Introducción: chocan los dos equipos más grandes de Bolivia. Lo vienen haciendo desde 1927. Juegan el día que fallece una de las mayores leyendas stronguistas, Rolando “Perro” Vargas, el hombre nacido en cuna celeste que le dijo no al club Bolívar.
La “Academia” llega con seis bajas (Torrén, Sávio, Robson, Ramiro Vaca, Melgar y Dorny); un técnico (muy) cuestionado y un Claure ausente con la cabeza en otra cosa. El Tigre llega con nuevo presidente electo, con problemas económicos al acecho (con Amoroso y Triverio a punto de rajar por la falta de dólares) y con dos bajas (Moriceau y Ursino).
Es la fiesta del fútbol boliviano, la única capaz de llenar (casi) el Siles. No diré nada de otra lamentable/emo entonación de los dos himnos (nacional y paceño) a cargo de la señorita Pérez.
Nudo: la primera parte es celeste. Será el clásico de los errores, de constantes imprecisiones/pérdidas en salida. La diferencia la marca “Pato” Rodríguez que usa y abusa de su talento para sacar a bailar al lateral derecho del Tigre Sebastián Altamirano. La batalla es en el medio y ahí se impone la “Academia” con la dupla Justiniano-Ervin Vaca.
En el Tigre hay jugadores que pelean cada pelota (Arrascaita, entre ellos, pura entrega); hay otros que se borran (García, Amoroso, Chura con la mente puesta en su partida al exterior).
Al mal partido se suma el señor colegiado (otra vez Gery Vargas) que perdona una roja a uno de los Sagredo (ambos en su peor momento). La presión de Robatto y la maquinaria propagandística celeste (que controla el 90% del periodismo deportivo paceño) ha dado resultado.
Desenlace: la segunda parte es gualdinegra. La bronca -contra la soberbia y el favoritismo arbitral- alimenta el fuego stronguista. En quince minutos, el Tigre lo da la vuelta. A Joel Amoroso le bastan 45 minutos para ser la figura y volver loca a la desconcentrada defensa bolivarista. Solo Lampe impide un “score” más abultado. En el clásico de los horrores con los pies, la diferencia estará en la cabeza.
El Tigre es sinónimo de amor propio y coraje; es un grupo humano unido/solidario que atesora el ADN del club, que siente el “ajayu” del “Perro” Vargas empujando desde los cielos que nunca serán celestes.
Bolívar es todo lo contrario; es un colectivo desunido, abandonado por su presidente que dejará al club a su suerte en diciembre. La viva imagen de ese descalabro es Fábio Gomes: marginado y humillado, recuperado por falta de delanteros, desganado/ignorado en la cancha por sus compañeros.
Post-scriptum: el Tigre se pone a dos puntos del líder Always Ready. Bolívar queda a siete del primero; su verdadera crisis recién comienza.
(23/06/2025)
















































































