La Asamblea Legislativa no solo enfrenta problemas de coordinación con la Vicepresidencia, sino que las bancadas de las principales fuerzas políticas comienzan a mostrar divisiones internas.
Lejos de actuar como bloques cohesionados, los partidos y alianzas muestran divisiones profundas que se reflejan en cada votación.
Por ejemplo, los datos de votación en la interpelación al ministro de Hidrocarburos revelan que ningún partido político puede presumir de cohesión parlamentaria, salvo Súmate, cuyo tamaño —cuatro diputados— la hace irrelevante para articular mayorías.
En la Cámara de Diputados, la alianza Libre tiene 39 legisladores, pero solo 14 votaron a favor de la censura al ministro. El Partido Demócrata Cristiano (PDC) cuenta con 47 diputados y solo 10 respaldaron la censura. Unidad, con 23 escaños, logró que 11 votaran a favor. Alianza Popular, del exsenador Andrónico Rodríguez, consiguió solo tres votos de nueve posibles.
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El Senado muestra fracturas similares. Libre tiene 10 senadores, pero solo 6 votaron por la censura. Branko Marinkovic y Ernesto Suárez, figuras prominentes de la alianza cruceña, estuvieron en contra, lo que confirma su separación y alejamiento con la fuerza política con la cual obtuvieron sus curules. El PDC logró apenas cinco votos de 17 posibles. Solo Unidad mantuvo cohesión: sus cuatro senadores votaron unidos a favor.
Los datos, publicados por la senadora de Libre Tomasa Yarhui, demuestran que «ningún partido puede decir que tiene una bancada sólida, lo que hará difícil la gobernabilidad». La fragmentación no responde a una votación puntual: refleja divisiones estructurales que atraviesan todas las fuerzas.
El caso más emblemático es el del PDC, donde una facción obedece a los intereses del vicepresidente Lara y vota en bloque. En Unidad, figuras como Juan del Granado, Carlos Alarcón y Cecilia Requena votaron por la censura, evidenciando que incluso liderazgos reconocidos no garantizan disciplina partidaria.
La suma de divisiones internas configura un escenario complejo para la gestión presidencial. Sin bancadas cohesionadas, el Ejecutivo no puede garantizar aprobación de leyes ni respaldo para sus iniciativas, por lo que la gobernabilidad dependerá de negociaciones.




















































































