A pocas semanas de las elecciones presidenciales bolivianas, el país va conociendo las propuestas de cada uno de los candidatos, detalle a detalle. La situación crítica de la economía marca el ánimo social en esta nueva cita con las urnas. Uno de los aspirantes al bastón de mando, Samuel Doria Medina, promete entregar soluciones en un plazo de cien días luego de jurar como presidente.
El candidato titular por la alianza Unidad, llega a esta contienda electoral con un discurso centrado en la eficiencia y la gestión práctica. Empresario exitoso y político experimentado, Doria Medina ha construido su propuesta de gobierno sobre la base de un compromiso temporal específico que ha capturado la atención del electorado: resolver los problemas económicos más críticos del país rápidamente. Su eslogan de campaña «Cien días, carajo» no solo refleja la urgencia del momento, sino que también busca transmitir esperanza a la ciudadanía.
En esta entrevista con Piedra Papel y Tinta, de La Razón, Doria Medina detalla cómo planea cumplir con su promesa central de garantizar la disponibilidad de dólares y combustibles. Explica que la solución pasa por atacar el problema fiscal de raíz: eliminar el despilfarro estatal, cerrar empresas públicas deficitarias y levantar las subvenciones insostenibles. Además, adelanta cambios significativos en la gestión del litio, la reestructuración del poder ejecutivo, su decisión de no buscar la reelección y su visión sobre las relaciones internacionales, donde promete alejar a Bolivia de regímenes autoritarios y restablecer vínculos diplomáticos basados en el mérito y la profesionalización.
A continuación, les presentamos una selección de los momentos más reveladores de la entrevista que usted puede ver en extenso en nuestra versión digital.
«Cien días, carajo» es el eslogan de campaña de la alianza Unidad. ¿Cien días no es mucho tiempo para la gente que está esperando respuestas ante esta crisis multidimensional?
Bueno, nos han criticado que es muy poco, que es mucho, pero creo que lo importante es que damos un horizonte de tiempo en el que se puede resolver esta crisis.
Y te diré que no ha sido un eslogan elegido por un publicista. Es la gente la que ha identificado esa frase como que le da esperanza.
Cuando sacamos el plan se hablaba de cien días, y mucha gente, por las redes sociales y en la calle, me decía: «Caramba, estaba pensando en irme de Bolivia, pero al escuchar que se puede resolver y que no es un plazo muy grande, que son cien días, me has dado esperanza». Y después ya los expertos dijeron: «Para darle más fuerza, le aumentamos el ‘carajo'». Y se volvió el eslogan más popular de esta campaña.
¿Qué espera haber logrado en el día cien?
El compromiso más importante que tenemos, y que lo ratifico, es que en cien días vamos a resolver los dos problemas más serios que confrontamos los bolivianos: la falta de dólares y la falta de carburantes. Entonces, a los cien días se va a disponer de dólares para importar gasolina, diésel, medicamentos, para las importaciones más importantes.
Con eso, lo más serio de esta crisis se va a detener.
¿Por qué? Porque la falta de dólares y carburantes se traduce, para el ciudadano común, en un incremento en los precios. Por eso la población dice: «La plata ya no alcanza». Entonces, lo que le interesa al ciudadano es que no sigan subiendo los precios y que haya abastecimiento. Y para eso se necesita transporte, y se necesitan dólares.
Ahora, la pregunta es: ¿cómo se consiguen esos dólares?
La solución a la crisis económica tiene varios componentes. Es como cuando hay un enfermo que tiene temperatura, y la temperatura es la manifestación de una infección. Entonces, si vos le das una aspirina para la temperatura, no estás corrigiendo el problema.
Por eso creo que es bueno tomar unos minutitos para explicar que el problema económico es un problema fiscal. Gastamos más de lo que tenemos desde hace diez años. Este año está previsto que se va a gastar cinco mil millones de dólares más de lo que tiene el Estado boliviano. ¿Y en qué se gasta? La mitad de esos cinco mil millones es subvención a la gasolina y al diésel. Y la otra mitad está dada por despilfarro y gastos innecesarios, como hemos mostrado y como vamos a eliminar en el primer decreto.
Se gasta 80 millones en fiestas y celebraciones, 250 millones en viajes y viáticos, celulares nuevos, autos. Eso se acaba. Se acabará esa fiesta el 8 de noviembre.
