Bolivia vive una de las campañas en elecciones más complejas de su historia reciente, donde la crisis económica y política estructurales están reconfigurado el mapa político nacional. La fragmentación del voto, la emergencia de nuevos actores políticos y la persistencia de lealtades históricas crean un escenario electoral inédito que desafía las predicciones tradicionales y plantea interrogantes fundamentales sobre el futuro democrático del país.
Julio Córdova, director ejecutivo de Diagnosis e investigador social especializado en comportamiento electoral, se ha consolidado como una de las voces más autorizadas para interpretar estas dinámicas complejas. Con una trayectoria reconocida en el análisis de procesos de sufragio bolivianos, la mirada de Córdova está atenta a cómo las estructuras sociales y económicas determinan las preferencias políticas en contextos de crisis.
Su conceptualización sobre los «tres tercios del electorado» emerge como una herramienta analítica que permite entender por qué los candidatos tradicionales de oposición han alcanzado techos electorales aparentemente insuperables, cómo la crisis económica ha cancelado las posibilidades del oficialismo arcista, y dónde se ubican las verdaderas posibilidades de crecimiento electoral en las semanas finales de campaña.
Clases medias
Según el análisis de Córdova, los candidatos tradicionales de oposición enfrentan un problema estructural que podría determinar su destino electoral. «Pareciera que tanto Tuto Quiroga como Samuel Doria Medina están llegando a su techo, porque ellos tienen su nicho electoral en las clases medias, que son un tercio del electorado», explica el investigador.
Esta limitación se refleja en los números. «Según las últimas encuestas, ambos más o menos llegan a ese tercio de las clases medias. Por otro lado, en mediciones anteriores, lo que va de un mes o dos meses, la intención de voto tanto de Samuel como de Tuto se ha mantenido relativamente estable, en torno al 17% a 19%. Es decir, no hay una evolución de crecimiento, sino más bien una evolución de estancamiento».
Esta estabilización, según Córdova, revela que ambos candidatos «han llegado a su techo». Para crecer, estos políticos solo tienen «dos caminos: o se orientan a las clases bajas y tratan de conseguir votos en estos estratos bajos, lo que parece difícil porque las clases bajas tienen una postura de rechazo hacia los políticos del tiempo neoliberal, especialmente los adultos, o empiezan una guerra sucia entre ambos para ver si pueden conseguir el voto del otro».
El voto popular
En el extremo opuesto del espectro electoral, Córdova identifica dinámicas mucho más complejas. «En las clases bajas, que representan dos tercios del electorado, las cosas parecieran que podrían moverse más en lo que resta de la campaña», señala el investigador.
El análisis revela una fragmentación particular en este segmento: «El tercio más bajo del electorado, constituido sobre todo por el estrato pobreza y algo de la clase baja, es un votante tanto evista como andróniquista, es decir, es el voto leal del exmasismo».
Esta lealtad se traduce en números concretos: «Las últimas encuestas le dan a Andrónico entre un 14% a 15%, y más o menos se calcula que el voto oculto por Evo Morales es otro 15%». La suma de ambos segmentos configura un escenario donde «la probabilidad de que el voto evista se vaya en gran medida hacia Andrónico es alta».
El terreno de la indecisión en las elecciones
Quizás el sector más interesante del análisis de Córdova es lo que denomina «el tercio intermedio». «Donde se tiene más posibilidades de movilidad del voto en lo que resta de la campaña es en el tercio intermedio, que ni está en los estratos más bajos ni está en las clases medias», explica.
Este segmento está compuesto, en buena parte, por «clase baja urbana, exvotantes del MAS, no solamente de Arce, sino de Evo Morales, ya desde las elecciones del 2019». En este espacio han incursionado varios actores políticos, pero «no son elecciones consolidadas en ese techo intermedio».
La importancia estratégica de este segmento radica en que «tienes un importante porcentaje de indecisos en ese techo intermedio de exvotantes masistas que se resisten a apoyar a la oposición tradicional, y que, si es que la campaña de Andrónico Rodríguez es una campaña eficiente, podrían de alguna manera votar por él».
Otras dinámicas
Córdova también analiza el impacto del retiro de candidatos outsiders como Chi Huyn Chung, cuyo «voto era típicamente en clases bajas, votantes masistas, y ahora son los que son indecisos, porque no encuentran un candidato para expresar su postura antisistémica».
