Los glaciares bolivianos, otrora considerados eternos por las comunidades locales, están desapareciendo a un ritmo alarmante que supera todas las previsiones científicas. Un equipo internacional de investigadores, con el apoyo técnico de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), ha documentado la dramática situación del glaciar de la zona occidental del Huayna Potosí, que podría desaparecer completamente en tan solo dos décadas.
Un termómetro del cambio climático global
A 5.100 metros sobre el nivel del mar, el glaciar Huayna Potosí se encuentra en un proceso acelerado de retroceso, perdiendo aproximadamente 24 metros de hielo por año. Donde antes se extendía una «capa espesa de hielo azul», ahora predomina «la roca desnuda que sobresale como un hueso al descubierto», según describe el informe de los investigadores.
«El actual retroceso de los glaciares funciona como un termómetro que refleja la aceleración de los cambios del clima, y el rápido ritmo al que esto sucede es una señal del peligro que supone el aumento de las temperaturas mundiales», afirma Gerd Dercon, Jefe del Laboratorio de Gestión de Suelos y Aguas y Nutrición de los Cultivos del Centro Conjunto FAO/OIEA.
Un manto que desaparece
Los científicos de Argentina, Bolivia, Chile, China, Ecuador y Nepal que participan en el estudio han instalado sensores de neutrones de rayos cósmicos que miden «de forma sencilla, rápida y continua el volumen de agua que se acumula sobre el glaciar en forma de nieve». Esta tecnología de vanguardia transmite datos vía satélite que confirman la disminución progresiva del hielo.
El deshielo ha formado lagos que no existían hace apenas cinco décadas. El agua resultante marca los antiguos límites del glaciar, evidenciando el territorio perdido. La transformación del paisaje no es meramente estética; representa una profunda alteración ecosistémica con consecuencias directas para la biodiversidad andina y las comunidades humanas dependientes de estos recursos hídricos.
Comunidades en riesgo
La desaparición de los glaciares bolivianos amenaza directamente el sustento de cientos de miles de personas. El informe detalla que «las llamas y las alpacas pastan en las fértiles praderas, cuyos pastizales se nutren del agua del deshielo estacional que ha dado forma durante siglos a este ecosistema de alta montaña». Los agricultores dependen del agua del deshielo para sus cultivos y ganado, mientras que aproximadamente un millón de habitantes de El Alto dependen de ella como fuente de agua potable.
Durante generaciones, estos glaciares han representado «un vínculo invisible entre la montaña y las personas que vivían a su pie, al liberar agua a un ritmo que permitía que la vida floreciera». Hoy, ese equilibrio milenario se ha roto.
Factores que aceleran la crisis
Si bien el calentamiento global es el principal responsable del deshielo, en Bolivia existen factores adicionales que agravan la situación. «Los fuertes vientos transportan los sedimentos de las zonas libres de hielo y los depositan en el glaciar, oscureciendo su superficie y aumentando la absorción de calor», explica el informe.
A esto se suma el impacto de fenómenos climáticos cíclicos como El Niño, que «intensifican el calentamiento, lo que hace que las precipitaciones sean irregulares y que el hielo se derrita más rápido». La combinación de estos factores ha acelerado el deshielo hasta niveles críticos.

Adaptación: el nuevo imperativo
Dercon es categórico al afirmar que «no se podrá impedir el retroceso del glaciar», pero enfatiza que «tenemos que almacenar el agua de distintas maneras». Las comunidades bolivianas ya han comenzado a implementar estrategias de adaptación, como la construcción de más embalses (incluidos los de menor tamaño), el dragado de embalses antiguos y el aumento de la altura de los muros de las presas.
Los expertos también recomiendan transformar las prácticas agrícolas para favorecer la retención de agua en el suelo. «Reforestar la zona con árboles autóctonos y frenar el sobrepastoreo de las llamas y el ganado son cambios fundamentales que favorecen la salud de los suelos y ayudan a regenerar la tierra», señala el documento.
Un esfuerzo internacional
La investigación forma parte de una iniciativa más amplia que incluye el establecimiento de «una red internacional para hacer un seguimiento de los glaciares en los Andes y el Himalaya». Esta red proporciona información crucial sobre los efectos del cambio climático en la criosfera (zonas del planeta cubiertas de hielo) y sus impactos en las poblaciones dependientes.
El trabajo conjunto de científicos, instituciones gubernamentales y agricultores locales ha permitido implementar soluciones basadas en evidencia científica, como la captación del agua liberada mediante embalses y presas para aumentar la capacidad de amortiguación del sistema hídrico.
Asimismo, las autoridades bolivianas están desarrollando «nuevas disposiciones sobre el uso del agua a fin de evitar conflictos en el futuro», previendo escenarios de creciente escasez hídrica.
Un llamado a la acción
La situación de los glaciares bolivianos representa un caso emblemático de las consecuencias del cambio climático en ecosistemas vulnerables. Como señala Dercon, «a medida que el hielo se derrite y se vuelve a congelar, no solo quedan patentes los cambios en el clima, sino también que la civilización humana depende en gran medida de estas reservas de agua congelada».
La evidencia científica es inequívoca: estos ecosistemas «que antes se creía que eran inmutables, están desapareciendo más rápido de lo previsto». El tiempo para actuar se agota junto con los glaciares.
Los científicos capacitados por la FAO y el OIEA continúan su labor de sensibilización y búsqueda de soluciones adaptativas en un escenario que se vislumbra complejo: «un mundo que algún día podría quedarse sin glaciares».




















































































