En un contexto donde el arte escénico boliviano enfrenta desafíos constantes —más aun en tiempos de crisis—, surgen iniciativas que apuestan por la formación, la colaboración y la construcción de comunidad. Daniela «Dani» Trigo, actriz de teatro y cine formada en Nueva York en técnica Meisner y movimiento escénico, es una de las impulsoras de una renovación formativa.
Desde que la pandemia golpeó al sector artístico, encontró en la adversidad una oportunidad para transformar su práctica profesional en una propuesta pedagógica. «Yo no sabía qué hacer en ese momento y quería continuar, como sea, la parte de forma, o sea, mantener el contacto con mi arte», explica sobre el origen de Contacto Comunidad Creativa, su emprendimiento educativo que ya cumple cinco años de vida.
Formada en Nueva York en técnica Meisner y movimiento escénico, Trigo decidió llenar un vacío en la oferta formativa local. «Quise empezar a enseñar esta técnica, que no se conoce tanto en Bolivia». Con la bendición de sus maestros en Estados Unidos, inició un proyecto que ha evolucionado más allá de las clases de actuación, expandiéndose hacia la oratoria y generando espacios de colaboración interdisciplinaria.
La técnica Meisner, una metodología actoral que privilegia la conexión auténtica y el presente escénico, ha encontrado en Bolivia un espacio de crecimiento gracias a proyectos pedagógicos que buscan profesionalizar y ampliar las herramientas de artistas locales.
Un modelo de colaboración artística
Contacto Comunidad Creativa no es solo un espacio de enseñanza tradicional. «Hago una sección dentro de Contacto, que es Contacto Colaboraciones o Contacto Collabs, en la cual justamente colaboro con personas de distintas disciplinas para poder ofrecer un taller un poco más completo y tal vez único, en el que no encontrarías en otros lugares», señala Trigo, quien ha encontrado en esta metodología una forma de «crear justamente eso, una comunidad dentro del mundo artístico para poder apoyarnos entre nosotros».
Un ejemplo de esta filosofía colaborativa es el taller que dicta junto a Mayra Gonzales, vocal coach certificada por la Academia de Actualizaciones Fonoaudiológicas de Argentina. Ya su más reciente versión, el taller está realizando un tour por La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. «Es como un bootcamp», explica Trigo, «Mayra da tres horas de sus conocimientos, que es en canto y es coach vocal, y yo en la parte performática, al próximo día, entonces tienen seis horas de entrenamiento». Los estudiantes culminan su formación en el Anti-K, un anti-karaoke donde pueden «enfrentarse al público y poder mostrar lo que han aprendido».

Entre el cine, el teatro y la publicidad
La trayectoria profesional de Daniela Trigo en el último año ha sido intensa. Ha participado en dos películas: «Llajua», bajo la dirección de Nakai Mirtenbaum, su colega de la misma escuela de Nueva York, y «El Coro», filmada en La Paz en mayo de este año bajo la dirección de Fernando Arce. Ambas producciones se estrenarán próximamente.
En teatro, lleva tres años con una obra particularmente significativa: ganadora del Fondo Concursable de APAC (Asociación Pro Arte y Cultura), «hemos hecho una obra de teatro basada en unas cartas que hemos encontrado de la Guerra del Chaco, y hemos recreado un poco la memoria de lo que fue la guerra desde el punto de vista de las mujeres». La producción ha alcanzado más de 60 funciones y fue presentada en La Paz el año pasado. «Es una obra de la cual estoy muy orgullosa porque ya hemos hecho como 60 o 70 funciones y siempre ha tenido una muy bonita respuesta», afirma.
Además, Trigo se desempeña en publicidad y realiza trabajos de voice over en español e inglés, manteniendo una carrera diversificada. Según explica, «la técnica Meisner siempre me ha ayudado a obtener distintos papeles, tanto en publicidad como cine».
Comunidad versus adversidad
Al reflexionar sobre el panorama actual del teatro y cine boliviano, Trigo muestra una visión equilibrada entre el optimismo y el realismo crítico. «Siempre ha habido este tema de los pagos atrasados, temas así, eso siempre ha sido un problema», reconoce, destacando particularmente la situación de la escuela de teatro en Santa Cruz, a la que «tengo entendido que les debe mucho dinero la alcaldía».
Sin embargo, encuentra motivos para la esperanza: «Lo que me agrada mucho es que siento que cada vez hay mayor conexión y comunidad entre artistas de distintas ciudades de Bolivia, entonces eso me ilusiona bastante». Citando al director del Teatro Nuna, Luis Daniel Iturralde, durante la apertura del Nuna Fest, Trigo rescata el concepto de «comunidad competitiva, una cuestión en la cual distintos grupos nos apoyamos en la difusión».
Para Trigo, el apoyo mutuo es fundamental. «Como artistas nos podemos apoyar entre nosotros, pero si es que no hay un apoyo real, del otro lado es muy difícil creer en la palabra de las autoridades para poder crear cultura, que creo que es eso al final lo que hacemos».
Su taller personal de técnica Meisner comienza el 20 de octubre con ocho clases intensivas de una hora y media cada una, totalizando 12 horas enfocadas exclusivamente en esta metodología actoral que, según sus propias palabras, fue una tabla de salvación profesional y personal.

