque popular. Rechazan desesperadamente la idea de una jubilación. Ni los médicos ni los docentes universitarios ni las cúpulas masistas están dispuestos a hacer lo que toca: dar paso a los jóvenes.
Luego de que salió la encuesta de Marcelo Claure en la que el presidente del Senado aparece como la primera opción, con la más alta intención de voto, las redes se inundaron de insultos y amenazas en contra de Rodríguez y sus colaboradores más próximos. Incluso en un ecosistema donde la violencia discursiva se ha hecho norma, no era de esperar tanta falta de generosidad de parte del evismo para con sus propios compañeros.
Hace poco salió una encuesta de Diagnosis específicamente dedicada a Andrónico, que no hace más que ratificar que el escenario está a su favor. Este estudio muestra de forma clara que ni Evo Morales ni mucho menos Luis Arce tienen las mismas posibilidades electorales que el joven senador. La encuesta es tremenda; sugiere incluso que con una campaña que reconozca errores fundamentales, que dé unas ideas de salida a la crisis, que teja puentes con aquellos sectores con los que se tiene “prohibido” el diálogo, Andrónico podría recuperar las votaciones históricas masistas.
Al parecer, la estrella masista no se apaga, aunque quizá esta buena fortuna termine siendo desperdiciada, como ha ocurrido tantas veces en la historia.
Hablar de Andrónico cuesta caro. La factura de la “traición” que significa no creer que Evo tenga derecho a liquidar a la izquierda porque siente celos y no quiere envejecer la pagamos incluso quienes vemos lo que está pasando desde muchas leguas de distancia. Seguramente este artículo me costará más videos de ataque guionizados por un conocido embajador evista sin embajada. No me importa. Hoy la responsabilidad de una intelectual de izquierda es hablar con claridad para señalar que solo queda una oportunidad para salvar al país de un retroceso contrarrevolucionario.
Esta oportunidad, la única para el bloque popular, es Rodríguez. Él tiene un enorme reto. Debe ser valiente y darle forma a la renovación, que debe ser generosa y sin ajustes de cuentas, para después proponerle a Bolivia un país grande, donde quepamos todos, todas y todes.
Susana Bejarano Auad es politóloga y periodista.















































































