Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara sorprendieron al conquistar el primer lugar en las elecciones generales de 2025 en Bolivia. Además, avanzaron al balotaje frente a Jorge Quiroga. Su triunfo no dependió de la maquinaria partidaria. En cambio, se sostuvo en un mensaje económico directo y sencillo que conectó con la percepción de crisis y agotamiento del modelo estatal.
El Partido Demócrata Cristiano (PDC), que promovió su candidatura, presentó un diagnóstico contundente: estanflación, caída de reservas internacionales y centralismo fiscal. Las reservas pasaron de 15.000 millones de dólares en 2014 a 1.900 en 2024. Por lo tanto, el centralismo, que concentra más del 80% del presupuesto, se convirtió en un tema clave. Este discurso se alineó con la preocupación ciudadana ante inflación, falta de divisas y estancamiento económico.
El modelo 50/50
La bandera programática de Paz fue el modelo económico 50/50. Este busca redistribuir de manera equitativa la recaudación fiscal entre el nivel central y los gobiernos subnacionales, además de universidades públicas.
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Déficit cero como meta de gestión.
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Congelación de empresas estatales deficitarias.
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Implementación de blockchain y contratos inteligentes en compras públicas.
De esta forma, la claridad del “50/50” funcionó como un slogan poderoso. Fue fácil de recordar y condensó el cambio estructural que proponía.
Ruptura con el continuismo
La propuesta de Paz planteó tres reformas clave:
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Economía: redistribución fiscal territorial.
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Institucionalidad: meritocracia en la administración pública.
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Justicia: reingeniería y despolitización.
En contraste con otros candidatos, atrapados en disputas internas o en fórmulas tradicionales, su plan ofreció una ruptura ordenada. Así, logró presentarse sin caer en radicalismos.
Inclusión social y agenda ambiental
El programa reconoció a mujeres, infancia, población LGBTI, adultos mayores y personas con discapacidad como sujetos prioritarios de protección social. Además, propuso servicios de salud y educación bajo el esquema 50/50.
En lo ambiental, se planteó frenar la deforestación, combatir la minería ilegal y controlar incendios forestales. También incluyó incentivos para energías limpias y eficiencia productiva.
Por esta razón, el enfoque buscó responder a demandas sociales postergadas. Finalmente, generó interés en sectores urbanos y jóvenes, que valoraron la inclusión y la atención a la crisis ambiental.
Oferta económica pragmática
El modelo 50/50 también incluyó medidas de corte práctico:
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Creación de un Fondo de Estabilización Cambiaria.
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Simplificación tributaria para pequeños negocios.
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Créditos para eficiencia energética y energías limpias.
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Diversificación de la matriz productiva.
Gracias a ello, las propuestas lo acercaron a sectores productivos. Muchos buscaban estabilidad sin ajustes drásticos.
Por lo tanto, el modelo encontró respaldo en gobiernos regionales, empresarios y votantes urbanos. Al mismo tiempo, se distanció de partidos que priorizaron la reelección, el control estatal o planes sin rumbo macroeconómico definido.
Un dato poco difundido, y que seguramente generará más de una pregunta rumbo al balotaje, fue el anuncio de la adopción del plan económico de Jaime Dunn. La decisión se conoció después de que Dunn quedara fuera de la contienda por no cumplir los requisitos de inscripción. Su propuesta, de orientación liberal, plantea una reducción significativa del Estado mediante políticas de corte conservador. Resta ver si este anuncio se consolida o si, por el contrario, el plan original del PDC se reafirma con la fuerza de la victoria obtenida.
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Conclusión
A manera de conclusión se puede afirmar que los argumentos programáticos de la propuesta de Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara Montaño se expresan de la siguiente forma:
- Lectura certera de la crisis. Habló de estanflación, caída de reservas y centralismo fiscal con los mismos términos que usaba la población. De esta manera, mostró que comprendía la magnitud de la situación.
- Mensaje claro y memorable. La fórmula “50/50” resumió en dos cifras la redistribución de recursos y la reducción de burocracia. Así, dio más autonomía a las regiones y ofreció un cambio fácil de identificar.
- Ruptura moderada. No apostó por la continuidad del modelo estatal ni por un ajuste neoliberal radical. En cambio, propuso una transición ordenada que dio certidumbre a quienes temían cambios bruscos.
- Inclusión social y ambiental. Incorporó a sectores postergados y priorizó la protección del medioambiente. Por ello, amplió su base en jóvenes y en votantes urbanos que pedían propuestas menos polarizadas.
- Modernización tecnológica y anticorrupción. Propuso usar blockchain y contratos inteligentes en la gestión pública. De esta forma, reforzó su mensaje de transparencia en un contexto de desconfianza hacia las instituciones.
En síntesis, el giro inesperado de las elecciones 2025 tuvo como protagonistas a dos candidatos que supieron transmitir su mensaje. Además, conectó con la crisis y ofreció un cambio pragmático, capaz de capitalizar el hartazgo con el centralismo y la incertidumbre económica.





















































































