Un rasgo histórico del bloque nacional-popular referido a la gestación de liderazgos políticos, a diferencia de los sectores conservadores, está articulado inexorablemente al campo de la lucha social. Bajo este argumento, sería impensable que en el bloque nacional-popular emerja, en un cerrar de ojos, un outsider.
En el campo nacional-popular, los líderes no establecen vínculos perecederos, sino perdurables —no significa necesariamente eternos— con sus bases políticas/electorales. O sea: en la lucha social se gestan los liderazgos. Así sucedió ayer con Evo Morales, hoy ocurre con Andrónico Rodríguez. Este joven político de arraigo popular ingresó a la universidad pública para convertirse en politólogo, pero, sobre todo, asumió in situ, en el Trópico cochabambino, el liderazgo forzado no solamente de los productores de hoja de coca, sino de todo el bloque nacional-popular en un contexto político complejo: el golpe de Estado de 2019.
El exilio de Morales, posterior a su renuncia presidencial forzada, provocó que sus bases cocaleras y el conjunto del bloque nacional-popular quedaran expuestas al autoritarismo del gobierno transitorio. En esta coyuntura política surgió Andrónico; enfrentando una persecución política, emprendió una campaña de resistencia contra el gobierno de Añez. Allí se encuentran los gérmenes del liderazgo político de Andrónico, en el campo nacional-popular.
En su gestión legislativa presidiendo la Cámara de Senadores, este líder joven de 36 años demostró su capacidad de gestión, pero, sobre todo, sus quilates políticos. Obviamente, su gestión mediatizada por una permanente trifulcas al interior del Movimiento Al Socialismo (MAS), pero Andrónico intentó atemperar esas bregas. La intensidad de ese conflicto interno hizo su inclinación, en varios trechos de su gestión legislativa, al ala evista, quizás a regañadientes, ya que esta ala tiene su base política en el Trópico cochabambino donde proviene su propio liderazgo político.
A diferencia de muchos líderes políticos, tanto del oficialismo como de la oposición, Andrónico posee un discurso coherente con su acción política. Aquí radica su madurez política. Su imagen se perfiló como un referente inequívoco para una auténtica renovación no solamente en el bloque nacional-popular, sino para el propio campo político boliviano. Una renovación que no es solamente biológica (dicho sea al pasar, el sistema político está marcado por la gerontacracia), sino, sobre todo, por una renovación de ideas en un contexto discursivo marcado por viejas ideas.
Las luchas internas en el MAS no solamente generaron un desgaste de los actores involucrados (arcistas y evistas), sino del propio MAS, con efectos para el bloque nacional-popular. En ese contexto crítico donde los líderes de ambas alas: Morales, en el caso de los evista, y el actual mandatario, Luis Arce, en el ala arcista; por distintas razones, ambos liderazgos están decaídos. Cuando el horizonte político/electoral del bloque nacional-popular se presentaba sombrío aparece, como si fuera una luz al final del túnel, la figura de Andrónico Rodríguez; se posicionó en el mapa político. Según las últimas encuestas, este joven político encabeza la lista de postulantes presidenciables de Bolivia, sin ser (todavía) un candidato oficial.
En suma, la presencia de Andrónico en el campo político ocasionó un escozor patentizado en críticas externas al MAS, desde una mirada adultocentrista, cuestionando su juventud e, internamente, desde el ala evista, acusándolo de “traidor”. Pero el perfil político de este líder joven sigue en subida.
*Es sociólogo




















































































