La Corporación Pentágono, ha lanzado Ciudad El Triunfo, un proyecto inmobiliario en Santa Cruz que apunta mucho más allá del urbanismo tradicional. Se trata del desarrollo de 300 hectáreas en Cotoca, que busca restaurar no solo la naturaleza, sino también la forma en que las personas habitan el territorio.
“Después de casi 30 años de ejercer profesionalmente, sentí que algo tenía que cambiar en la manera en que el ser humano se apropia del territorio”, explica Rubén Darío Ortiz Pereyra, CEO de Pentágono. Con esa convicción, en 2016 decidió frenar el ritmo de construcción de la empresa, que hasta entonces lanzaba casi un proyecto por año, para iniciar un proceso de reflexión, investigación y rediseño.
El resultado es una propuesta que rompe con los paradigmas convencionales del desarrollo inmobiliario y que, según su impulsor, no tiene precedentes. “Es único en el mundo”, asevera Ortiz. “He visitado muchas ciudades que siguen líneas similares, pero no he visto una tan integral”.
El cambio de paradigma: de urbanismo a restauración del ecosistema
La propuesta de Ciudad El Triunfo parte de una revisión crítica de la historia de las ciudades modernas. Ortiz identifica tres etapas: la ciudad industrial —orientada a la fábrica—, la ciudad humanizada —centrada en el confort del ser humano— y una tercera etapa emergente: la ciudad para los seres vivos. “Después de ese estudio, lo disruptivo y lo importante para las futuras generaciones es que las ciudades tienen que ser creadas para los seres vivos, no sólo para la industria o para el ser humano”, afirma.
Esta visión llevó a la empresa a replantear incluso el vocabulario del sector. “La palabra urbanismo queda obsoleta. Ahora hablamos de restauración del ecosistema”, señala. En lugar de centrarse en la urbanización como conquista del espacio, Ciudad El Triunfo se presenta como un acto de reconciliación con la biodiversidad perdida.
Restaurar la flora, la fauna y el ser humano
Ortiz y su equipo identificaron que, en el área del proyecto, “existían hace 200 años 42 especies de árboles nativos” que fueron arrasadas por la agricultura intensiva, especialmente sembradíos de chía. “Lo que no se dice es que para que eso sea sembradío, se han extinguido estas especies de árboles nativos, y con ello prácticamente toda la biodiversidad”, observa.
Para revertir esta situación, la empresa desarrolló un vivero con 20.000 plantines de esas 42 especies. “Ya muchos han salido a territorio y se los ve: donde hay un toborochi hay mucho loro, y donde hay papayas silvestres aparecen tucanes, pájaros carpinteros y maticos. No necesita ir a un zoológico para verlos, simplemente visitar la reserva”, explica.
Pero la restauración no es solo ambiental. También incluye una dimensión social y cultural. “Hay que restaurar también al ser humano, que ha perdido muchos valores, costumbres y tradiciones”, dice Ortiz. Por ello, el proyecto integra huertos comunitarios, espacios de encuentro como el “Bosque de la Poesía” y fomenta un estilo de vida basado en la producción y el consumo local.

Agua, alimentos y arquitectura regenerativa
Uno de los pilares técnicos del proyecto es el manejo eficiente del agua. Todas las calles y avenidas están diseñadas para conducir las lluvias hacia un reservorio, desde donde se bombea a un tanque australiano ubicado en el punto más alto del predio. “De ahí bajamos por gravedad para riego de viveros, huertos, calles y avenidas. El ahorro de agua es considerable. Nuestro estanque prácticamente nunca se ha vaciado”, indica.
Este enfoque responde a un problema estructural: la compactación del suelo causada por la agricultura mecanizada, que impide la filtración del agua hacia los acuíferos. “Cuando llega a los 40 centímetros de profundidad, el agua ya no penetra y se escurre hacia los ríos. Por eso donde antes había agua ahora no hay”, explica Ortiz.
Otro componente clave es la producción de alimentos en los propios hogares. “La industria nos metió el paradigma del jardín decorativo. Pero antes los patios eran comestibles: guayaba, papaya, plátano, yuca. No se compraba comida. Queremos revertir eso, volver a lo original”, dice. Esta visión también apunta a reducir la huella de carbono. “Una palta que llega desde Perú genera una contaminación enorme. Nosotros queremos que el alimento esté a metros de la casa”.
