Rendimos homenaje a quienes con esfuerzo, sabiduría y compromiso protegen los pulmones verdes de nuestra tierra: las y los recolectores, agricultores, artesanas, transformadores y emprendedores rurales de tierras bajas de Bolivia, que trabajan cada día para cuidar y aprovechar de manera sostenible los frutos que la naturaleza nos ofrece.
En un mundo donde la crisis climática y la pérdida de biodiversidad nos desafían, los verdaderos héroes del presente y del futuro son quienes mantienen vivo el bosque, generando un vínculo entre la naturaleza y el bienestar colectivo. Las comunidades indígenas y campesinas que habitan estos territorios, muchas veces invisibilizadas por los mercados convencionales, lideran hoy una transición hacia modelos de emprendedurismo sostenible, a partir de la comprensión que sus bosques en pie valen más que talados.
Diversos frutos del bosque son aprovechados en tierras bajas: en la Amazonía los más representativos, el asaí, la castaña y el copoazú, entre otros; en los Bosques Chiquitanos, el pesoé, totaí, copaibo, motacú y la almendra chiquitana, de cuya transformación son obtenidos artesanalmente aceites, alimentos deshidratados, así como productos cosméticos. Estas iniciativas productivas representan ejemplos vivos de lo que hoy llamamos negocios verdes, que no solo generan ingresos dignos y empoderan a las familias locales, sino que también regeneran ecosistemas, conservan saberes tradicionales y fortalecen la identidad territorial.
La sostenibilidad no es solo un principio ambiental, es un camino de vida que se expresa en cada jornada de trabajo comunitario, en la organización para gestionar los recursos del bosque y en el compromiso de la conservación como un legado para generaciones futuras. Por eso, hoy queremos destacar el papel fundamental de las alianzas entre comunidades, asociaciones, instituciones, universidades y el sector privado; estas alianzas son el motor que permite escalar iniciativas locales, abrir mercados diferenciados y conectar a mujeres y hombres productores, guardianes del bosque, con consumidores conscientes que valoran la trazabilidad, el comercio justo y la conservación de la biodiversidad.
Sabemos que construir modelos económicos regenerativos en contextos de desigualdad, extractivismo y falta de infraestructura no es tarea fácil. También sabemos que el espíritu resiliente de las comunidades chiquitanas y amazónicas ha superado incendios, sequías, inundaciones, pandemias y exclusión. Hoy, gracias a la creatividad local y el fortalecimiento de capacidades comunitarias, vemos con esperanza cómo surgen nuevos modelos de bioeconomía en los que se reinventa la forma de producir, transformar y comercializar, teniendo como base al bosque como aliado.
En este contexto, las nuevas generaciones tienen un rol clave. Jóvenes, hombres y mujeres emprendedoras están liderando iniciativas de transformación de productos no maderables, en este proceso integran organización, innovación tecnológica, redes sociales y estrategias de comunicación para posicionar sus productos en mercados regionales, nacionales e internacionales. Felicitamos y expresamos nuestro profundo respeto a cada persona que, desde su labor cotidiana, teje con sus manos un futuro más justo y sostenible. Su trabajo silencioso es también una forma de resistencia, una expresión de amor por los bosques y esperanza de días mejores para sus familias.
*Es subgerente de Asociatividad y Emprendimientos Sostenibles Fundación Amigos de la Naturaleza





















































































