Estamos transitando días previos a las próximas elecciones generales, cuya oportunidad es aprovechada por algunos candidatos para poner en la palestra temas de índole económico. Uno de estos es el referido a las cargas impositivas, contenidas en el sistema tributario vigente, cuestionando la aplicación de determinados impuestos y sus alícuotas (porcentaje impositivo).
Al hablar de impuestos, una de las variables a considerar son los ingresos que producen, siendo la recaudación tributaria, en este momento, la principal fuente de recursos para el Tesoro General de la Nación, contribuyendo aproximadamente con un 85% a los ingresos corrientes, con los cuales se financian los gastos públicos, como ser: salud, educación, infraestructura caminera, seguridad, defensa, etc.
Creo oportuno recordar que el actual sistema tributario ya está camino a los 40 años desde su establecimiento, en el año 1986, mediante Ley N° 843. Entonces es pertinente analizar su contenido y realizar ajustes para actualizar y optimizar su estructura, tomando en cuenta los principios de capacidad económica, progresividad, universalidad y eficiencia, buscando el crecimiento económico del país y el bienestar de su población.
Uno de los temas observados es la alícuota del Impuesto al Valor Agregado (IVA), la misma sería muy alta, proponiendo que su tasa impositiva baje a un 10%; al respecto, creo necesario aclarar que la alícuota del IVA es el 13% (incorporándose un 14,94% en el precio). Producto de un análisis comparado de las alícuotas de este impuesto en el contexto latinoamericano, se tiene que la tasa promedio es el 15%, por lo tanto, la alícuota del IVA en Bolivia está por debajo de ese promedio.
El aspecto que más bien se debería tomar en cuenta en el IVA es aquel referido a que el mismo tiene un efecto regresivo en su aplicación. Efectivamente, el IVA grava con carácter general el consumo de las personas que tienen mayores ingresos como de aquellas que tienen menores recursos, recayendo con mayor intensidad, la carga del IVA, sobre los que cuentan con ingresos más bajos, porque estos gastan casi el total de sus recursos en bienes gravados por el impuesto. No obstante, esa regresividad se la podría disminuir ajustando el IVA con alícuotas diferenciadas.
En todo caso, se debería poner mayor atención y analizar el Impuesto a las Transacciones (IT), el cual teóricamente es un impuesto directo, pero en la práctica se lo traslada al consumidor final, afectando directamente a los precios de los bienes y servicios, en toda la cadena, desde la producción hasta el consumo. Asimismo, revisar el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF), que se creó con carácter temporal para profundizar la bolivianización.
Por otra parte, evaluar el Régimen Complementario al IVA (RC-IVA), que solo cumple el papel de incentivar la facturación que se deriva en una mejor recaudación del IVA, no aportando directamente con recursos al erario nacional.
Considerando todos estos aspectos, es oportuno evaluar el sistema tributario vigente para obtener un diagnóstico sobre su contenido, con la finalidad de realizar ajustes en el marco de la política fiscal a ser implementada. Las cargas tributarias son un instrumento que puede dinamizar la actividad productiva generando bienes con valor agregado; asimismo, un sistema tributario se puede constituir en un mecanismo de incentivo a las inversiones y dinamización del mercado interno.
Al ser los tributos un tema tan sensible, el desafío es construir una política tributaria que defina un sistema tributario eficiente.
(*) H. Erik Ariñez Bazán es abogado y economista














































