Un nuevo modelo de financiamiento
Ciudad El Triunfo prevé albergar 6.000 viviendas y 1.200 sitios comerciales, organizados en 12 condominios. El primero ya está completamente desarrollado, con calles pavimentadas, portería, club social y 35 familias habitando. “El segundo condominio está vendido al 90%, el tercero al 60% y el cuarto al 40%”, detalla Ortiz.
Para sortear la falta de financiamiento bancario —producto de la crisis y las altas tasas en bolivianos— la empresa optó por un modelo mixto de venta: 80% terrenos con crédito directo y 20% viviendas construidas. “Antes vendíamos 80 viviendas mensuales. Ahora vendemos tres. Esta estrategia nos permite tener flujo sin depender de la banca”, afirma.
Los terrenos tienen precios que oscilan entre 15.500 y 22.000 dólares, y se venden con una cuota inicial de 500 dólares y pagos a ocho años. Las viviendas, por su parte, cuestan entre 51.000 y 68.000 dólares, con un 40% de cuota inicial y financiamiento a 15 años. Las cuotas mensuales rondan los 300 a 350 dólares.

Inversión y perspectivas futuras
La inversión acumulada en el proyecto hasta ahora asciende a 20 millones de dólares, pero el plan maestro prevé alcanzar los 300 millones en una década. Además de viviendas, incluye colegios, clínicas, transporte público, supermercados, cines y mercados.
Actualmente, Ortiz tiene también en carpeta otro desarrollo en el Urubó, donde posee 100 hectáreas aprobadas para construir 2.000 viviendas. Sin embargo, por ahora toda la atención está en consolidar Ciudad El Triunfo.
En el mediano plazo, la Corporación Pentágono evalúa expandirse a Brasil, concretamente a la región de Campinas, donde desde hace seis años monitorean un “cinturón de desarrollo inmobiliario” entre cercano São Paulo. “Ahí permanentemente hay 10 proyectos en construcción. Estamos viendo de comprar tierras allá”, confirma Ortiz.
Un refugio para quienes buscan calidad de vida
Según el CEO, el 60% de los propietarios del primer condominio proviene del interior del país, especialmente de Cochabamba y La Paz, y el 40% son locales. “Muchos cruceños se están acobardando del tráfico y del estrés. Van al restaurante que tenemos allá los fines de semana, saborean esa vida tranquila y se terminan mudando”, comenta.
La distancia desde el cuarto anillo de Santa Cruz hasta Ciudad El Triunfo es de 27 kilómetros (unos 40 minutos en auto), lo que varios clientes consideran un precio aceptable por los beneficios que encuentran. “Hay un amigo que vendió su casa en la ciudad por 140 mil, se compró una vivienda acá en 65 mil, un auto eléctrico y dice que el tiempo de viaje no le preocupa”, cuenta Ortiz.
Una residente proveniente de Cochabamba le dijo que “se me acabaron todas las dolamas viviendo aquí”. Para Ortiz, ese es el mejor indicador del impacto del proyecto. “Salen a andar en bicicleta, cosechan alimentos… realmente el lugar es muy tranquilo y sanador”.
Una apuesta resiliente en tiempos de crisis
En un país donde el acceso al crédito está restringido y los precios de los materiales de construcción han subido un 22% en los últimos años, proyectos como Ciudad El Triunfo representan una apuesta audaz. La empresa ha logrado contener ese impacto trasladando solo un 10% al precio final mediante ajustes en diseño, proveedores y materiales.
“La banca está bastante frenada, es comprensible. Pero nosotros seguimos adelante porque nos adaptamos rápido. Los empresarios que seguimos vigentes es porque tenemos esa capacidad”, concluye Ortiz.
En tiempos de incertidumbre económica, Ciudad El Triunfo no solo propone un modelo financiero flexible, sino también una nueva forma de entender el desarrollo urbano: una que pone en el centro la naturaleza, la autosuficiencia y la calidad de vida.
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