Hace poco escribí sobre la feminización de la política y de cómo la elección de 2025 en Bolivia estaría en manos de nuestras hijas, al poco tiempo esta hipótesis fue asentando cuando fueron ellas quienes en dos días se encargaron de liquidar a un artista que en vez de disculparse por lo hecho hace algunos años, optó por atacar a la víctima.
Por ello, vuelvo a insistir en el tema de las y los jóvenes, pues mientras posibles candidatos sigan dando vueltas sobre sus mismas ideas, nichos electorales y con proyecciones a lograr las mismas votaciones que en el pasado, salvo el MAS que aún no propone ni una idea y continúa enfrascado en lo imposible apostando a una generación sin opciones (cualquiera de los bandos) en vez de dar el salto que la gente pide, las y los jóvenes siguen mirando donde encajar su decisión.
Ellos, post pandemia con capacidad y velocidad mental para atender y entender muchisimas cosas por segundo son: a) Jóvenes profesionales con su primer crédito sea de vehículo o vivienda, ya insertados con empleo en sector público o privado, formal o informal; b) emprendedores autogestionados, que con conocimientos específicos recurren a esa ventaja para laburarse el día a día, casi siempre apretados económicamente; c) aspiracionales que están estudiando alguna carrera o curso y tienen un trabajo intermitente, han cambiado de rumbo varias veces porque no resultó lo que esperaban mas no quieren estar como sus padres correteando; d) desilucionados que salen bachilleres pero no saben qué hacer, sienten que el país no les da nada y se quedan cerca del TikTok a veces para entretenerse, otras para informarse, tienen en común que no están dispuestos a perder derechos, avances logrados; quieren estabilidad donde desarrollar lo suyo en paz; y quieren tener ingresos que les permitan vivir.
Con criterio político aún sin formación —porque en Bolivia es imposible ser un despistado si la política es el diario vivir— esperan que las figuras presidenciales y quienes integren las planchas a la Asamblea les hablen de lo que interesa, de economía, de qué van a hacer con el gasto en las Fuerzas Armadas y esas jubilaciones de privilegio de las que habla María Galindo, o el famoso servicio militar obligatorio inútil; del medio ambiente y los bosques que se queman cada año; de la contaminación de los ríos y comunidades de la minería ilegal, que de yapa no deja ni un peso para el Estado; de la basura que se deposita en los barrios y contamina ese mundo donde ellos quieren vivir y pasear; de los bancos, las cripto y de cómo pagar el Netfilx o su internet; de si ese Estado que les ofreció empresas estratégicas para que tengan bonos su abuelita, sus papás, las embarazadas o como muchos de ellos como incentivo a fin de año en el colegio, debe seguir o desaparecer; de si las instituciones sirven o son burocracia. Ellos no quieren colas para los tramites, para qué colas y fotocopias de carnet si tienen el celular desde que despiertan, pero también requieren que se les diga el cómo.
¿A tan sólo seis meses de las elecciones en Bolivia, nadie les habla, quién atenderá sus sueños?
Susana Rivero Guzmán es abogada penalista, constitucionalista y feminista.














































































