Juan Pablo Saavedra, director en la Cámara Boliviana de Desarrolladores Inmobiliarios (CBDI), advierte que la estabilización del tipo cambiario del dólar es importante, pero puede resultar insuficiente. El problema estructural que amenaza el sector inmobiliario, un motor clave de la economía boliviana, es la contracción dramática del crédito de vivienda social.
«El verdadero riesgo para el mercado inmobiliario no es el dólar, es la caída del crédito de vivienda social», afirma Saavedra. Las cifras que cita son contundentes: el crédito de vivienda social ha caído en más de Bs 2.000 millones desde su pico, en un país donde el déficit habitacional supera los 1,5 millones de viviendas.
La raíz del problema es financiera. «Hoy el mayor desafío del sector no es el tipo de cambio, es el financiamiento», explica Saavedra. Las tasas de interés reguladas están por debajo del costo real de fondeo de la banca, creando un desincentivo fatal. «Ningún sistema financiero puede expandirse si opera con márgenes negativos o insostenibles», señala el director del CBDI.
Las consecuencias vienen en cascada. Si no se corrige este esquema, se restringe el acceso a vivienda, se paralizan nuevos proyectos y se afecta directamente el empleo. Y aquí está la dimensión social de la crisis: la construcción de vivienda formal genera más de 130.000 empleos directos y más de 300.000 empleos indirectos en Bolivia, activando más de 40 actividades económicas. Se trata de «uno de los motores laborales más importantes del país, por su gran efecto multiplicador».
Pero el sector también muestra resiliencia. A pesar de la volatilidad económica, los inmuebles se han establecido firmemente como reservas efectivas de la riqueza de las personas. «Los inmuebles —viviendas y terrenos en desarrollos formales— se han consolidado como una alternativa sólida para proteger los ahorros frente a la inflación y la incertidumbre cambiaria», explica Saavedra. «En contextos de volatilidad, los activos reales tienden a preservar valor relativo. La demanda no desaparece porque la vivienda es una necesidad básica y un activo tangible».
Esta es la paradoja actual: mientras existe demanda insatisfecha masiva y vivienda sigue siendo refugio de valor, el crédito se contrae y los proyectos se paralizan. Saavedra es claro en su diagnóstico. «Bolivia no necesita solo un tipo de cambio referencial; necesita más inversión y más exportaciones para generar divisas sostenibles», asevera.
Desde la CBDI presentaron una propuesta técnica para dinamizar el acceso a vivienda. Pero el debate, insiste Saavedra, trasciende al sector. Si el crédito de vivienda social continúa contrayéndose, el país no solo enfrentará menos proyectos inmobiliarios, sino menor generación de empleo y un agravamiento del déficit habitacional. “Actualizar la política de vivienda es una decisión urgente para reactivar la economía”, concluyó..




















































