Y hay muchas empresas públicas que se han hecho en los últimos años que solamente han generado pérdidas y que no tienen factibilidad económica. Entonces, se van a cerrar esas empresas públicas, se va a levantar la subvención, y ese es el primer paso fundamental para resolver los problemas. Una vez que hagas eso, vas a poder conseguir dinero.
Usted ha mencionado que va a romper los contratos actuales del litio, tanto con la empresa china CBC como con la rusa Uranium One Group. ¿No es una mala señal para el mercado romper contratos que el Estado boliviano ha suscrito?
No puede ser que los potosinos se enteren de los contratos del litio por la prensa. Además, se han cometido muchos errores. Yo he podido conversar con representantes del gobierno chino y del gobierno ruso, y veo que no se ha estado encarando bien el tema.
En nuestro país se tiene una idea equivocada de lo que es el litio. En un debate, hace algunos días, yo le decía a un candidato: “¿Sabes cuánto cuesta un kilo de litio?”
Y perdió los papeles. Porque, claro, hay mucha gente que piensa que el litio es como el oro o como los diamantes.
¿Pero Samuel se sentará, por ejemplo, con el consorcio CBC o con Uranium One de Rusia, subsidiaria de Rosatom?
Pero no son un problema las empresas. Por ejemplo, uno de los errores que se ha cometido, garrafal, con el tema del litio es que, si no se trabaja con la comunidad, no te va a ir bien.
Y la prueba clara es que Potosí se ha opuesto al tema del litio por treinta años. Pero, por ejemplo, yo comentaba a estos representantes de esos países que tienen que ver el ejemplo de San Cristóbal. San Cristóbal es una inversión extranjera en Potosí que vino y, dos o tres años antes de comenzar a producir, hizo una fundación. Vio qué problemas iba a causar la producción. Se dio cuenta, por ejemplo, de que la iglesia estaba en medio de la mina. Hizo un acuerdo con la comunidad, se transportó esa iglesia piedra por piedra, numerada, y se hizo la iglesia en otro lugar. Con la comunidad se acordó hacer una serie de infraestructuras.
Y nunca hemos escuchado, los bolivianos, un problema de la comunidad con San Cristóbal, porque han sabido manejar adecuadamente.
¿Cómo va a encarar Samuel Doria Medina la organización del poder Ejecutivo?
¿Lo va a restructurar?
La experiencia en nuestro país es que muchos gobiernos han perdido mucho tiempo con esas reorganizaciones. Yo soy un hombre práctico. Está claro que el Estado ha crecido demasiado. Tenemos 17 ministerios. Yo estoy seguro de que el presidente Arce no tiene tiempo para reunirse con muchos de sus ministros en meses. Entonces, ¿qué sentido tiene tener un equipo tan ampuloso de ministerios?
Yo creo que lo más adecuado son 12 ministerios. Hay demasiada repetición. Pero, además, no están los problemas en los ministerios. Por ejemplo, analizando el presupuesto, hemos encontrado que hay 100 entidades que dependen del presidente. ¡Cien entidades!
¿No buscará la reelección?
No. He anunciado que voy a tomar decisiones pensando en la próxima generación, no en la próxima elección. Y el primer proyecto que mandaré al Congreso será eliminar la reelección.
¿Qué hará si se entera de que un viceministro, un ministro, un director, un gerente está involucrado en un hecho de corrupción?
Mira, yo lo vengo anunciando, y especialmente a los militantes políticos, a los aliados, les digo: los que quieran ganar dinero, sean emprendedores. Vamos a generar facilidades para que ganen dinero como emprendedores. Pero los que van al Estado, van a prestar un servicio público. Y al primero que se detecte que metió la mano en la lata, se va a ir directo a Chonchocoro. Y tal vez habrá un segundo, pero cuando vean que es en serio, difícilmente va a haber un tercero. Primero, esa señal.
Segundo, obviamente vamos a modernizar el Estado. Por ejemplo, en este momento debe haber decenas, o una centena de entidades del Estado, que compran, lo cual es un absurdo. Parecería que se han repartido. En algún momento he escuchado que hasta el Ministerio de Medio Ambiente compraba cosas. Imagínate el absurdo: ¡todos compran!
Hay que modificar eso. Habrá una entidad de compras para el Estado que actúe para las compras importantes, mayores a medio millón o un millón de dólares. Tendrá que ser una entidad que sea la que compre, y donde, cuando compre un tractor —por decir algo—, comprará a un precio y señalará claramente que ha comprado ese tractor en quinientos mil, por decir algo, y que en Chile el Estado compra en 490 porque compra más cantidad, o que en Perú compran al mismo precio. Para que haya total transparencia.
