En una entrevista de La Razón sobre el futuro de nuestro proyecto estrella, el litio (13.04.25), puntualizaba entre otras cosas: “Como todo proyecto industrial debiera tener una planificación previa, considerando precisamente factores como el precio, reservas, infraestructura para operar el proyecto en caso favorable, operadores y mano de obra especializada… en la década precedente se armó (rearmó) nuestro proyecto en base a emociones políticas más que a detalle técnico… Este tipo de proyectos, generalmente, tiene un horizonte favorable de precios de alrededor de 15 años para pasar del “boom” a la declinación; en ese periodo debiera haberse considerado concretar contratos con los usuarios finales… No se logró esto y ahora estamos en el periodo de declinación de precios que todavía no ha tocado fondo”. Esto que puede tomarse como ejemplo actual del manejo de nuestros recursos naturales, se replica, por ejemplo, en el caso del Mutún, un elefante blanco que después de 180 años desde que el francés Francis Castenau descubriera la serranía del Mutún-Urucúm, pareciera despertar para producir acero y derivados cuando, en la región, Argentina tiene cuatro plantas que en conjunto tienen una capacidad de producción de 5,5 millones de toneladas anuales (Mta) de acero, 2,5 Mta de hierro de reducción directa (DRI) y 1 Mta de arrabio. Brasil tiene 7 complejos que pueden producir 19 Mta de acero; Perú tiene 2 plantas con una capacidad de 700.000 t/año de acero y podemos seguir. Además, Colombia tiene las mayores reservas de carbón mineral del subcontinente, esencial para la industria del acero (Garzón D. 2014, De oro, plata y estaño. Plural Editores, La Paz, Bolivia, 156, 157 pp.). ¿Cómo competiremos con nuestra planta que producirá 250.000 a 500.000 toneladas anuales de acero y derivados para el mercado interno, esto sin contar los productos de acero de origen chino que inundan los mercados regionales? El desfase de tiempo y energías por las luchas de intereses corporativos por dominar esta industria, nos cobrará la factura más temprano que tarde.
Otro ejemplo es la exploración del oriente del país que llevó a descubrir minerales hoy llamados estratégicos o críticos en un proyecto conjunto del entonces Servicio Geológico de Bolivia y el Institute of Geological Sciences y el British Geological Survey de Inglaterra. Entre 1976 y 1983 se determinaron entre muchos minerales tradicionales y piedras semipreciosas, fosfatos y carbonatos de tierras raras (v.g. monazita y bastnaecita), metales usados en la industria del acero como el niobio, radioactivos como torio y uranio, en el Cerro Manomo; cromo, niobio y tantalio, en Rincón del Tigre, y una nueva provincia estannífera en los campos de pegmatitas de Ascensión de Guarayos y Concepción (Detalles en: Berrangé J. et.al.1982, Sinopsis de la geología y potencial de minerales del área del Proyecto Precámbrico. Informe interno N°21.). ¿Por qué no se siguió la exploración que hoy nos colocaría en posición estratégica para entrar al mercado global? El péndulo letal de intereses políticos nacionalistas y liberales a lo largo de la historia evitó implementar una adecuada política minera que nos hubiera permitido desarrollar éstos y otros potenciales.
La coyuntura en un mundo globalizado (en su acepción de tiempo favorable según la Academia) vale tanto en minería como un yacimiento de alta ley, lo contrario hace que cualquier emprendimiento no tenga el efecto económico que se espera. Aprovechar la coyuntura depende de una visión a largo plazo y de una estrategia adecuada al desarrollo y las tendencias dominantes en los mercados y en los centros de desarrollo tecnológico. ¿Tendremos la suerte en estos tiempos electoreros de que algún aspirante a la silla presidencial pueda referirse al tema e intentar un cambio a nuestra atávica costumbre de dejar las cosas para las calendas griegas? El tiempo dirá qué sucede.





















































































