El domingo en la noche el expresidente Tuto Quiroga presentó en la Red UNITEL su programa económico, titulado “Siete propuestas para salvar Bolivia”.
Dijo que el país tiene la necesidad de prestarse 12 mil millones de dólares; eso representa casi un tercio del PIB. Los conseguirá de varios organismos, principalmente del FMI. Lo hará en los primeros cuatro meses de gobierno, prescindiendo de la Asamblea Legislativa. “Hay otros mecanismos”, señaló.
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Para comenzar, nacen las siguientes preguntas: ¿qué otros mecanismos? ¿El Tribunal Constitucional Plurinacional, tal vez? ¿Y la institucionalidad? ¿Y el respeto a la Constitución y al primer poder del Estado? Parece que todo esto solo importa discursivamente, pero no en la práctica.
Sigamos. Quiroga señala que con este “puente de salvataje” pretende resolver rápidamente la carestía de dólares, estabilizar la oferta de los combustibles —que a juicio de Quiroga deben seguir subvencionados, igual que lo creen Luis Arce y otros—, y dar fin a la inestabilidad de precios.
Los préstamos los conseguirá a cambio de someter al país a reformas “urgentes y en todo”. Habla de bajar los impuestos (¿no era acaso que el problema residía en que ciertos sectores no pagan impuestos? El expresidente parece no haberse enterado de que la minería del oro, por ejemplo, paga, cuando lo hace, entre el 2 y el 4% de carga impositiva. ¿No habría que cobrarle impuestos más bien?).
Tuto habla también de la reestructuración del sistema productivo, “liberando a la agroindustria”. ¿Todavía más? ¿Continuará con las escandalosas subvenciones que recibe el agronegocio? ¿A ellos también se les bajará los casi inexistentes impuestos que pagan? ¿No habría mejor que regular a la agroindustria para que no avance a costa del bosque, tal y como la hemos visto hacer las últimas décadas? ¿No se conduele LIBRE de que Santa Cruz haya respirado literalmente cenizas durante meses? Los estudios han señalado con claridad que la responsabilidad de más del 50% de las quemas fue precisamente del agronegocio. Se quemó el 80% del bosque chiquitano. Y Quiroga no se inmuta.
Una propuesta electoral no puede servir solamente para congraciarse con ciertos sectores. Tiene que ser responsable con el futuro del país.
Siguiendo la ruta de las liberalizaciones, Quiroga dijo que los sectores de hidrocarburos y litio correrán la misma suerte: para esto se realizará una reforma constitucional.
¿Qué busca en el fondo? Además de cerrar muchas empresas estatales, quisiera que las empresas estratégicas como YPFB sean capitalizadas; dice que entregará acciones de las mismas a todos los bolivianos mayores de 18 años. Esta propuesta es un refrito del Plan para Todos de Goni Sánchez de Lozada (1993-1997). Podríamos llamarla una “capitalización 2”.
Habría que preguntarle a los que entonces eran mayores de 18 años qué obtuvieron de las acciones que supuestamente estaban a su nombre. La respuesta sería nada. La capitalización fue uno de los mayores fracasos en materia económica del país y condujo a un debilitamiento de la economía nacional, a una corrupción descomunal realizada por los “socios” extranjeros y, definitivamente, su aplicación ocasionó la eclosión del sistema político.
Recuerdo a Tuto Quiroga haciendo referencias burlescas sobre la afirmación que hizo en su momento Evo Morales sobre “convertir a Bolivia en Suiza”. Pues bien, el mundo da vueltas. El domingo Tuto, pagado de sí mismo, dobló la apuesta y señaló de manera enfática que Bolivia se convertirá “en una potencia planetaria”. Lo que esto signifique, dígalo usted.
En estas elecciones, una y otra vez, nos toca escuchar recetas que huelen a naftalina, que no construyen nada, que no entienden al país que quieren transformar; que no entienden, sobre todo, los cambios que el país ha tenido. Estas propuestas no sirven para salir juntos de la situación en la que estamos, más bien gozan de la polarización. Piensan que aplicar “paquetazos” tecnocráticos y en inglés traerá estabilidad. Algo falta en su ecuación, así sea elocuentemente explicada: el pueblo.
(*) Susana Bejarano Auad es politóloga y periodista
















































































