Introducción: la Verde juega otra final. Prohibido tropezar en El Alto de nuevo. Chile, colero, disputa su última chance para llegar al repechaje. Villegas rectifica y se olvida del falso nueve. De centro delantero va Algarañaz (sacrificado como primer defensor). En el arco, vuelve Lampe tras el error de Viscarra. Los centrales son de futuro: Morales tiene 21 años (y madera de capitán) y Arroyo, 20. De cinco va Ervin, a su derecha Robson y a su izquierda, Villamil. La peor Chile de los últimos tiempos solo tiene a Alexis como figura rutilante, venido a menos, como todo su equipo. Estamos siete mil hinchas en Villa Ingenio. Los precios, la inflación y la falta de transporte, por la escasez de gasolina, complotan.
Nudo: la siete es de Miguel Terceros Acuña, 21 años. ¿Hasta cuando le vamos a decir con el diminutivo? ¿Se dejó el bigotito para sacarse el apodo? Don Miguel es -con la ausencia de Ramiro por dopaje- nuestro hombre diferente. El que paga una entrada. Su lugar no es de falso nueve. Tirado a una banda, donde juega Lamine, donde brillaba Messi (perdón por las comparaciones odiosas), Terceros traza diagonal, arma su privilegiada pierna zurda, cambia de frente, desborda/dispara, tiene gol (lleva seis e iguala a Messi y Luis Díaz como máximo artillero de estas clasificatorias). El equipo nunca pierde cuando él convierte. Miguel se asocia (su mejor compadre es Medina) y filtra. Y arenga. Nota mental: Terceros no fue formado en las divisiones inferiores de ningún club profesional boliviano. Su temprano gol y su partidazo (nos) harán ilusionar. Otra vez.
La tonta expulsión de Lucas Chávez cambia el partido. Villegas cierra filas para formar con un 4-4-1. Desde ese minuto, no hay partido. Bolivia no quiere; Chile no puede (ni siquiera con un hombre más). A la media hora, se abren las puertas para que aumente la presencia de espectadores. Todo vale, todo suma.
Desenlace: Gareca mete al descanso tres cambios (dos puntas) para intentar cambiar la cara de su deslucida selección. No lo logrará: Chile está muerta desde hace rato. Otra roja (esta vez de los chilenos) vuelve a cambiar el partido. Robson, en deuda en la verde y en Bolívar, aparece con verticalidad. A la hora, la hinchada pide a “Enzo, Enzo” (entrará por Carmelo). El pueblo sabe. Tocará una pelota pero hará el segundo. Es el nueve del presente, del futuro. Los cambios de Villarroel y Cuéllar (por Robson y Ervin) son para cerrar y morder. Amén.
Post-scriptum: falta visitar Colombia; recibir a Brasil. La Verde de Villegas llega viva y aún sueña con el repechaje. A pesar de los pesares y de las eternas falencias estructurales de nuestro fútbol.
(11/06/2025)














































































