Entre los pliegues urbanos de La Paz, un festival de danza contemporánea ha estado creciendo con la discreción de quien sabe que está construyendo algo valioso. No se trata de un evento más en el calendario cultural, sino de un espacio donde esta forma de arte respira, se encuentra y se reconoce a sí misma. Hablamos de Suyana, un festival que este año celebra su quinta edición en paralelo al décimo aniversario de Danza Contemporánea SHA, la compañía que lo impulsa bajo la dirección de Haru Beltrán y Sergio Valencia.
Orígenes
«Este encuentro nace el 2019, un poco antes de la pandemia», explica Haru Beltrán, bailarina, coreógrafa y directora de Danza Contemporánea SHA. Lo que comenzó como una invitación del Teatro Nuna para participar en el NunaFest se convirtió en un proyecto con vida propia. «SHA es un proyecto que nace el 2013, junto a Sergio Valencia, somos dos, los directores y los fundadores», comenta Beltrán, quien revela que desde el inicio tuvieron clara su vocación. «Algo que siempre nos ha llamado la atención ha sido generar lazos, generar redes y dejar que la danza contemporánea siga creciendo, no solo dentro de este proyecto que es SHA», afirma.
Esa vocación de comunidad se materializó en Suyana, palabra autóctona que significa esperanza. «Queríamos un poco abrir este espacio de comunidad, con esta esperanza de brindar a estas nuevas generaciones un espacio en donde puedan reencontrarse y encontrarse con otras personas que están en lo mismo», cuenta Beltrán, consciente de que la danza necesita diálogo y conexión para prosperar.
El camino no fue sencillo. Como muchos proyectos culturales, Suyana sufrió una pausa obligada. «Nos cae la pandemia, entonces tuvimos que parar unos años». Sin embargo, la semilla estaba plantada y el festival regresó con más fuerza.
Evolución a un festival con identidad propia
Para la directora de SHA, este festival representa crecimiento. «Es súper lindo ver este progreso que está teniendo este festival. De algo tan chiquitito, que era así como, bueno, es un día, es una invitación hecha por el Nuna, de ahí hemos pasado a hacerlo como ya un festival propio y ya lo llevamos a dos días y ahora estamos incluyendo talleres», reflexiona.
Lo que comenzó como un día de presentaciones dentro de otro festival se ha transformado en un encuentro esperado por la comunidad dancística paceña. «Es como que se dice Suyana y dentro del ámbito de la danza todos saben», comenta la artista, evidenciando que el evento ha logrado consolidar una identidad propia.
Una característica fundamental de Suyana es que se ha convertido en un espacio de excelencia sin caer en la trampa de la competitividad negativa. «Yo no lo llamaría como una competencia, sino un lugar de encuentro en donde es lindo poder ver lo que están haciendo los otros», explica la directora, quien valora la oportunidad que brinda el festival para salir de las burbujas artísticas individuales. «Muchas veces pasa que cada uno tiene su escuela, su grupo y tiene sus shows y sus presentaciones y o no va a ver las otras cosas o no se entera lo que sucede más allá. Creo que a nosotros nos interesa esta interacción entre diferentes grupos, entre diferentes bailarines y saber qué es lo que están haciendo todos».

SHA, más que un grupo de danza
Para entender Suyana es necesario comprender la filosofía de sus creadores. SHA no es solo una compañía de danza; es un proyecto con una visión muy clara sobre el arte y la formación. «SHA siempre ha sido un lugar en donde hemos promovido el que los bailarines aprendan de todos», explica su fundadora, marcando distancia de ciertos modelos tradicionales de enseñanza. «Muchas veces, sobre todo en la escuela antigua, hay esto de que pasas clases, o sea, puedes pasar solo clases conmigo y me perteneces. Hay un poco todavía de eso. En cambio, nosotros como SHA, algo que siempre hemos incentivado es que nuestros bailarines pasen clases en todos lados, que aprendan de diferentes personas».
Esta apertura no es casual; responde a una comprensión profunda de lo que significa formarse como artista. «Creemos que para ser este gran artista que uno puede llegar a ser, tiene que aprender de muchas personas, de muchos artistas. Entonces, no podemos privarlos de eso», asevera con convicción.
El trabajo de SHA está sustentado en un lema que sintetiza su visión: «la danza une, la danza transforma y la danza abraza». Para Beltrán, la danza es mucho más que una disciplina artística; es un espacio de sanación. «Nos ha pasado muchas veces que llega a SHA gente que quiere sanarse y que quiere volver a encontrarse con la danza. Gente que se ha peleado por X o Z motivos con la danza y que llegan a SHA y es así como que es el lugar en donde nuevamente pueden abrirse».
Este poder reparador se extiende más allá de los profesionales. «Creemos que la danza realmente es ese lugar de salvación y también no sólo para la gente que se ha peleado con la danza, sino para gente que quiere salir de ese caos de lo cotidiano y ese es el lugar seguro que intentamos darles en SHA», sostiene.
