Un dato publicado esta semana lanzó nuevas luces en la conversación sobre el futuro de los pagos globales. Según Binance Research, las stablecoins —monedas digitales ancladas al dólar— procesaron cerca de $us 33 billones en transacciones durante 2025, frente a los $us 14 billones de Visa. Un informe paralelo de la plataforma Morph eleva la apuesta. Esos $us 33 billones superan los $us 25,5 billones combinados de Visa y Mastercard, con varios meses recientes cruzando los $us 1,5 billones mensuales.
Sin embargo, hay matices detrás de las cifras. McKinsey estima que apenas $us 390.000 millones de ese volumen corresponden a pagos reales. El grueso sigue siendo trading y flujos de protocolos descentralizados. Pero la tendencia es innegable y el componente empresarial crece rápido. Cerca del 60% de los flujos hoy son business-to-business (B2B), impulsados por tesorería corporativa transfronteriza y pagos a proveedores.
El argumento que explica la adopción es económico. Binance Research comparó el costo de enviar $us 10.000 al exterior: casi cero y liquidación instantánea con stablecoins. La alternativa: $us 150 y 72 horas vía SWIFT, o $us 300 y 48 horas por redes de tarjetas. «La brecha es estructural, no marginal», concluyó Richard Teng, co-CEO de Binance. «Si haces una transferencia con stablecoin, es instantánea a una fracción del costo», remarcó.
El impacto no es algo desapercibido en lo que hace al asunto clave de las remesas. En corredores que conectan trabajadores migrantes con sus familias en Filipinas, África o América Latina, las comisiones promedian entre 6% y 8%. Un trabajador que envía $us 500 desde Asia pierde entre $us 30 y $us 40 en intermediarios. El uso de stablecoins deja de ser una curiosidad para pasar a ser algo tangible.





















































































