Nuestros obispos están enojados. Muy enojados. Y cómo no si por enésima vez y por más rogatorias y presiones que ejercieron, no consiguieron amarrar a sus candidatos en un solo bloque capaz de sacar del poder a la izquierda, justo ahora que sí podían: la izquierda irá a las elecciones hecha trizas. Su frustración es tan biliosa que hoy reparten críticas no sólo contra el gobierno, sino también contra sus exalfiles.
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Quien vio con claridad esta situación desde hace meses, cuando empezaron a filtrarse los primeros desencuentros entre los dos punteros, Samuel Doria Medina y Jorge Quiroga, fue el Arzobispo de Santa Cruz, René Leigue, que en una de sus homilías, la del 16 de febrero, lanzó la primera advertencia: “Tantos problemas que tenemos, pero a lo mejor van a elegir a los mismos, y las mismas personas van a estar ahí. ¿Qué cambio va a haber en esto? Seamos valientes en esto de ver por dónde ir, qué hacer, qué oportunidades tenemos. La esperanza está en el cambio y en mejores días”.
Pero ni Tuto ni Samuel le hicieron caso, por lo que el 16 de marzo, los reprendió de nuevo: “Llamamos a todos los precandidatos a que, si realmente piensan en nuestro país, traten de vivir eso que dicen. Queremos la unidad, buscamos la unidad. La oportunidad es ahora. ¿Por qué dispersar el voto al final? ¿Para después empantanarnos? ¿Para traer más problemas?”.
Fue inútil: el par de tercos se salió con la suya y en los primeros días de abril, reventaron el bloque de unidad. En respuesta, los obispos dejaron de guardar las formas y se lanzaron duro. Ricardo Centellas, Arzobispo de Chuquisaca, 10 de abril 2025: “Hay que despojarse de falsos protagonismos y respetar un proceso para trabajar por la unidad. Yo creo que el elegido es secundario, lo importante es que exista consenso para trabajar en unidad por la unidad, y la unidad no se hace a partir de personas, de partidos políticos, sino la unidad es porque se descubre que es necesario y bueno por el bien común de Bolivia, sin importar quién esté al frente”.
Aurelio Pesoa, presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), 20 de abril: “Esta Pascua la celebramos presenciando con asombro actitudes de división, de odio, de revancha, demostrando la incapacidad, de algunos seres humanos, en la construcción de un mundo de paz y justicia para todos. Vemos también la dificultad, el egoísmo, la mezquindad en la construcción de un país con progreso, desarrollo y bienestar para todos los bolivianos”.
Diego José Plá, Secretario General de la CEB, 30 de abril: “El incremento de los productos ya es como una frase cotidiana: todo ha subido; hay una gran preocupación en las familias. Lo que la Iglesia pide es que se presenten soluciones estructurales y no simples parches; lo que la gente quiere escuchar son propuestas, no peleas entre políticos”.
1 de mayo, Aurelio Pesoa: “En Bolivia hay una política ideologizada que no es capaz de analizar los problemas reales y buscar soluciones efectivas. Los obispos no podemos estar al margen de los grandes problemas que afectan a los feligreses, como el alza de los precios hasta niveles inalcanzables, lo que causa escasez y hambre. Hay falta de salud, falta de justicia, falta de combustible, falta de dólares; los políticos deben actuar en base a principios y no a intereses; los candidatos que no tengan propuestas claras para sacar al país de este momento de postergación, que den un paso al costado”.
Y el 6 de mayo, la CXVI Asamblea de Obispos de Bolivia: “Constatamos que vivimos en una Bolivia destrozada en su identidad cultural y social. Las promesas de reactivación económica, la reforma de la Justicia y la promoción de la reconciliación nacional han quedado vacías. Se alienta la institucionalización de la mentira y el engaño imperando la demagogia que mata la democracia, el estado de derecho y la seguridad jurídica. El modelo económico estatal monopolista destruye sistemáticamente la economía y la propiedad privada (…) tenemos un Estado paralizado e internacionalmente descalificado. Las próximas elecciones presidenciales son una oportunidad para reconstruir el país y darnos nuevos horizontes…”
Nuestros obispos lo intuyen, por eso su enojo: es más probable que en una segunda vuelta la izquierda se una y los suyos queden hechos polvo, otra vez.
(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista
















































































