En el corazón de El Alto, una nueva corriente artística define el paisaje urbano y al frente de este movimiento se encuentra Ramiro Sirpa, un escultor autodidacta cuyo talento dio vida a imponentes figuras de ficción y réplicas monumentales.
Su fascinación por el arte, que cultiva desde niño, lo llevó a explorar la escultura, eligiendo desde el inicio la magnitud como su sello personal. «No quiero hacer cosas pequeñas, quiero hacer cosas grandes en escala real, cosas que no se hacían», afirmó, cuya obra es un homenaje a su amor por el universo «geek» y los desafíos que cada proyecto representa.
El proceso creativo de Ramiro es tan monumental como sus obras. Cada encargo, que a menudo son réplicas de personajes como Batman, Aquaman o Spider-Man, comienza con la visión del cliente. A partir de ahí, el artista se sumerge en un meticuloso trabajo de diseño y proporciones, asegurando que cada detalle sea fiel e igual al original.
La creación de la estructura metálica interna es crucial para garantizar la estabilidad y durabilidad de las esculturas. Sobre esta base, Sirpa modela en arcilla para luego sacar moldes y unir las piezas. El pulido y la caracterización final, con pintura, luces y elementos acrílicos, son el broche de oro que da vida a sus creaciones.
Obras como un Depredador de 12 metros de altura y la réplica de un Lamborghini son solo algunos de los proyectos que actualmente ocupan su agenda, con contratos que se extienden hasta 2026.
Su vasta experiencia en escenografía fue fundamental para desarrollar un conocimiento empírico en ingeniería. Este equilibrio entre la visión artística y las consideraciones prácticas consolidó su reputación, ganándose la confianza de empresas constructoras que lo eligen una y otra vez.
Entre los desafíos más significativos de su carrera, Ramiro destacó la creación del Cristo Redentor de 12 metros de altura en El Alto, un proyecto que exigió gran esfuerzo logístico y personal, incluyendo el trabajo a alturas vertiginosas. «Fue un reto, quedó bonito, se cumplió el reto y el dueño está feliz», comentó orgulloso.
Sirpa, el «mutante» del arte, no solo esculpe figuras gigantes; está esculpiendo el futuro cultural de Bolivia, demostrando que la imaginación y la perseverancia no tienen límites. Esto hace que el impacto de las esculturas en el paisaje urbano de El Alto y La Paz sea innegable.




















































































