Comenzó la luna de miel del nuevo gobierno, todo se ve color de rosa y la esperanza reemplaza a la zozobra que vivimos durante el periodo electoral.
Pero toda luna de miel acaba y cada vez la realidad golpea más pronto, los esfuerzos por salir de la emergencia ocupan las agendas de todos los empoderados nuevos inquilinos de palacio y obviamente es lo primero que hay que hacer, ¿Qué viene después? Para el sector minero que se comenta en esta columna llamó la atención en el acto de posesión de nuevos ministros, el hecho de no haber nombrado al Ministro de Minería, no se sabe el motivo, si es estratégico, político o por cambio de la estructura del gobierno. Pareciera que la minería en este país ha pasado de haber sido por siglos el centro de la preocupación, a ser considerada “mala palabra”. Sin querer queriendo o intencionalmente todos los actores políticos que quieren ponerse hoy un disfraz de activista verde o de adalid de la transición energética, evitan referirse a la minería. Otrora sostén de la economía del país es vista hoy de soslayo, todo el mundo piensa en dejarla, reemplazarla por el turismo, la agricultura, las energías renovables, etc.
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La cuestión no es tan sencilla, el sector minero nacional representa entre el 6% y 8% del PIB nacional y más del 45% del valor de las exportaciones considerando minerales y metales en los datos del INE, Ministerio del ramo y Banco Central; es el empleador por excelencia tomando en cuenta el empleo informal en cooperativas mineras y es el motor de la actividad económica en ciudades mineras como Oruro y Potosí y en centros urbanos y sub urbanos del radio de influencia de minas y proyectos mineros. ¿Podremos cambiar esta matriz productiva en el mediano y aún en el largo plazo? Es la pregunta del millón. Nadie habla de lo realmente importante para el sector: ¿Se debiera volver al sistema de concesiones mineras? ¿Se debe seguir fomentando la minería informal? ¿Qué papel debiera jugar el capital privado nacional y extranjero en el desarrollo de nuevos proyectos mineros? ¿Se deben promover la mega minería y el juego en las bolsas de valores o se debe volver a la minería de los socavones de angustia de los siglos precedentes? ¿El país puede prescindir de la minería? ¿Debemos apagar la luz y cerrar las puertas a futuros proyectos o todavía tenemos minería para rato? ¿Podemos garantizar seguridad jurídica a los inversionistas mineros o se replicaran la toma de minas y/o las re estatizaciones y los problemas sociales por reivindicaciones y ajustes salariales atemporales? En síntesis, la actual normativa jurídica del sector minero debe continuar o ¿debieran ser revisadas o reemplazadas la Constitución Política del Estado y la Ley 535 de Minería y Metalurgia? Se discutió muy poco en los debates electorales, se miró de reojo el problema en el balotaje y se rehúye las definiciones por la presión social y sindical en estos días; mientras tanto el mundo está viviendo un boom de exploraciones, puesta en marcha de proyectos mineros, fusiones y adquisiciones de empresas y lucha por monopolios y oligopolios de los ahora clasificados como metales críticos; los países detallan sus listas de estos metales, el juego de inversiones, compras y ventas de activos y stocks es frenético en las bolsas de valores, los precios de metales como el cobre, antimonio, estaño, wólfram que eran de mediana importancia ahora están por las nubes, ni que decir de metales como platinoides, tierras raras, metales radioactivos o el oro que está batiendo records históricos cada semana. Nosotros estamos camino a perder el tren de la historia otra vez si no reaccionamos ya. Es hora de hacerlo, estos fenómenos globales tienen fecha de vencimiento, no esperan el paso cansino al que estamos acostumbrados.
(*) Dionisio J. Garzón es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia















































