Respecto al fenómeno Jaime Dunn, el investigador es escéptico sobre su impacto real. «El voto de Duhm provenía más bien de clases medias, que buscaban una renovación», explica. Su análisis sugiere que, a la larga, «el factor Dunn no va a ser tan relevante, su voto se va a repartir sobre todo entre Tuto y Samuel».
Una de las reflexiones más provocadoras de Córdova se centra en las condiciones necesarias para la emergencia del voto útil. «El voto útil aparece cuando hay una tendencia polarizante, tanto en la campaña como en la inclinación de los electores», explica, recordando las elecciones de 2019 y 2020.
Desde su perspectiva, la clave para que se verifique este proceso está en cómo le vaya a ir a Rodríguez. «Todo va a depender del desempeño electoral de Andrónico. No hay otro campeón para el ámbito masista, para las clases bajas». Si las clases bajas concentran su voto en Andrónico, «esa tendencia del voto útil en clases populares va a generar un proceso de polarización muy parecido al 2020, y eso va a impulsar a las clases medias a que empiecen a concentrar su voto en torno a Tuto Quiroga o más probablemente en torno a Samuel Doria Medina».
Debates y encuestas
Córdova desmitifica la importancia de los debates electorales, aplicando nuevamente su análisis de clase. «En la medida en que en las clases medias ya no hay muchos indecisos que han optado por Andrónico o por Samuel, los debates electorales no van a incidir mucho en ellas».
Para las clases bajas, la situación es aún más clara. «Varias investigaciones han demostrado que los debates en los medios tradicionales son menos relevantes que en las clases medias. Por eso, Evo Morales, en toda su carrera electoral, no ha tenido problemas en obtener el voto de los grupos sociales que le respaldaron sin participar en debates».
El investigador ilustra este punto con una anécdota histórica reveladora sobre Max Fernández en los años 90, donde el desprecio de las élites empresariales hacia el candidato popular «más bien no lo debilitó, sino lo fortaleció en las clases populares porque se identificaron con Max Fernández y con ese proceso de discriminación».
Sobre el rol de las encuestas, Córdova mantiene una posición matizada: «Las encuestas no tienen un peso decisivo en la definición del voto del elector, aun cuando se trate de voto útil», pero reconoce que «sí incluyen en la decisión de los actores políticos».
La diferencia radica en la sofisticación de las campañas: «Las encuestas incluyen en los actores políticos cuando éstos tienen estrategas de campaña habituados a trabajar con las encuestas, como está sucediendo con Tuto Quiroga, con Samuel Doria Medina, el propio Andrónico, que tienen asesores de campaña internacionales».
Factores disruptivos
«Lo único que podría cambiar drásticamente la dinámica en estas elecciones es una fuerte convulsión social, como la que hemos vivido hace algunos meses atrás, con bloqueos de carreteras y con trágicos desenlaces», asevera Córdova.
Esta convulsión, sin embargo, tendría efectos específicos también. «Los bloqueos impulsados por los evistas tienen un efecto contrario en la población, generan un rechazo al ámbito evista, al ámbito masista, y limitan no solamente cualquier posibilidad de Evo Morales, sino sobre todo limitan la posibilidad de Andrónico Rodríguez de tener más votos».
Finalmente, Córdova analiza el impacto de la crisis económica sobre las elecciones en tres dimensiones fundamentales. Primero, «la cancelación de toda posibilidad electoral de una expresión del arcismo». El gobierno de Luis Arce ha perdido toda viabilidad electoral, con Eduardo del Castillo que «no pasa del 2% en las últimas encuestas».
Segundo, «la concentración en temas económicos de las propuestas electorales principalmente en temas de ajuste fiscal». Y, tercero, «la conformación de los binomios y las propuestas de la presentación de figuras políticas asociadas al manejo económico como principal estrategia electoral».
Escenario de fragmentación
El análisis de Córdova revela un escenario electoral complejo pero predecible en sus líneas generales. La fragmentación del voto responde a dinámicas de clase profundamente arraigadas, donde cada segmento electoral tiene sus propias lógicas y motivaciones.
«No creo que la crisis económica sea un factor que desorganice, que cambie las dinámicas electorales porque las dinámicas electorales se han conformado en función de la crisis», concluye el investigador. Este análisis sugiere que, más allá de los eventos específicos de campaña, las elecciones próximas se definirán por estructuras sociales y económicas de largo plazo que trascienden las estrategias políticas coyunturales.






















































































