Introducción: es el primer partido de la era Monasterio Suárez (su primer apellido es en singular aunque muchos colegas insisten con el plural; también pasa con el apellido del presidente de la Federación Boliviana de Fútbol). La marcha de Bustos confirma el poder de los jugadores (ellos son los dueños del fútbol). El argentino también sabía que se iba (antes del estrépito de Villa Ingenio); tanto que ya tiene equipo (en el Perú). El nuevo entrenador (con apenas dos prácticas) se tomará el partido como un entrenamiento para ir probando cosas sobre la marcha. El muy liviano Real Tomayapo, el “rival”, así se lo permitirá.
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¿Cuándo vamos a afrontar en serio la necesaria re-estructuración de la primera división donde sobran equipos con el fin de ganar competitividad? Es imperiosa una segunda división y una severa reducción de equipos en la máxima categoría.
Nudo: el primer “eleven” del cruceño Monasterio (el primer DT boliviano del Tigre en años sin contar interinatos) es para cambiar el dibujo. Se vuelve a un 4-2-3-1. También algunos jugadores (mareados por Bustos) retornan a sus lugares. Altamirano, al lateral; Quiroga (el mejor) al pivote de contención junto a un perdido Yanarico; Arrascaita de enganche (ese no es su sitio tampoco); García y Amoroso, por afuera; y Godoy, de nueve (ante la marcha de Triverio). Nota mental: el argentino regresa a su país en busca de unos dólares que con Milei dejará de haber en breve. Mal negocio, Quique.
La primera parte termina con 2 a 0 pero el Tigre no juega bien (no hay juego interior que rompa líneas). Se dedica a tirar pelotazos a la cabeza de Godoy y sus laterales -sin nadie a quien marcar- no se proyectan.
Desenlace: el cambio de piezas surge efecto. Monasterio saca a Yanarico (ese doble cinco se superponía) y mete a Sotomayor (con la diez) para jugar de enganche y retrasar a Arrascaita. Santo remedio. Ese movimiento de ajedrez cambia el partido. El Tigre es más veloz y presiona mejor.
Así llegan cuatro goles (dos de ellos, golazos de García y Sotomayor). Así se lava la cara. Así también se manda un mensaje (recuperando la punta): aunque no hay plata para fichajes (ni para nada); aunque los mejores se van (Triverio y un Chura baja por problemas estomacales); aunque no hay recambios en puestos claves (por eso ayudará la llegada de Chumacero al medio donde más falta hace); y aunque el agujero económico sea más grande de lo sospechado (¿se sancionará a los culpables con la famosa/otra auditoría externa?) este grupo va a dar pelea a pesar de que tendrá que batallar en inferioridad de condiciones (sus dos contrincantes por el título cuentan con presidentes platudos y fichajes flamantes).
Monasterio (y Edivaldo, su ayudante) hacen otra cosa bien: se ganan la confianza del plantel desde el primer “match” pues meten cinco cambios cuando no hacía falta: Sotomayor, Ayarza, el chango Melgar, Moriceau y Chiatti. Todos contentos.
Post-scriptum: la actual situación económica del club (fruto del saqueo de la rosca dirigencia que tiene nombre y apellidos) obliga también a mirar/mimar la cantera. Es hora de trabajar (y ahí está la dupla Paz García-Daniel Vaca) para sacar jugadores (de una vez). Solo el Tigre salva al Tigre.
(12/07/2025)















































