Celebración doble
La quinta edición de Suyana coincide con el décimo aniversario de la compañía SHA, fundada en 2015, lo que ha llevado a sus directores a diseñar una programación especial. «Como parte del festejo este año, lo que estamos haciendo con la compañía es estamos invitando a 10 coreógrafos», explica Beltrán, quien ve en esta decisión un regalo para sus bailarines. «La compañía está teniendo el regalo, porque para mí es un regalo para la compañía, de poder disfrutar y de aprender de otros coreógrafos, más allá de nosotros que somos la cabeza».
Además, esta edición incorpora un elemento nuevo. «Estamos brindando talleres, es un intensivo de danza contemporánea de cuatro horas por día, en donde van a pasar diferentes clases con diferentes maestros», comenta Beltrán, destacando la presencia de figuras claves en su formación, como Camila Bilbao, su primera profesora de danza contemporánea. «Para mí tiene un peso súper grande, yo creo que mi amor a la danza ha nacido por ella, gracias a ella», indica.
El cuerpo docente de estos talleres incluye a reconocidos maestros como Noreen Guzmán de Rojas, quien impartirá «una clase de danza clásica para bailarines de danza contemporánea»; Camila Bilbao, quien se traslada desde Santa Cruz para la ocasión; Sergio Valencia, cofundador de SHA; Carmen Collazos, quien viene desde Cochabamba para enseñar técnica cubana contemporánea; y la propia Haru Beltrán.
Construyendo un público
A pesar del crecimiento y consolidación del festival, Beltrán reconoce que persisten desafíos, principalmente en la construcción de audiencias. Para SHA y Suyana, el reto no es solo llenar el teatro, sino diversificar el público. «Algo que nos interesa es que gente más allá de lo familiar también vaya a ver, y que haya un crecimiento en el público paceño. Que no sea sólo los bailarines, los mismos papás, los mismos que siempre van, sino que la gente que está un poquito más allá también pueda ver y animarse a ver estas cosas», reflexiona.
La pandemia fue otro obstáculo significativo. «Nos hubiera como gustado seguir, continuar desde la primera versión, pero hemos tenido esa pausa y de ahí sí hemos tenido como un poquito de miedo, así como y ahora qué hacemos, queremos hacer el Suyana, lo hacemos, no lo hacemos, cómo va a responder el público». Sin embargo, el entusiasmo de la comunidad dancística fue la mejor respuesta: «cuando nos hemos animado a hacer la segunda versión, fue igual de linda que la primera, entonces como que eso igual nos ha animado a seguir haciéndolo».
Un festival que crece por demanda
Lo que inició como un festival por invitación ha comenzado a recibir solicitudes espontáneas de participación. «Terminaba el Suyana y más allá del agradecimiento y toda la linda energía que hubo, es como que pasaban unas semanas y había grupos que no conocíamos o que no habían participado de esa versión, que nos escribían y nos decían qué lindo está el Suyana, queremos participar», recuerda Beltrán.
En esta quinta edición participarán 13 grupos, algunos que han estado desde la primera versión y otros que se incorporan por primera vez. «Nos gusta además tener lenguajes contemporáneos de todo», explica Beltrán, destacando la diversidad como una de las riquezas del festival. «Algo que siempre nos dice mucho el público cuando sale del Suyana, es que lo lindo es ver la diversidad. Es danza contemporánea, pero es una diversidad desde, qué sé yo, el año pasado teníamos gente que bailaba así un mix entre un contemporáneo medio reggaetón, de ahí ves cosas súper tiradas a un clásico, pero que sigue siendo contemporáneo».
Esta variedad, sumada a la apuesta por la creación de obras específicas para la ocasión, enriquece la experiencia del público. «Siempre les pedimos a todos que lleven cosas creadas para el festival. Nos gusta que sean cosas nuevas».
Nuevas generaciones
Al hablar a las nuevas generaciones de bailarines, Haru Beltrán enfatiza la pasión y el cuidado. «Que lo hagan desde el corazón, por más cliché que suene, que, si realmente esto es lo que aman, que le entreguen vida, alma y corazón, pero sin dejar de cuidar el cuerpo».
En un gesto de responsabilidad, advierte sobre la necesidad de una conciencia más profunda del instrumento fundamental del bailarín. «A estas nuevas generaciones les hace falta a veces un poco la conciencia de cuidar el cuerpo, de saber que el cuerpo no es eterno y que es un santuario. No hay un supermercado de cuerpos donde si uno se rompe la rodilla y puede ir a comprar una nueva».
«No se olviden de hacerlo siempre desde ese lugar muy humano, desde el corazón, dejando el ego de lado y haciéndolo desde el amor, desde lo más sincero que uno puede ser, entregarse con todo», concluye.
El festival Suyana en su quinta edición se realiza este fin de semana, congregando a 13 grupos de danza contemporánea en Teatro Nuna.
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