El esplendor y la prosperidad de Grecia se extendieron durante tres a cuatro siglos, tiempo en el que la sociedad griega alcanzó un notable grado de desarrollo, considerado uno de los más altos de la humanidad en aquella época.
Este “milagro griego” no fue siempre reconocido ni comprendido en toda su dimensión. A pesar de ello, Grecia legó a la humanidad un conjunto de cualidades intelectuales extraordinarias, que situaron a su cultura por encima de muchas otras civilizaciones de la antigüedad.
Sin duda, todo ello contribuyó a proyectar en el mundo occidental la profunda inteligencia y sabiduría de esta sociedad, que solo comenzó a valorarse plenamente a partir del siglo XIX, cuando se reconoció a Grecia como una cultura dotada de una sapiencia singular. Más allá de sus aportes intelectuales, destaca también su concepción estética, expresada en la belleza ideal de sus esculturas, que revelan una sensibilidad única por las formas, la proporción y la luz.
Hoy se tiene un amplio conocimiento sobre la sociedad griega de los siglos V y IV a.C., aunque es lamentable que su arte haya influido de forma tardía en la humanidad. Fue gracias a autores como Vitruvio —quien, influido por Grecia, actuó desde Roma— que se comenzó a difundir su legado artístico.
No puede dejarse de mencionar la belleza física de su población, representada en esculturas denominadas “estatuerías” por los romanos. En ellas, el mármol y el bronce heredaron a la humanidad de perfiles sinuosos y curvas praxitelianas, realzadas por suaves gradaciones de luz. Un ejemplo paradigmático es el Hermes de Olimpia, una escultura clásica atribuida a Praxíteles que representa al dios Hermes portando al niño Dionisio.
Más allá de lo estético, Grecia transmitió a la humanidad la imagen de un pueblo sano y vigoroso, cuyas esculturas constituyen importantes referentes de armonía y proporción. A ello se suma la invaluable herencia filosófica, transmitida por pensadores cuya influencia ha perdurado en el tiempo.
Sin embargo, según algunos escritos, los pequeños estados griegos no lograron ejercer una influencia profunda y sostenida en otras sociedades de su tiempo. De hecho, se afirma que el templo griego solo empezó a conocerse ampliamente durante el Renacimiento, y que la escultura griega fue apreciada y valorada a través de copias romanas.
La revelación del arte griego al mundo se dio tardíamente. Fue a partir de 1812, con la llegada de los mármoles de Egina a Múnich, y posteriormente, en 1816, con el traslado de las esculturas del Partenón a Londres, que se redescubrió el esplendor artístico de la Grecia clásica y se buscó entender la grandeza de la Atenas de Pericles.
Así se confirma que la Grecia de los siglos V y IV a.C. influyó tardíamente, tanto en arquitectura como en otras artes. No obstante, su legado se ha convertido en un referente universal de belleza, equilibrio y excelencia artística.
No de debe dejar de destacar sin embargo, el teatro al aire libre de la antigua Grecia, donde, en el siglo V a.C., se representaron obras de la tragedia griega, apoyadas por poetas como Aristófanes. Este espacio escénico, con graderías trazadas en forma circular, ofrece una disposición óptima que, incluso siglos después, permite valorarlo por el cálculo visual.
En suma, el milagro griego perdura hasta nuestros días por su sabiduría, estética y proporción.
Patricia Vargas
es arquitecta
















































































