En Bolivia, el «ajuste» se ha convertido en una palabra normalizada en la narrativa electoral. Sin embargo, como advirtió el analista Manuel Mercado, el contenido de ese ajuste sigue sin definirse con claridad. «Todos hablan de recortar, pero nadie se anima a decir qué, cómo ni a quién se va a afectar», afirmó en una entrevista en el programa Piedra, Papel y Tinta de La Razón.
Mercado sostuvo que la falta de claridad es preocupante, ya que muchas de las medidas mencionadas podrían tener efectos directos sobre los sectores más vulnerables. «Nadie habla del impacto sobre el Sistema Único de Salud, sobre los bonos sociales o sobre el empleo público en regiones donde el Estado es el principal generador de actividad económica», explicó.
Coincidencias amplias
Durante la entrevista, Mercado destacó que la mayor parte de los candidatos ha adoptado un discurso similar: reducir el Estado, revisar subsidios, modificar la ley laboral o achicar el aparato institucional del Estado. Aunque difieren en estilo y matices, la sustancia es la misma.
«Estamos presenciando un consenso vacío. Todos proponen lo mismo, pero ninguno dice cuándo, con qué mecanismos ni con qué garantías sociales», indicó. La falta de detalles ha provocado que medidas de alto impacto, como la eliminación de bonos sociales o la privatización de servicios, permanezcan en un terreno opaco.
El experto también advirtió que la ambigüedad puede ser deliberada. «Decir ‘ajuste’ suena técnico, responsable, moderno. Pero no se dice que detrás puede haber despidos, suba de tarifas, reducción de servicios y un retroceso en derechos adquiridos», afirmó.
Factura sin dueño
El experto subrayó que el ajuste no es solo un término técnico. «Es un cambio profundo en la relación entre Estado y sociedad», dijo. No obstante, los candidatos evitan reconocer su alcance. «Ya pactaron el ajuste, pero nadie dice a quién va a golpear», resumió.
Para Mercado, la opacidad no es casual. «El ajuste es impopular por definición, y por eso se oculta detrás de frases como modernizar, eficientizar o reordenar. Pero al final, el impacto recaerá sobre los mismos de siempre», advirtió.
También cuestionó el uso electoral de eufemismos para ocultar intenciones. «Cuando no se habla claro, la ciudadanía no puede decidir con información completa. Y eso debilita la democracia misma», dijo.
Argentina
En comparación con Argentina, donde Javier Milei expone abiertamente su plan de recortes, el caso boliviano muestra un estilo más evasivo. «Bolivia no es Argentina. Aquí aún se cree que el Estado es necesario para sostener la equidad», explicó Mercado. Sin embargo, también alertó que «la narrativa del ajuste está ganando espacio sin debate técnico ni diagnóstico claro».
El analista advirtió que incluso las fuerzas del campo popular han caído en una posición de vergüenza respecto a los avances económicos y sociales del pasado. «Se ha satanizado todo lo anterior para diferenciarse de Evo, y con ello se pierde el relato de un modelo que mejoró millones de vidas», afirmó con firmeza.
Recordó que durante años el modelo estatal permitió reducir desigualdades, aumentar el acceso a derechos y expandir la infraestructura en regiones históricamente postergadas. «Eso no puede borrarse solo porque ahora conviene políticamente marcar distancia», subrayó.
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Responsables y efectos
Mercado concluyó que, si bien el ajuste es inevitable en términos fiscales, es urgente discutir sus límites, responsables y efectos. «Si todos lo aceptan pero nadie lo explica, estamos ante una factura que se pasará después de las elecciones, cuando ya no haya margen para el debate ciudadano», sentenció.
Finalmente, llamó a los medios y a la sociedad civil a exigir mayor claridad. «Lo mínimo que merecen los votantes es saber qué tipo de país están eligiendo. Ajuste sí o no, pero con la verdad por delante», concluyó.





















































































