Esta es la opinión de un economista norteamericano sobre el plan de Estabilización de George J. Eder: “Era un programa tan radical y crudo que solamente en un país tan subdesarrollado como Bolivia podría haber sobrevivido a este Choque” (Cornelius Zondang, La Economía Boliviana 1952-1962”, página 64. Traducción libre del autor).
En una nota publicada en La Razón, el 31/01/2025, escribí sobre el Plan Eder y el Decreto Supremo 21060, concluyendo que después de controlar la inflación con un alto costo en términos de pérdida de ingresos y empleos resultaba un largo y penoso proceso recuperar los niveles de la actividad económica.
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En estas líneas contestamos la siguiente interrogante ¿Acaso no existió en ambos programas (el plan Eder y el 21060) la idea de acelerar el crecimiento después de lograr la estabilidad de precios? La respuesta es sí. A estas iniciativas las denominaré escenas en la trastienda de la política económica, con los siguientes protagonistas: Los presidentes H. Siles Zuazo (y su equipo económico con Eder) y V. Paz Estenssoro (con un grupo de personeros de gran peso político del MNR, en 1988).
Eder fue jefe de la misión del FMI, en 1956, con una trayectoria en varios países de Latinoamérica. Al llegar a La Paz se convirtió en un personaje polémico. Escribió el libro What’s Behind the inflation and how to beat (qué hay detrás de la inflación y como derrotarla), que resume su experiencia en Bolivia y sus relaciones con el equipo económico de Siles Zuazo, entre 1956-1957, y los personeros del gobierno de EEUU. Expresó que no entendía la desastrosa nacionalización de las tres grandes empresas mineras de estaño. También fue muy crítico de la Reforma Agraria, que creó escasez de alimentos y precipitó una inflación creciente en 1956.
En la escena Eder/Siles Zuazo, el jefe de la misión del FMI manifestó que el programa de estabilización tenía un objetivo más amplio: crear una economía más saludable y dinámica, fundamentada en una economía privada, con ausencia de inversiones públicas. Se trataba de lograr un estatus anterior al de la Revolución de 1952, lo cual era políticamente posible, según Eder. Esto significaba desnacionalizar las minas de estaño y restaurar la propiedad privada de los latifundios expropiados. El gobierno de entonces debía compensar a empresas mineras y expropietarios de los latifundios por el uso de sus bienes, en los años que estuvieron en propiedad pública.
La segunda escena ocurre en 1988 y la protagonizan tres personajes de peso del MNR vinculados a intereses empresariales, quienes le sugieren al presidente Paz Estenssoro iniciar un programa de privatizaciones de las empresas públicas (YPFB, COMIBOL y otras), considerando que el 21060 había alcanzado sus objetivos en cuanto a estabilidad de precios.
La respuesta de Paz Estenssoro fue clara y contundente, manifestando que iniciar este proceso sería negativo para el Gobierno. Surgirían intereses empresariales con relaciones en la esfera política, que más adelante crearían conflictos de intereses que se proyectarían dentro del MNR. Esto distraería y debilitaría al gobierno, alejándolo de la prioridad de garantizar la estabilidad de precios.
Hay que reconocer que ambas escenas tienen rasgos comunes, pero representan periodos históricos diferentes de la historia de Bolivia. Parece obvio que la propuesta de Eder para impulsar el crecimiento económico no tenía viabilidad política en el momento que propuso. Esta es una de las debilidades de las recomendaciones del FMI.
También es interesante observar que la respuesta lúcida y visionaria de Paz Estenssoro reflejó la debilidad de la burguesía boliviana para conducir un proceso agresivo de acumulación de capital. Las disputas entre las élites de poder por los activos públicos generaron un debilitamiento del ejercicio del poder, que puso en riesgo los logros de estabilidad frente a promesas inciertas de crecimiento y recuperación económica en el largo plazo. Creo que los resultados pobres de la capitalización en el gobierno de Sánchez de Lozada prueban la validez de la respuesta de Paz Estenssoro.
Observen que poner en marcha un programa de reactivación es una combinación de temas económicos, políticos y de ejercicio del poder, y un gran desafío en un país con una burguesía débil y moderada en cuanto a su lucidez.
(*) Jaime Jordán Costantini es doctor en Economía y docente universitario















































