La técnica Meisner: actuación desde la conexión auténtica
Desarrollada por el actor y maestro estadounidense Sanford Meisner (1905-1997) en la Neighborhood Playhouse de Nueva York durante la década de 1930, esta técnica representa una de las aproximaciones más influyentes en la formación actoral contemporánea. Para Daniela Trigo, su impacto fue transformador.
Trigo explica su cambio de paradigma. «Anteriormente yo era una actriz de método, entonces para explicarlo de manera fácil, los actores de método utilizan más sus vivencias». El método Stanislavski y su derivación estadounidense, conocida como «el Método», proponen que los actores recurran a su memoria emocional personal para construir los personajes. Sin embargo, esto puede resultar emocionalmente agotador y limitar la espontaneidad escénica.
«Lo bueno de la técnica Meisner es que conecta al actor con el presente y con el contacto con el otro actor, entonces a través de la real conexión empiezas a tener momentos auténticos y desde la vivencia», señala Trigo. Esta diferencia fundamental libera al intérprete de la necesidad de constantemente bucear en experiencias personales traumáticas o intensas.
El ejercicio de repetición
El corazón de la técnica Meisner radica en sus famosas rutinas. «Esto se hace a través de una serie de ejercicios, que se llaman ejercicios de repetición, en el cual los dos actores olvidan, inclusive las palabras, y solo valga la redundancia, repiten, pero en esa repetición se va creando la real conexión de la escucha y de la observación de cuestiones minúsculas, digamos, de la cara, de la energía del otro», explica la actriz.
En estos ejercicios, dos actores se sientan frente a frente y uno hace una observación sobre el otro (por ejemplo, «estás sonriendo»). El segundo actor simplemente repite lo dicho, y el intercambio continúa. Aunque parezca mecánico, el ejercicio obliga a los actores a estar genuinamente presentes, respondiendo a los cambios reales en el comportamiento y estado emocional de su compañero, no a ideas preconcebidas sobre cómo debería desarrollarse la escena.

De la repetición a la acción
La técnica progresa en complejidad. Según Trigo, «en una segunda instancia ya se trabaja con el real hacer, que es mantener el contacto con tu pareja, pero empezar a hacer, porque en la técnica Meisner la descripción es hacer con verdad en una situación imaginaria o en una circunstancia imaginaria».
Meisner creía que la actuación debía fundamentarse en «hacer con verdad bajo circunstancias imaginarias». Los actores aprenden a mantener la conexión auténtica desarrollada en los ejercicios de repetición mientras ejecutan acciones y persiguen objetivos específicos dentro del contexto ficticio de una escena.
Percepción y sensibilidad
Para Trigo, el valor del taller introductorio que ofrece reside en «abrir la mente de cada estudiante a sus percepciones y a sus sentidos, y al contacto con el otro actor». La técnica desarrolla «los sentidos y la percepción» mediante «la real conexión de la escucha y de la observación», permitiendo captar «cuestiones minúsculas» en la expresión y energía del compañero de escena.
Esta metodología ha sido adoptada por numerosas escuelas de actuación y ha influido en generaciones de actores reconocidos internacionalmente. Su énfasis en la verdad del momento y la reacción genuina continúa siendo una herramienta fundamental para construir interpretaciones creíbles y emocionalmente resonantes.




















































































