En los últimos decenios, la presencia de Evo Morales en el espectro político fue un factor predominante para comprender la política boliviana. Quizás, su liderazgo como presidente, y por los cambios estructurales que impulsó desde sus gobiernos, hizo que su imagen alcance una dimensión histórica. En rigor, hasta hoy su imagen, no solamente internamente, sino en el mundo, se erige en un referente inconmensurable.
Al parecer, el factor Evo, a pesar de que su liderazgo sufrió embates en los últimos años, hoy sigue vigente. Eso se demostró hace pocos días. En una sola jornada, el expresidente ocupó la agenda mediática y política a raíz de algunos acontecimientos. En primer lugar, ante la posibilidad que se levante su inhabilitación como postulante presidencial por el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) por un supuesto chantaje de los magistrados prorrogados a la Asamblea Legislativa Plurinacional en busca de ser blindados frente a juicios posteriores. Este rumor, aunque tenía una lógica, posteriormente, fue desmentido por las autoridades judiciales. Luego, vino la decisión de una jueza cruceña que anuló la imputación —operaba como una espada de Damocles sobre el exmandatario— sobre delitos de trata y tráfico de personas. Esta decisión provocó otra remoción en el ámbito político.
Ahora bien, la cercanía del cierre de las inscripciones para las elecciones de agosto hace que las movidas, muchas de ellas desesperadas, como las acciones de los allegados jurídicos del expresidente, son evidentes en un intento, semejante a los últimos alientos de Sísifo, para allanar el camino a Morales hacia una nueva postulación presidencial. Más allá del efecto mediático de estas acciones jurídicas, su efecto concreto quizás es el nudo gordiano. Aunque coyunturalmente se suspendió la orden de aprehensión contra el exmandatario; sin embargo, el otro obstáculo jurídico referido a su habilitación como candidato presidencial sigue vigente. Quizás, aquí estriba el meollo de la cuestión.
El ala evista apuesta a que hasta mediados de mayo se pueda zanjar estas trabas jurídicas para buscar nuevamente la Presidencia de Bolivia. Sin embargo, es una apuesta riesgosa no solamente para Morales, sino para el propio bloque nacional-popular. En la hipótesis de que se deje a estas decisiones jurídicas en las manos de los magistrados prorrogados es como dejar custodiar el queso al ratón. En su afán reeleccionista, Morales está poniendo en vilo no solamente su candidatura, sino todo un proyecto político que, con sus bemoles, ha modificado la situación social de Bolivia.
A pocas semanas del cierre de la candidatura, el ala evista camina por la cornisa esperando un milagro jurídico para que vuelva el expresidente a sus andanzas electorales. Mientras tanto, el tiempo avanza inexorablemente, la incertidumbre cunde y hay el riesgo inminente de que Morales no sea candidato presidencial. Pero, él es portador de un bolsón de votos, o sea: un “voto duro” gravitante para dirimir la correlación electoral en los próximos comicios presidenciales y parlamentarios previstos para el mes de agosto. Ése es el “factor Evo” en el espectro político/electoral boliviano.
Más allá del desgaste de su liderazgo, Morales, para el bloque nacional-popular, es importante y, en consecuencia, exige al exmandatario una responsabilidad política para no desperdiciar ese capital político y no tirar a la wawa al agua. O sea, el exmandatario debe superar sus apetitos personales/políticos: insistir en su candidatura presidencial hasta el último momento, al fin y al cabo, sería fatal no solamente para él, sino para todo el bloque nacional-popular.





















































































