Las proyecciones iniciales de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) global, para esta gestión, eran de un 2.7%, según cálculos del Grupo Banco Mundial. Sin embargo, a día de hoy, éstas se han reducido a un 2.3%. Fundados en un ejercicio bianual de estimación, los pronósticos de crecimiento han experimentado una desaceleración en prácticamente un 70% de las economías a nivel mundial, incluyendo Estados Unidos, Europa y China, así como seis (6) otras regiones emergentes de mercado.
Estos datos, pima facie, marcan el ritmo de crecimiento global más bajo, desde los indicadores de la crisis financiera de 2008, causada, entre otros factores, por el estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense y la declaratoria en bancarrota de los más grandes major lenders.
Pero, ¿cuáles son las razones subyacentes? O, quizá la pregunta coyunturalmente más relevante: ¿Cómo se relacionan estos factores con el estado fluctuante actual de la economía global?
Entre el 1 y el 22 de julio de 1944, 730 delegados de los 44 países aliados (las Naciones Unidas), se concentraron en el ‘Mount Washington Hotel’ de Bretton Woods, New Hampshire. A pesar de la continuidad, en aquel entonces, de la Segunda Guerra Mundial, el ‘Big Four’ conformado por el Reino Unido, China, EEUU y la hoy extinta Unión Soviética, previó con gran tino y otro tanto de visión, que para evitar otro Conflicto Bélico de escala global como el que, en su momento, dio origen a la Liga de las Naciones, era necesario un acuerdo macro que establezca las reglas de juego en el sistema económico y financiero mundial.
Fue esa, junto a la posterior caída de la Alemania nazi, la principal razón detrás de la adopción del “Sistema de Bretton Woods”. El padre del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (IBRD), hoy parte del Grupo Banco Mundial, y un sistema de convertibilidad y respaldo directo de la emisión monetaria de dólares estadounidenses en el oro, con una tasa en aquel entonces de 35$ por cada onza aurífera.
Durante los casi treinta años de su vigencia:
- El comercio internacional experimentó una de sus etapas de mayor crecimiento y los principales damnificados, incluida la Alemania de la posguerra, a través de un modelo de economía (social) de mercado, Europa del Este y Japón, experimentaron una extraordinaria recuperación que junto al fondo de reconstrucción y recuperación gestionado por EEUU a través del IBRD, llevó a la reconstrucción de su arquitectura financiera en tiempo récord.
- Además, el anclaje ajustable de prácticamente todas las divisas de los Estados signatarios al dólar estadounidense condujo a la reducción de la volatilidad monetaria internacional, permitiendo que el Sistema ofrezca estabilidad y predictibilidad, facilitando el intercambio comercial transfronterizo y la inversión extranjera.
- Y, por último, las instituciones de Bretton Woods, vía Plan Marshall, crearon las condiciones para el ‘Bloque del Oeste’ durante la Guerra Fría, impulsando al mundo hacia un sistema económico de interdependencia alineado con la innovación, la creatividad y la expansión efectiva.
La ‘Era Dorada del Capitalismo’. Nada más y nada menos (aunque, no fue la primera).
El momento cumbre de la civilización occidental y del ‘sueño americano’, cuando todo aquel que tuviese aspiraciones y la valentía suficiente para hacer todo para materializarlas, tenía opciones genuinas de éxito, no solo en EEUU, sino en cualquiera de los países signatarios del Macro-Acuerdo de Bretton Woods.
Pero, todo lo que tiene un principio tiene, también, casi indefectiblemente, un final…
(*) Luis Xavier Avalos Bozo es abogado, escritor e investigador con mención en estudios del desarrollo















































































