Serendipia es una obra de teatro escrita a medida para dos actores que se conocen desde hace décadas. Una ciudad que se vuelve paisaje y personaje. Un reencuentro tan improbable como inevitable. Así es la nueva propuesta escénica dirigida y protagonizada por Cristian Mercado, junto a Pati García, y escrita por Diego Mattos.
Esta pieza, que se estrenará el próximo viernes 13 y sábado 14 de junio, en el Teatro del Colegio Franco, es mucho más que un montaje: es el resultado de una amistad prolongada, un diálogo generacional y un viaje introspectivo a los vacíos de la adultez.
«Con Diego Mattos, que es el autor de la obra, empezamos a hacer teatro hace como ya 30 años o más, justo en el taller de David Mondaca, en la Universidad Católica», recuerda Mercado. «Desde el primer momento hubo una sincronía, una afinidad con las personas con las que haces banda, con las que fluyes». Aquella afinidad no solo persistió en el tiempo, sino que finalmente se cristalizó en esta obra escrita expresamente para Mercado y García. Serendipia, cuyo título alude a un hallazgo inesperado pero significativo, es también una serendipia vital para los creadores que la han hecho posible.
La historia
La obra narra el encuentro fortuito, y a la vez profundamente significativo, entre Sergio y Vania, dos viejos conocidos que se cruzan en una noche cualquiera en las calles paceñas. A partir de allí, sin rumbo fijo, ambos personajes inician un recorrido físico y emocional por la ciudad y por su propia historia.
«Sergio es un tipo solitario, es un contador, que su vida queda en eso, aparentemente no tiene muchos motivos ni sentidos con qué seguir adelante», explica Mercado sobre su personaje. «Y Vania es igual, es una mujer que ha estado casada toda su vida, que se ha dedicado a la familia, y bueno, pues se van los hijos, y ¿qué? ¿Y ahora qué?».
Lo que comienza como un reencuentro se transforma en una catarsis compartida. «Inician un viaje sin darse cuenta, a ver qué hay detrás de este vacío», dice el actor y director. Ese viaje los lleva, como él mismo lo describe, «hasta el fondo del abismo».

Un retrato de la soledad contemporánea
Más allá del relato íntimo de los personajes, Serendipia construye una mirada crítica sobre el presente. «También son estas soledades, vacíos que se viven en las grandes ciudades», señala Mercado. «El individualismo y que cada uno esté en su mundo ahondan esta soledad, y creo que ya lo estamos viviendo en esta ciudad».
Es, en ese sentido, una obra profundamente paceña y a la vez universal. El montaje se sostiene sobre los cuerpos y las voces de sus intérpretes. “Es una obra en la que realmente está sustentada en los actores”, afirma el director. Esa economía de recursos —también forzada por los límites del presupuesto cultural— es transformada aquí en una decisión artística coherente con el tono íntimo de la pieza.
Un equipo con historia
La puesta en escena de Serendipia no se limita al trabajo actoral. Mercado ha reunido un equipo experimentado y comprometido para traducir esta road movie emocional al lenguaje escénico. La obra sucede, en gran parte, dentro de un automóvil en movimiento por La Paz, lo que representa un desafío escénico particular.
“¿Cómo haces eso en teatro?”, se pregunta Mercado. “Para eso estamos apelando a la tecnología… un lenguaje cinematográfico, si quieres”. Así, el mapping y el audiovisual juegan un rol fundamental, con artistas como Gustavo Soto, Miguelangel Estellano e Israel Mayta detrás de las proyecciones. “Son gente muy grande”, dice Mercado.
La música original corre a cargo de David Arce, quien ha sabido incorporar “algo ochentoso, noventoso”, matizando la obra con referencias temporales al momento en que los personajes se conocieron. La asistencia de dirección y la coreografía están en manos de Juanqui Arévalo, que aporta una mirada corporal al montaje.
La escenografía, a cargo del arquitecto y director de arte César Morón, ha sido pensada con un criterio práctico sin renunciar a lo poético. “Una escenografía debe ser transportable… uno trata de encontrar, a través del ingenio, cómo resuelves también estas variables”.

Un espejo para el espectador
En tiempos donde el teatro busca renovar sus públicos y mantenerse vigente frente a la hiperconectividad digital, Serendipia ofrece algo radical: silencio, pausa y reflexión. “Es una obra que habla de esto que estoy viviendo yo a mis 50 años”, confiesa Mercado. “Es un momento donde empiezas a cuestionar muchas cosas, ya estás un poquito más cerca de allá que de acá”.
La obra, sin embargo, no ofrece respuestas. “Me gustaría más que la gente salga con preguntas más que con respuestas”, dice el actor. «¿Qué estoy haciendo? ¿A dónde estoy yendo? ¿Qué cosas me he equivocado? ¿Qué cosas ya no voy a lograr hacer en esta vida?”
Para él, el teatro no debe moralizar. “No queremos dar un mensaje ni intentar cambiar el mundo, estamos contando una historia llena de pequeños detalles, pero que contienen elementos con los que cualquier persona se podría identificar”.
Amistad, memoria y creación
Hay una capa adicional que recorre Serendipia: la amistad entre sus creadores. La obra ha servido como espacio de reencuentro entre Mercado y García, colegas y amigos desde hace décadas. “Uno de los temas centrales también es la amistad”, cuenta el director. “Para mí esta obra ha sido muy lindo reencontrarme con Pati… ha sido un proceso muy lindo, muy necesario creo para los dos”.
El proceso creativo incluyó incluso ensayos poco convencionales: “Muchas veces hemos ensayado paseando el auto por la ciudad… ha surgido mucho y nos ha cuestionado muchísimo también con lo que estamos viviendo ahora”.
Una apuesta por el teatro independiente
El estreno en el Teatro del Colegio Franco es apenas el comienzo. Mercado y su equipo tienen la intención de que Serendipia tenga una larga vida, tanto en Bolivia como en el exterior. “Es una dramaturgia paceña de acá, pero a la vez muy universal”, asegura. “Yo creo que esta obra se podría identificar tranquilamente en Argentina, en Chile, en Perú, o en Ecuador”.
Además, la obra ha sido concebida para ser itinerante. “Podemos hacerla no solo en un teatro convencional… nuestro plan es realmente poder viajar a todo Bolivia”, afirma.
En tiempos difíciles para la cultura, el respaldo institucional brilla por su ausencia. Por eso, Cristian no deja de agradecer el apoyo de quienes apuestan por el arte. “TicketsBolivia.com.bo es la única empresa que nos está dando un apoyo, un auspicio… en estos momentos hay que aplaudir cuando una empresa apoya el arte, el teatro. Es muy valorable, la verdad que ya casi no existe”.

Una invitación a mirar hacia adentro
Serendipia es una obra sobre lo que no se dice, sobre lo que se perdió y sobre la necesidad de encontrar sentido cuando la vida entra en su segundo tiempo. Es también un gesto de amor al teatro y a las ciudades, a los cuerpos que transitan en silencio por avenidas iluminadas por la duda y el deseo.
“Creo que la van a pasar bien”, concluye Cristian Mercado, con la calma de quien ha apostado todo por un oficio. “Nos hemos divertido muchísimo con Pati… y le hemos puesto mucho de nosotros a esta obra”.
Serendipia no es solo una obra. Es una confesión escénica. Un espejo nocturno. Una pregunta sin respuesta. Un hallazgo inesperado, como toda serendipia.




















































































