El Banco Unión habilitó esta semana la compraventa de USDT a través de su billetera Yasta. Con ese movimiento, la entidad controlada por el Estado se sumó a los cuatro bancos privados que ya operan con la stablecoin emitida por Tether: Bisa, BCP, Ganadero y FIE. Un par de años atrás, hacer lo mismo desde una cuenta boliviana podía derivar en un proceso judicial.
El giro que viene dando el país es vertiginoso. Según un informe de Chainalysis, Bolivia captó $us 14.800 millones en criptoactivos entre julio de 2024 y junio de 2025. Se ubica así como el séptimo país de América Latina por volumen recibido; nueve puestos por encima de El Salvador, célebre por adoptar bitcoin como moneda de curso legal. El Banco Central de Bolivia, por su parte, reportó un crecimiento de 530% en operaciones a través de plataformas como Binance entre 2024 y 2025.
Aceleración
La aceleración no responde a entusiasmo tecnológico, sino a una urgencia económica. La escasez crónica de dólares que arrancó en febrero de 2023, una inflación que cerró 2025 por encima del 20% y un sistema bancario que llegó a limitar las transacciones en dólares, empujaron a hogares y empresas a buscar alternativas. El USDT —diseñado para mantener paridad uno a uno con el dólar estadounidense— se convirtió en la respuesta práctica.
Para Hugo Miranda, ingeniero industrial y especialista en economía digital, la diferencia en Bolivia con la banca tradicional es operativa antes que ideológica. “Antes, si uno quería enviar dinero a China, primero tendría que elegir un banco, ir personalmente hasta una de sus oficinas y firmar una serie de documentos. Ahora se puede hacer una transacción directamente desde el celular”, explica. “Y también podría hacerlo en un feriado o cuando la banca está cerrada”.
El servicio que la banca tradicional no ofrece, lo proveen plataformas privadas. Miranda menciona a Takenos, una empresa argentina con oficinas en Santa Cruz que abre cuentas empresariales y procesa transferencias internacionales sin las restricciones del horario bancario. Binance, por su parte, lanzó hace dos semanas una tarjeta Mastercard vinculada a saldos en USDT. “Las comisiones son mucho más baratas. El banco te cobra una serie de comisiones, mientras que aquí la comisión es prácticamente cero”, explica el especialista.
Adopción real
La economía real se acopla en paralelo. YPFB autorizó en marzo de 2025 el uso de criptomonedas para importar combustibles, una medida pionera en la región. Concesionarios de vehículos importados aceptan pagos en USDT.
Miranda observa que la integración bancaria no es neutral. “El sistema financiero se está acoplando, pero lo que están aprovechando es venderte prácticamente el dólar al paralelo”, advierte. Aun así, sostiene que el movimiento es de fondo y que excede a la coyuntura local.
La maduración de este fenómeno no es solo en Bolivia, sino que encuentra su correlato en los principales centros financieros globales. El patrón general es que están migrando de la desconfianza inicial hacia el establecimiento de reglas claras. En julio de 2025, Estados Unidos sancionó el GENIUS Act, una ley que crea un marco regulatorio federal para las stablecoins de pago. Esto permite que la banca tradicional las emita bajo supervisión de la Reserva Federal y estableciendo requisitos de reservas del 100% para proteger a los consumidores .
En la misma línea, el Banco Central Europeo lanzará en el tercer trimestre de 2026 Pontes, su infraestructura de liquidación en blockchain para dinero de banco central, con el objetivo de integrar los activos digitales en los sistemas de pago tradicionales europeos sin generar fragmentación. Brasil consolidó su sistema de pagos instantáneos PIX, mientras que en Argentina y México el uso de stablecoins se expande..
Bolivia llega atrasada a esa conversación, pero llega. Cinco bancos operando con activos digitales, una empresa estatal pagando combustible en stablecoins y una tarjeta Mastercard de Binance disponible localmente son señales de un sistema financiero que, empujado por la crisis, terminó acoplándose a una corriente global que ya no admite vuelta atrás.




















































































