El 22 de septiembre de 1985, en el majestuoso Hotel Plaza, en Nueva York, se suscribió el acuerdo internacional para devaluar el dólar entre las cinco potencias mundiales o G5 (Alemania Occidental, Francia, Reino Unido, Japón y EEUU), que generaría olas de choques profundos en la economía mundial en los siguientes años.
El 23 de septiembre fue feriado, en Tokio, pero se dio instrucciones a los operadores de mercados que permanecieran en su trabajo. Habría un caos en el mercado de cambios de monedas. En Wall Street la orden fue: ¡vendan todos los dólares ¡La tasa de cambio en un inicio fue 210 yen por USD1. La meta fue una devaluación del dólar 10/15%. Se produjo una sobre reacción del mercado y se dio inicio a un proceso de inestabilidad. Finalmente, en 1987 se estabilizó la tasa de cambio 150 yen por USD1.
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Ese evento se conoció por los acuerdos del Hotel Plaza. La medida fue una respuesta para corregir los déficits comerciales persistentes de EEUU. Desde la década de los sesenta, la economía japonesa demostraba: vigor, innovación y agresividad que tenía sorprendidos a emprendedores y personeros responsables de la política económica estadounidense. EEUU tenía déficits crecientes de balanza de pagos con Japón, que ponía en duda la supremacía industrial de EEUU. Por tanto, la orden de mando fue: ¡Paren a Japón! Ese fue el objetivo final del Acuerdo del Hotel Plaza 1.0
La devaluación del dólar de EEUU no puso fin a los déficits comerciales. En la administración de Reagan (1981-1989), la economía estadounidense absorbió una bebida explosiva: un corte de impuestos e incremento de gastos en defensa. Se esperaba que un corte de tasas impositivas aumentara los ingresos del tesoro.
Además de devaluar el dólar, también EEUU elevó aranceles y estableció controles cuantitativos a la importación de autos japoneses. Al mismo tiempo presionó a Japón que implemente políticas para aumentar el consumo y reducir su alto coeficiente de ahorro e inversión. Desde 1990, Japón disminuyó su tasa de crecimiento económico y vive un largo periodo de estancamiento económico. Por el contrario, en los noventa, EEUU creció su déficit comercial y sigue siendo negativo, aunque de menor magnitud que de la década de los ochenta.
Las intenciones de EEUU sobre la economía China son muy claras y fueron expresadas en un discurso de Scott Bessent, secretario del Tesoro: “China necesita cambiar… Queremos ayudar a que cambie, porque también necesitamos un reequilibrio. China puede comenzar alejando su economía del exceso de capacidad de exportación y apoyando a sus propios consumidores y demanda interna. Tal cambio ayudaría con el reequilibrio global que el mundo necesita desesperadamente”.
En definitiva, EEUU quiere un acuerdo que sea un Hotel Plaza 2.0 y para lograr el equilibrio que “el mundo necesita desesperadamente” China debe transitar por un proceso de estancamiento similar al de Japón, en la década de los ochenta. Pero las condiciones no son las mismas en 2025, que en 1985. En 2025, EEUU optó por un camino diferente y a simple vista más complejo. Instrumenta un sistema primario de aranceles diferenciados por país, que desnuda la falta de lucidez del liderazgo estadounidense. De acuerdo a reputados economistas, China no aceptará de modo alguno un Acuerdo del Hotel Plaza 2.0.
¿Qué lecciones podemos extraer de lo presentado en estas pocas líneas? Primero, los déficits de comercio exterior de EEUU son temas antiguos. Las administraciones de Busch, Obama, Trump y Biden han puesto medidas para protegerse de la competencia extranjera.
Segundo, en relación a la guerra comercial iniciada por el gobierno de Trump, centrada en aranceles, no resolverá los problemas de déficit comercial y es ilusorio que traerá milagrosamente el glorioso pasado industrial a su territorio. Los déficits comerciales estadounidenses se explican por la extrema baja tasa de ahorro frente a su coeficiente de inversión más alto y que financia su déficit comercial con el dólar, que es un medio de pago internacional controlado por EEUU.
Tercera, EEUU trata de resolver su déficit comercial a costa de dañar a otros países. Japón pagó el Acuerdo Plaza 1.0 con estancamiento económico desde 1990. Actualmente, China, Japón y Corea se unen contra los aranceles de EEUU, porque no están dispuestos a pagar los costos para resolver los problemas derivados de los desequilibrios de políticas macroeconómicas norteamericanas.
Lo que estamos viviendo en el presente será registrado en los anales de la historia económica, como un punto de quiebre de transformación y la emergencia de una multipolaridad de poderes mundiales.
(*) Jaime Jordán Costantini es doctor en Economía y docente universitario















































































