Carlos Ponce, figura emblemática de la música nacional y reconocido maestro de la zampoña, ha sumado a su trayectoria artística una nueva apuesta: Cóndor Blanco. Se trata de un singani artesanal producido en la zona de Camargo que busca devolverle al destilado boliviano la esencia de antaño. La iniciativa, impulsada por un movimiento familiar liderado por Ponce, llega a un mercado donde el singani —reconocido por ley con denominación de origen desde 1992 y declarado Patrimonio Cultural de Bolivia— no deja de ganar reputación y proyección internacional.
Tras el sabor tradicional
La motivación detrás de Cóndor Blanco es, ante todo, generacional. «Habíamos visto que el mercado del singani estaba construido por varias empresas, pero se había perdido la esencia del sabor del singani de los ochenta», explica Ponce. «La necesidad de encontrar nuevamente ese sabor que deleitaba a nuestros abuelos y a nuestros padres era la meta”.
El proyecto se gestó entre 2018 y 2019, sufrió la pausa de la pandemia y maduró sin prisa. «Como artista siempre he buscado el sabor de un singani que identifique con tanto orgullo a Bolivia», afirma. La apuesta tiene además un componente social: «que el boliviano, con 35 bolivianos al por mayor, pueda tener una buena botella de singani». La comparación que hace Ponce es elocuente: una botella premium de las marcas tradicionales se ofrece en el mercado a cifras mucho más altas. Cóndor Blanco busca ofrecer una experiencia al paladar igualmente sofisticada, pero no cara para el bolsillo.
Producción artesanal
El proceso ha sido cuidado desde la cosecha. «Poco a poco se ha ido estudiando en poblaciones cercanas a Camargo. Se ha empezado a trabajar, se ha logrado tener la cosecha y, paulatinamente, la destilación», relata. El resultado es un singani de 39 a 40 grados de alcohol, sin excipientes. Contiene uva 100% boliviana, fiel a los parámetros de la denominación de origen. La misma que reserva el nombre exclusivamente para destilados elaborados con Moscatel de Alejandría cultivada por encima de los 1.600 metros.
«Está destilado de manera artesanal y orgánica, y hemos logrado conseguir el sabor que estábamos buscando», sostiene Ponce. «Al tomarlo uno siente el sabor como si fuese vino, la fragancia, pero es singani”.
Identidad y experiencia únicas
El nombre no es casual. «Los emprendedores somos paceños», dice Ponce. «El cóndor es un ave suprema, majestuosa. Después de haber estado en quince países del mundo, hemos visto que lo que más se conoce de este lado de Bolivia es nuestro cóndor”. El adjetivo «blanco» remite a la propia bebida: «además de ser supremo, este trago es puro, transparente y sano».
La propuesta se acompaña de una visión que excede lo gastronómico. Ponce reivindica el singani como bebida saludable. «Por algo los franceses toman vino siempre en las comidas; para nosotros es el singani, pero que sea 100% uva», asevera. Lo considera un aliado de la cocina boliviana, «que no es liviana». Pronto se sumará un cóctel homónimo, preparado con singani, agua tónica y limón, además de una página web con recetarios. Mientras tanto, Cóndor Blanco se distribuye por pedido a todo el país y ya prepara su consolidación en La Paz y Oruro, en una presentación de vidrio y otra en PET pensada para llegar más lejos.
Los pedidos se atienden vía WhatsApp al 76757350.





















































































