Para los líderes mundiales ser invitados al Despacho Oval solía ser un gran honor, pero con
Donald Trump el famoso recinto de la Casa Blanca se ha convertido en escenario de brutales
emboscadas políticas.
El presidente sudafricano Cyril Ramaphosa es la víctima más reciente de una larga lista que
inició con el notorio enfrentamiento de Trump con el presidente ucraniano Volodimir
Zelenski, en febrero.
Con el republicano, el Salón Oval ha pasado de ser premio diplomático durante el gobierno
de su predecesor, Joe Biden, a ser una encerrona política donde por horas se ponen a prueba
los nervios de líderes mundiales. Y todo televisado en vivo.
La escena incluso se ha vuelto bastante familiar: presidentes o jefes de Estado se ven
intranquilos al borde de su asiento tapizado en oro frente a la famosa chimenea, en espera de
ver qué ocurre.
¿El presidente estadounidense hará de anfitrión encantador? ¿Mostrará la lujosa decoración
chapada en oro que orgullosamente ha instalado en la Oficina Oval? ¿Desafiará a su invitado
con aranceles, asuntos comerciales o de ayuda militar?
¿O simplemente va a destrozarlo?
Nadie lo sabe hasta que están ahí. Todo lo que saben es que cuando las cámaras acceden al
prestigioso salón de la Casa Blanca, pueden verse envueltos en la más peligrosa cuerda floja
política de sus carreras.
Además, el calor y el confinamiento del espacio del Despacho Oval se suman al ambiente de
olla a presión donde el impredecible Trump busca los pasos en falso de sus invitados para
tener la ventaja.
‘Apaguen las luces’
El republicano dejó una muestra muy clara cuando recibió a Zelenski el 28 de febrero.
Las fuertes tensiones por el repentino giro de Trump hacia Rusia salieron a la luz cuando con
la cara roja el presidente estadounidense reprendía al líder ucraniano, al que trató de
desagradecido por la ayuda militar que ha recibido su país.
Muchos se preguntaron si fue una emboscada deliberada, en especial cuando el
vicepresidente JD Vance pareció intervenir para desencadenar la disputa al decirle
«irrespetuoso» al ucraniano.
Fuera o no a propósito, los líderes de gobierno invitados han sido desde entonces cautelosos
para «evitar un Zelenski».
Sin embargo, la visita de Ramaphosa al Despacho Oval el miércoles estuvo demasiado cerca
de repetir la escena.
Ramaphosa acudió al encuentro con dos famosos golfistas sudafricanos, Ernie Els y Retief
Goosen, con la esperanza de suavizar las afirmaciones infundadas de Trump, un fanático del
golf, sobre un «genocidio» contra agricultores blancos en su país.
Pero quedó perplejo cuando inmediatamente después de una pregunta sobre el tema, Trump
de repente ordenó a sus asistentes: «Apaguen las luces».
En video proyectó a políticos sudafricanos de extrema izquierda entonando «matemos al
agricultor», un cántico de la época del Apartheid durante la lucha contra la minoría blanca.
Visiblemente sorprendido, Ramaphosa miraba la pantalla, luego a Trump y de nuevo a la
pantalla.
Sin embargo, a diferencia de Zelenski quien respondió a un cada vez más iracundo Trump, el
presidente sudafricano estuvo bastante calmado mientras discutía el caso.
Tampoco le pidieron que abandonara la Casa Blanca, como sí ocurrió con Zelenski.
‘Reality show’
Otros jefes de Estado también han hecho su tarea. Algunos han salido prácticamente ilesos, e
incluso con cierto prestigio.
El primer ministro canadiense Mark Carney, pese a algunos signos de nerviosismo mantuvo
su gallardía al afirmar que su país «nunca estará en venta» ante las múltiples declaraciones
de Trump sobre hacer de Canadá el estado número 51 de Estados Unidos.
El primer ministro británico, Keir Starmer, convenció a Trump con una carta del propio rey
Carlos III, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, mantuvo su «bromance»
con muestras públicas de afecto y elogios recíprocos con su par estadounidense.
A algunos aliados ideológicos de Trump les ha ido incluso mejor. El presidente de El Salvador,
Nayib Bukele, recibió grandes muestras de afecto en la Oficina Oval luego de acordar la
detención de migrantes en una megaprisión del país centroamericano.
Pero incluso algunos de sus aliados más cercanos se han visto en una mala situación.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, fue recibido de forma calurosa como el
primer invitado extranjero en el segundo mandato del republicano, pero la historia fue muy
diferente cuando regresó en abril.
Las cámaras en el Despacho Oval captaron su cara de sorpresa cuando Trump anunció que
Washington estaba en el inicio de negociaciones directas con Irán.
Para Trump, sin embargo, todo es parte de una presidencia a la que cada vez más trata como
si fuera un «reality show».
El mismo Trump bromeó al final de la reunión con Zelenski al decir que «va a ser televisión
genial», y uno de sus asesores siguió en esa línea tras la reunión con Ramaphosa.
Lea. Trump anuncia la construcción de una cúpula antimisiles https://larazon.bo/mundo/2025/05/20/trump-anuncia-la-construccion-de-una-cupula-antimisiles/





















































