Es posible lograr transparencia. Y los funcionarios que estén en esa empresa de compras, obviamente serán observados y se conocerá el movimiento de sus recursos, de sus cuentas. O sea, cuando se quiere luchar contra la corrupción, es posible.
Ahora, en el Poder Judicial, en la Policía, ahí yo tengo mi apuesta cifrada en la tecnología. Creo que, claramente, hay que eliminar una gran cantidad de trámites.
¿Cómo va a encarar las relaciones internacionales? ¿Va a restablecer la carrera diplomática, que en los últimos años prácticamente ha desaparecido?
Para comenzar, en estos últimos 20 años se ha aislado Bolivia del mundo. Y nos ha llamado la atención escuchar cómo, en Naciones Unidas, apoyábamos a Irán junto a Nicaragua, a Cuba, a Venezuela. Hemos estado meses, años, sin tener embajadores ante países muy importantes.
Eso va a cambiar a partir de noviembre. Vamos a tener relaciones con prácticamente todos los países del mundo.
Y soy claro: no me interesa acercarme a gobiernos relacionados con el terrorismo internacional, como Irán, o dictaduras como las de Nicaragua, Cuba, Venezuela, pero después, con todos los países del mundo.
Es fundamental que vuelva el mérito a la Cancillería. Uno escucha cada anécdota, cada problema que se da, porque hay gente que no conoce el tema de las relaciones internacionales, que está improvisando, tanto en la Cancillería como en nuestras embajadas. Entonces, necesitamos que haya gente que conozca.
Nosotros necesitamos una Cancillería con gente que pueda ayudar en el tema del turismo, para que los turistas vengan a Bolivia. Que pueda promocionar a nuestro país. Que pueda facilitar. Que pueda acompañar a nuestros exportadores. Creo que ese tipo de Cancillería es la que necesitamos.
¿Qué va a hacer respecto al Mercosur?
Yo siempre comento que no tengo el complejo de Adán. Hay muchos mandatarios de Bolivia que han tenido el complejo de Adán: que entran y creen que son los primeros, y cambian todo. No es ese mi temperamento.
Yo siempre, cuando llego a algún lugar, hago que funcionen bien las cosas y evalúo. Lo que está mal lo cambio. Lo que está bien lo mantengo. He escuchado, por ejemplo, a los productores, a los exportadores cruceños, que dicen: «tal vez en su momento no fue la mejor elección el Mercosur, pero una vez que estamos adentro, no podemos dar esa señal de ruptura. Más bien tenemos que ver cómo hacemos para que le sirva al país».
Y creo que ese es el concepto adecuado: no querer romper cosas y empezar de nuevo, sino evaluar.
¿Y los BRICS?
Creo que se ha generado una gran expectativa en nuestro país y en el mundo, pensando que iban a ser una alternativa a Estados Unidos, a Europa, y que iban a tener fuentes de financiamiento. Pero claramente no es como se pensaba.
Tienen un banco importante —que lo preside Dilma Rousseff— y que, obviamente, es para proyectos en esos países. Y yo sé que, en algún momento, el presidente Arce fue para tratar de conseguir financiamiento de los BRICS, y le hicieron notar en ese momento que no teníamos embajadores con cuatro de los cinco países. Entonces, no hay soluciones mágicas, ni a nivel internacional ni a nivel económico. Es un proceso.
¿El presidente Samuel Doria Medina se trasladará a la residencia presidencial de San Jorge?
No, no. Yo voy a cambiar solamente de trabajo, no voy a cambiar de vida. Voy a seguir viviendo donde vivía.
¿Dejará de usar el avión presidencial y empezará a volar en BOA?
Me han comentado que soy el cliente más importante de BOA. Soy el boliviano que más viaja en BOA. Entonces, vos sabes que yo he tenido un accidente de aviación.
Yo considero que los aviones grandes son los más seguros. Entonces, siempre que se pueda, voy a viajar en BOA.
Habrá veces que no hay un vuelo y se tendrá que viajar en algún avión del Estado, lo voy a hacer. Pero, en general, no voy a cambiar de vida.






















































































