El impacto económico de los ciberataques se ha disparado en la región, haciendo una necesidad prioritaria para las empresas adoptar medidas de ciberseguridad. Según Andrés Rúa, director regional de Johnson Controls, el costo promedio por incidente en América Latina alcanza los $us 4,5 millones, afectando no solo las finanzas de las compañías, sino también la continuidad de sus operaciones en Bolivia. Pablo Camacho, gerente general de Protel, alertó que los ataques crecieron un 25% en 2024, con las pymes como principales víctimas.
La digitalización acelerada en empresas de todos los tamaños ha traído consigo oportunidades, pero también riesgos crecientes. Durante el evento “Conectados y Seguros: Ciberseguridad, IA y Soluciones Integradas”, que se celebró el pasado miércoles en La Paz y luego el jueves en Santa Cruz, expertos coincidieron en que la ciberseguridad ya no puede verse como un gasto, sino como una inversión estratégica para la sostenibilidad empresarial.
Rúa explicó que, en 2024, siete de cada diez compañías en América Latina fueron víctimas de al menos un ataque cibernético, con consecuencias que van más allá de lo financiero. “El costo promedio de un ciberataque en la región es de $us 4,5 millones, y más del 50% de las empresas reportó un impacto directo en sus operaciones”, afirmó.
El ejecutivo destacó que la inteligencia artificial (IA) está jugando un papel decisivo en esta dinámica. Por un lado, las empresas utilizan esta herramienta para detectar patrones anómalos y anticipar intrusiones; por otro, los ciberdelincuentes la emplean para diseñar ataques más sofisticados, personalizados y difíciles de rastrear.
“Hoy la pregunta no es si una empresa será atacada, sino cuándo y cómo. La preparación y la resiliencia hacen la diferencia”, recalcó Rúa.
Bolivia en alerta
En el caso boliviano, los ciberataques aumentaron un 25% en 2024, según Pablo Camacho de Protel. El especialista subrayó que las pymes son las más vulnerables, debido a la limitada inversión en seguridad digital y la falta de programas de capacitación para su personal.
“La mayoría de los incidentes que registramos pudieron haberse evitado con protocolos básicos de seguridad y entrenamiento a los usuarios. El eslabón más débil sigue siendo el factor humano”, explicó Camacho.
El ejecutivo también advirtió que muchas compañías subestiman la magnitud del riesgo: mientras grandes corporaciones destinan presupuestos crecientes a ciberseguridad, una parte significativa de las pequeñas empresas todavía depende de soluciones caseras o desactualizadas, lo que las expone a pérdidas económicas y reputacionales graves.
Inversión y capacitación
Ambos coincidieron en que la clave está en combinar tecnología con educación. La implementación de soluciones integrales (firewalls avanzados, monitoreo en tiempo real, sistemas de respaldo en la nube) debe ir de la mano con estrategias de concienciación interna, que enseñen a los empleados a reconocer intentos de phishing, enlaces fraudulentos y comportamientos sospechosos.
“La conectividad crece en Bolivia, pero la protección no avanza al mismo ritmo”, concluyó Camacho.




















































































