El occidente boliviano tiene un potencial productivo que históricamente ha sido subestimado. Guillermo Pou Munt, fundador y CEO de Orkidea Andina, está convencido de que La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba y Chuquisaca pueden convertirse en el nuevo epicentro agrícola del país. Plantea lograr esto mediante la implementación de tecnología de punta adaptada a las condiciones de altura.
«No hay que olvidar que el occidente de Bolivia en su momento ha alimentado no a miles sino a millones de personas durante cientos de años», recordó Pou Munt. Más aún, explicó que la aparente infecundidad de los suelos altiplánicos es precisamente una ventaja. «El mismo hecho de que la tierra esté estéril permite introducir otros tipos de manejo que dan un gran potencial de rendimiento y productividad», aseguró.
La propuesta de Orkidea Andina se basa en la agricultura 4.0, un modelo de alta tecnología que utiliza invernaderos controlados en lugar de las tradicionales carpas solares. «La carpa solar es una improvisación artesanal de un ambiente controlado», observa Pou Munt. Señala que aunque la inversión inicial es mayor —$us 8.000 frente a $us 5.000—, los rendimientos justifican ampliamente la diferencia.
Los resultados son impresionantes. «Producimos 40, 45 kilos de tomate por metro cuadrado en nuestros invernaderos», afirmó el empresario. Destacó que actualmente tienen invernaderos operando a 3.600 metros en Mecapaca y Viacha, e incluso a 4.200 metros en el municipio de Antequera, Oruro.
Un ecosistema integral
Orkidea Andina no es una sola empresa, sino un conglomerado de ocho compañías que forman un ecosistema completo. «Hemos construido un ecosistema donde tenemos varias orquídeas que se han dedicado a lo largo de los años a traer la tecnología, probarla, asimilarla», detalla Pou Munt.
El modelo incluye unidades de negocios para soporte tecnológico, gestión empresarial, almácigos para producción de plantines, y comercialización para garantizar mercados. «Nosotros le llamamos hubs, no solamente le ayudamos al inversor a desarrollar su negocio para que pueda consolidarse. También inmediatamente puede empezar a expandirse a su alrededor», detalló.
La empresa trabaja actualmente con 127 productos diferentes en investigación y desarrollo. Desde tomate y pepino hasta melón y sandía a 3.600 metros de altura, pasando por hierbas medicinales y aromáticas para invernaderos pequeños. También desarrollan el programa Quinua 3TH, que busca «subir el rendimiento en el altiplano a 3 toneladas por hectárea» cuando actualmente es de solo 500 kilos.
Ventajas competitivas
La altura genera beneficios inesperados. «La presión barométrica es un factor determinante para poder generar mayor concentración de micronutrientes, taninos y grados Brix en los alimentos», señala. Añade que «aquí en La Paz ese tomate es el estándar en el invernadero», alcanzando naturalmente los niveles de calidad que en otras regiones requieren esfuerzos enormes.
Además, las condiciones de altura reducen naturalmente los eventos negativos. «Hay menos presencia de plagas. Si uno tiene un ambiente controlado, no es necesario más que un manejo preventivo», agregó.
De la investigación al escalamiento
El crecimiento ha sido sostenido. «Empezamos en 2018 con 2.000 metros cuadrados de invernaderos y ahora en Achocalla tenemos 3.500 metros cuadrados», indicó Pou Munt. Pero lo más relevante es que «fuera de Achocalla hay 35.000 metros cuadrados de invernaderos más», distribuidos en La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca y Cochabamba.
La visión desde Orkidea Andina es ambiciosa. «Mi sueño es que, dentro de unos diez años, cuando entres en avión a La Paz, puedas ver un mar de plástico igual que el de Almería, pero en el altiplano boliviano», concluyó el empresario. Invita a inversores y familias campesinas a sumarse a este proyecto que busca recuperar el liderazgo agrícola productivo del occidente del país.




















































































